Monedas, insultos y desalojo (vídeo): el pleno de Lugo estalla antes de la moción de censura que dará la Alcaldía al PP

El salón de plenos del Concello de Lugo fue escenario este jueves de una sesión convulsa que tuvo que interrumpirse tras el lanzamiento de monedas contra la concejala tránsfuga María Reigosa, insultos a los ediles populares y el desalojo forzoso del público. La moción de censura del 7 de mayo ya tiene su prólogo.


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La concejala tránsfuga del PSOE, María Reigosa (i), durante el último pleno ordinario en Lugo antes de la moción de censura el próximo 7 de mayo, en el Ayuntamiento de Lugo.
La concejala tránsfuga del PSOE, María Reigosa (i), durante el último pleno ordinario en Lugo antes de la moción de censura el próximo 7 de mayo, en el Ayuntamiento de Lugo.

 

Más de mil personas se concentraron este jueves ante el Concello de Lugo en la segunda protesta organizada por la plataforma «Transfuguismo non, democracia si» antes de que comenzase el pleno ordinario de abril. La movilización, convocada en la Praza Maior, anticipaba el clima que se viviría minutos después en el interior del consistorio: cargado, hostil y, a ratos, incontrolable.

 

La sesión había sido convocada para las cinco de la tarde —y no en su horario habitual de mañana—, con el argumento oficial de que por la mañana estaba prevista una actividad de la Guardia Real en colaboración con la Subdelegación del Ministerio de Defensa. Sin embargo, la justificación quedó en entredicho cuando resultó que ese acto se limitó a una rueda de prensa. Todo apunta a que el cambio de horario buscaba facilitar la asistencia masiva de ciudadanos a la concentración previa.

 

Cuando se abrieron las puertas del consistorio, decenas de vecinos accederon al salón de plenos. La entrada de los concejales del PP, acompañados de la exconcejala socialista María Reigosa, desató una lluvia de insultos: «tránsfuga», «senvergoña», «traidora» y «carroñeros» resonaban entre el ruido de los silbatos distribuidos por la Federación Vecinal Lucus Augusti. El contraste con la entrada del equipo de gobierno saliente —recibido entre aplausos— no podía ser más elocuente.

 

 

Los momentos de mayor tensión llegaron cuando varios ciudadanos se encararon directamente con Reigosa. Alguien le lanzó monedas desde la bancada del público, lo que provocó que el alcalde, Miguel Fernández, solicitase a la Policía Local que protegiese a la exconcejala del PSOE. Según fuentes presentes en la sala, Reigosa disponía también de un agente de seguridad privado propio preparado para intervenir.

 

La portavoz del PP, Elena Candia, tomó la palabra en medio de un estruendo que hacía prácticamente imposible seguir el acto. Integrantes de la plataforma vecinal Lucus Augusti permanecieron de pie desplegando una pancarta que equiparaba a Reigosa con «Judas vendeuse por 30 moedas». La exconcejala, en su turno, pidió cerrar las ventanas para amortiguar el clamor exterior, lo que encendió aún más a los presentes.

 

 

Ante la imposibilidad de continuar, el alcalde Miguel Fernández ordenó el desalojo del salón, pero la medida no calmó los ánimos, sino que los avivó. Luis Abel, de la Federación Vecinal, fue el primero en ser expulsado; antes de salir, varios asistentes dejaron céntimos sobre la mesa de Reigosa en alusión directa a la pancarta de «30 moedas». El presidente de la Federación, Jesús Vázquez, se encaró cara a cara con la exconcejala llamándola «traidora» con una intensidad que escandalizó a varios de los presentes. El concejal del PP Antonio Ameijide protestó por el espectáculo y reclamó al alcalde que impusiese orden.

 

Una vez desalojada la sala, el pleno pudo retomarse, aunque de forma intermitente y con constantes interrupciones procedentes del exterior. La ironía del momento: cuando estalló el caos más sonoro, el punto del orden del día que se debatía era la declaración de la Semana Santa de Lugo como fiesta de interés turístico.

 

El 7 de mayo, fecha clave

Esta sesión no es más que el prólogo de lo que está por venir. El próximo 7 de mayo, Reigosa sumará su voto al de los doce concejales del PP para sacar adelante la moción de censura contra Miguel Fernández y elevar a Elena Candia a la Alcaldía, a apenas trece meses de las próximas elecciones municipales. Con el ambiente que se vivió este jueves en la Praza Maior y en el salón de plenos, resulta difícil imaginar que la crispación vaya a rebajarse en los próximos días, ni en los próximos meses. 

 

Por qué se presenta la moción y qué argumenta cada parte

 

La moción de censura que el Partido Popular y la concejala María Reigosa presentaron contra el alcalde socialista Miguel Fernández tiene su origen formal en un argumento de gestión: el PP alega que el actual gobierno local ha demostrado una incapacidad reiterada para gobernar con mayorías suficientes y que la ciudad lleva meses bloqueada en asuntos de calado, desde los presupuestos municipales hasta proyectos de infraestructuras. Elena Candia, candidata a la Alcaldía, ha insistido en que Lugo necesita un gobierno estable que pueda llegar a acuerdos y sacar adelante una agenda real para la ciudad, algo que, a su juicio, el actual equipo de gobierno ha sido incapaz de garantizar.

 

Reigosa, por su parte, ha justificado su posición señalando que su decisión responde a una valoración personal de lo que considera mejor para Lugo, al margen de disciplinas de partido. La exconcejala, que fue elegida en las listas del PSdeG, argumenta que su deber como representante pública es priorizar el interés general frente a la lealtad orgánica. Ha rechazado sistemáticamente las acusaciones de transfuguismo en sentido estricto, aduciendo que no hay acuerdo económico de por medio y que actúa en el ejercicio legítimo de su mandato representativo.

 

Sin embargo, la oposición —encabezada por el propio alcalde Fernández y el PSdeG-PSOE— rechaza de plano esa lectura. Para los socialistas, la moción no es más que una maniobra oportunista del PP para hacerse con el poder municipal a poco más de un año de las elecciones, sin pasar por las urnas. Fernández ha denunciado en repetidas ocasiones que el proceso vulnera la voluntad de los ciudadanos que en 2023 respaldaron una mayoría progresista en el consistorio lucense. El alcalde ha apelado a la legitimidad democrática del resultado electoral y ha pedido que sea la ciudadanía, y no un pacto de despacho, quien decida el futuro del gobierno local.

 

El BNG, también en la oposición al gobierno saliente pero contrario a la moción, ha mantenido una posición crítica tanto con el PP como con Reigosa, a la que considera una pieza clave en lo que califica de asalto institucional. Los nacionalistas han pedido responsabilidades y han advertido de que este tipo de operaciones erosionan la confianza ciudadana en las instituciones. Desde otras fuerzas y desde las plataformas vecinales movilizadas, el argumento central es similar: la moción de censura no es una herramienta pensada para este uso, sino para situaciones de grave incumplimiento o corrupción, y utilizarla en un contexto de simple aritmética parlamentaria supone una distorsión de la democracia representativa. Esa es, en el fondo, la chispa que prendió la mecha en las calles de Lugo.

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