¿Cómo afecta esta racha de borrascas a nuestra salud mental? Diego Antelo, psicólogo: "Hay que forzarse a salir"
El psicólogo sanitario, miembro del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia y gerente de Étika Salud Mental, Diego Antelo Guerra, abre su consulta a Galiciapress para explicar cómo el clima está estrechamente relacionado con nuestro humor y nuestra estabilidad emocional. Los días grises afectan de manera directa a nuestra salud mental y hay mecanísmos para intentar sobreponerse a estos episodios continuados de mal tiempo, un factor más a meter en el saco de condicionantes: "Si el tiempo no ayuda, tenemos algo más que nos puede deprimir y amargar".
“Mañana también va a llover. ¡Qué depresión!”. Esta, que podría sonar a frase hecha, es una realidad en Galicia, donde en lo que va de 2026 apenas hemos disfrutado de un par de días de sol en una comunidad dominada por los cielos grises. Galicia está cumpliendo con todos los estereotipos, incluso por encima de lo normal: solo en enero llovió un 98% más de lo que suele ser habitual, según las estadísticas de MeteoGalicia. Y si miramos la predicción del tiempo, no va a mejor: lluvia para el martes, el miércoles, el jueves…y así toda la semana. Las borrascas con nombre y apellidos se agolpan mientras la mayoría nos vemos recluidos en el confort de nuestros hogares, cuando no tenemos que luchar contra los elementos para llegar a clase o al trabajo. Este goteo constante nos puede pasar factura y a algunos ya les ha hecho mella. Porque detrás de estas tormentas hay unos nubarrones negros que se ciernen sobre la salud mental de muchos.
"TODOS NOS METEMOS EN LA CUEVA CON NUESTROS GRISES"
Hoy es Marta la que ocupa los titulares, pero antes de ella llegaron Ingrid, Joseph, Goretti o Leonardo. “¡Se van a acabar los nombres!”, comenta el psicólogo sanitario Diego Antelo Guerra, miembro del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia y gerente de Étika Salud Mental, a donde muchos usuarios acuden en busca de herramientas para sobrellevar estos días en los que “podemos salir menos y tenemos menos actividades al aire libre”.
“Todo esto está vinculado a un estado de aburrimiento: días grises de lluvia, frío, tener que estar mojados, con sensación de angustia, nerviosismo o, incluso, notar falta de vitalidad”, detalla Antelo, que lo relaciona directamente con una menor exposición a la luz natural y a la sensación de que “nuestro propio cerebro parece que se vaya apagando, lo que tiene un impacto importante sobre nuestro funcionamiento químico del cerebro”.
No es, por tanto, una impresión, sino que el no tener tanta vida fuera del hogar, sin quedadas de amigos, sin poder practicar deporte al aire libre, puede provocar episodios de mayor estrés, pues incluso la convivencia “puede hacer que se originen más discusiones o desacuerdos”. “Todos nos metemos en la cueva y nos metemos en nuestros grises, en las cosas que van mal”, explican desde el COPG.
Esa ausencia de “propuesta de ocio y tiempo libre” está estrechamente ligado con un término que en psicología se conoce como ‘Trastorno Afectivo Estacional’ y que experimentan algunas personas en los meses de otoño e invierno, cuando el clima es más frío y lluvioso y las horas de luz son menos.
“Por costumbre, en el diálogo social hablamos del tiempo como variable de afectación, pero los problemas de salud mental tienen la influencia de muchas variables, si bien en el estado de ánimo nos puede ayudar el mantenernos activos, salir, movernos, fomentar una alimentación equilibrada… Pero en invierno no nos apetece tomarnos una ensalada fresquita o un batido de frutas y preferimos algo más contundente. Todo es una suma de factores y, si el tiempo no ayuda, tenemos algo más que nos puede deprimir y amargar”, razona Antelo.

Desde su clínica confirman la tesis de que, en otoño e invierno, aunque durante todo el año “son muchas las razones y los motivos por los que tenemos demandas”, sí se registra un ligero repunte de las consultas, ya no solo por el clima, sino por otros factores. No obstante, esto coincide con otra teoría extendida como la de que en los países nórdicos se da una tasa de suicidios más elevada que en países mediterráneos, por ejemplo, por la cantidad de horas de luz que reciben.
“Está claro que el clima hace que la gente interactúe menos”, simplifica Antelo, que, no obstante, puntualiza que, si bien en países como Rusia, Noruega, Finlandia o Suecia se da “una alta incidencia de depresiones”, hay que tener en cuenta otros muchos factores, que van desde el consumo extendido del alcohol o el hecho de que “la suya sea una cultura más vinculada al esfuerzo, al trabajo, y menos al ocio y al tiempo para relacionarse”.
¿ESTAMOS LOS GALLEGOS CURADOS EN SALUD?
Tampoco hace falta irse al círculo polar para constar el efecto del mal tiempo sobre las personas. El ejemplo más inmediato lo encontramos esta semana en el sur de España, donde las precipitaciones dejaron inundaciones considerables en punto de Huelva, Granada o Sevilla, donde tal vez no están tan acostumbrados a las lluvias copiosas como en Galicia. Así, la gente de fuera que reside en Galicia puede sufrir todavía más las consecuencias de la persistencia de las borrascas por una cuestión tan sencilla como la “falta de costumbre” en una circunstancia sobre la que los gallegos ya estamos habituados.
“Santiago, por ejemplo, es una de las ciudades con más pluviometría a nivel nacional y para la gente de fuera puede resultar un contraste. El ritmo de vida de otros lugares es distinto y al llegar aquí hay que adaptarse y desarrollarnos en modalidad indoor, por así decirlo”, expone.
En ese sentido, y si bien la urgencia no es comparable, Antelo sí establece similitudes con la pandemia, al pensar en todas esas personas que pueden verse recluidas en su hogar por culpa del mal tiempo, ya sean personas con patologías previas o personas mayores, más reacias a “mojarse”.
“Todos los factores de predisposición al estrés pues atacan primero a las personas vulnerables. Las personas que tienen una patología mental o relacionada con la necesidad de desestresarse, población mayor, niños con alguna dificultad, personas que a lo mejor físicamente necesiten moverse más porque les obliga su problema de salud, incluso gente con problemas articulares o reumáticos. Con este clima pueden empeorar en lo anímico y por moverse menos, por el frío y la humedad, factores que provocan molestias y dolores”, razona, considerando que estos episodios pueden traer a la mente de muchos las vivencias durante la pandemia.
Antelo insiste en que, incluso con mal tiempo, “hay que anima a la gente a intentar forzarse, ponerse las botas y el chubasquero, e intentar salir a fuera igual”, siempre y cuando la situación no sea peligrosa o las autoridades recomienden lo contrario, como en casos de alerta roja por temporal.
"CUALQUIER INVERSIÓN RESULTA UN REFUERZO POSITIVO"
Tampoco el efecto es igual sobre personas jóvenes que sobre adultos. El nuevo Plan de Saúde Mental de la Xunta de Galicia propone poner a la infancia y la adolescencia en el foco de la atención, una propuesta que ven con muy buenos ojos desde el COPG, donde manifiestan que esos son “dos focos prioritarios”. Antelo propone que la atención a los más jóvenes se desarrolle “a través de programas comunitarios” y en los colegios, con proyectos educativos en los que “se invite a los niños a tener más contacto con la naturaleza, a actividades que los liberen del estrés e intentar llevar la vida a una elevación de la calidad de vida teniendo en cuenta lo psicológico, añadiendo formación a las familias para detectar a tiempo posibles problemas de salud mental”.
Así, estima que tanto los centros educativos como la red Atención Primaria y los colegios pueden jugar un papel clave tanto en la prevención como en la detección de problemas de salud mental. En todo caso, en lo relativo a la financiación, Antela subraya que, cuando se habla de salud mental, “cualquier inversión, mayor o menor, siempre resulta un refuerzo positivo y acabará premiándose sobre la calidad de vida de las personas”.
“Todo en la vida tiene un coste. La atención en la salud mental no debería ser barata ni cara, tiene que ser accesible y costearse con el valor que tiene. Lo que no puede ser es un coste añadido, debería ser un derecho al que tenemos que poder acceder todos y la administración, por supuesto, tendría que preocuparse mucho más por respaldarla”, enfatiza Antelo, a la vez que apostilla que existen otras dificultades, como la falta de profesionales o la ausencia de una perspectiva más amplia a la hora de integrar el valor de la atención psicológica en muchos proyectos donde las personas “tienen que tener un soporte, tienen que tener un apoyo y, a veces, tienen que tener un apoyo no solo de un profesional, sino de una estrategia en la que la parte de cuidado de nuestra vida mental esté presente”.
Por fortuna, cada vez más empresas e instituciones tienen esto en cuenta, como modelos como el del equipo de trabajo den Antelo, donde cuentan con ese “servicio de prevención”, que “debería ser norma y de obligatorio cumplimiento”: “Mientras no nos tomemos verdaderamente en serio que la prevención es como se atacan los problemas de salud mental, por mucho que hagamos posteriormente, van a ser o parches o insuficiente”.
VOLVER AL LAVADERO
A renglón seguido, existen señales de alerta que deberían ayudarnos a la hora de detectar que alguien necesita ayuda o enfrenta una situación complicada. Cambios bruscos en el ánimo, aislamiento repentino o cambios en las rutinas diarias (más desaliñado, descuidar la higiene, etc.) y un comportamiento más huraño pueden ser las primeras señales de advertencia.
“Si una persona que antes atendía al teléfono ya no lo coge, si percibimos cambios en el comportamiento que nos resultan extrañas, si se expresa desde la ira, con agresividad, si dejan de hablar, de comunicarse…son indicios de que algo pasa y de que esa persona empieza hermetizarse. Son signos que tenemos que atender de verdad”, recalca.
Por eso, es fundamental, además de animarse a salir de casa pese a la tormenta, contar con una “rede de apoyo”. “Hay que volver a los lavaderos del río”, sintetiza Antelo, una manera de decir que es necesario socializar y “buscar motivos para salir de casa y juntarnos con la gente que nos apetece”. “Con internet la comunicación va a través del teléfono. La red de apoyo es menor y el contacto se vuelve digital, menos analógico. Es importante tener cosas que hacer y romper con la soledad, algo que es difícil, pero si lo hacemos juntos llueve más a gusto”. Nunca llovió que no escaparse y que, más pronto o más tarde, acabará saliendo el sol. Y, si no, siempre podemos cantar bajo la lluvia.
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