Los gallegos buscan el freno de mano pero que se quedan enganchados al móvil
La comunidad autónoma gallega es uno de los territorios del Estado donde la población manifiesta una mayor urgencia por recuperar el control sobre sus horas. Según revelan los datos obtenidos en el reciente II Estudio Milkfulness, una investigación promovida por la firma láctea Celta en colaboración con la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS), la sensación de asfixia vital es una realidad mayoritaria en nuestro territorio. El informe detalla que el 81% de los ciudadanos de la región admite que le resulta una necesidad urgente de desacelerar su ritmo de vida cotidiano, mientras que un abrumador 84% desearía contar con mejores herramientas para equilibrar sus obligaciones y su vida privada.
Este deseo de pausa no es un fenómeno aislado de las Rías Baixas o el interior de Lugo, sino que se enmarca en una tendencia estatal donde el 83% de los españoles busca una existencia más sosegada, aunque a menudo se encuentra sin un mapa claro para alcanzarla. En el caso específico de Galicia, la presión en el entorno profesional es un factor determinante, ya que siete de cada diez trabajadores perciben que su volumen de tareas laborales es excesivo. Esta sobrecarga se traduce en una nostalgia por el hogar como espacio de ocio: el 75% de los gallegos confiesa que echa de menos la posibilidad de organizar actividades relajadas en su propia casa, un dato que evidencia el actual desajuste entre las exigencias del mercado y el bienestar emocional.
Esta realidad conecta directamente con las tendencias del mercado de trabajo para este 2026, donde la flexibilidad ya no se percibe como una concesión graciosa de la empresa, sino como un elemento esencial para la supervivencia del negocio. Estudios recientes del sector de recursos humanos, como el Employer Brand Research, ya advertían que casi la mitad de los profesionales en España estaría dispuesta a abandonar su puesto si no logra una conciliación laboral y personal satisfactoria. En Galicia, esa pulsión por el equilibrio parece haber calado hondo, situando a la autonomía horaria por encima de las mejoras salariales tradicionales en la escala de prioridades de muchos sectores.
La esclavitud del móbil
Sin embargo, el obstáculo para la paz mental no reside únicamente en la oficina, sino que se esconde en el bolsillo de cada ciudadano. La investigación pone el foco en Galicia como una de las comunidades más expuestas a la hiperconectividad, un fenómeno que complica cualquier intento de relajación real. La dependencia tecnológica permanente es tan acusada que el 91% de los gallegos admite dar media vuelta para recuperar su teléfono si se lo olvida en casa, una cifra superior a la media nacional que demuestra que el smartphone se ha convertido en una extensión indispensable, y a veces tóxica, de la identidad cotidiana.
Esta dificultad para apagar el mundo digital se infiltra incluso en los espacios más íntimos, como es el momento de la primera comida del día. El 43% de la población de la comunidad reconoce que desayuna con prisas y con la mirada clavada en la pantalla del móvil. Este hábito, que Fernando Pena, presidente de AEPSIS, califica como una fuente de cansancio emocional, impide que un momento teóricamente calmado sirva para la desconexión digital necesaria para afrontar el día con salud mental.
El impacto de este estrés crónico llega de manera inevitable al plato. Existe un consenso casi total en Galicia sobre lo que significa alimentarse bien: el 94% de los encuestados afirma que una dieta sana es imposible sin dedicarle el tiempo suficiente y evitar las urgencias. No obstante, la brecha entre la teoría y la práctica es enorme debido a la presión ambiental. El 76% de los gallegos reconoce que, bajo situaciones de tensión, acaba por priorizar la inmediatez sobre la nutrición, consumiendo productos poco saludables simplemente porque son los primeros que tienen a mano en momentos de ansiedad.
Hacia un nuevo modelo de bienestar psicológico
Desde el ámbito de la psicología sanitaria, el análisis de estos comportamientos revela una sociedad sobreestimulada pero que paradójicamente se siente más sola y desconectada de sí misma que nunca. Fernando Pena destaca que la búsqueda de la calma y la práctica de la atención plena están dejando de ser opciones individuales para convertirse en una prioridad para la salud pública.
El experto sostiene que cada aviso o mensaje en el móvil genera pequeños impactos de dopamina que, de forma sostenida, erosionan la capacidad de concentración de los gallegos y aumentan el agotamiento psicológico colectivo.
Fernando Pena: “Vivimos nunha sociedade na que a sobreexposición tecnolóxica e a falta de tempo afectan directamente ao benestar emocional. A calma e a atención plena están a converterse nunha necesidade colectiva, e momentos cotiáns como o almorzo poden ser unha oportunidade real para reconectar cun mesmo”
Esta situación se produce en un contexto legal donde, aunque España reconoce el derecho a la desconexión desde 2018, su implementación práctica sigue siendo una asignatura pendiente en la mayoría de las organizaciones gallegas. Para el año 2026, las empresas que lideran el sector están empezando a entender que la eficiencia no se mide en horas de presencia, sino en resultados obtenidos con equipos saludables.
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