¿Es Galicia un país conservador?

Manoel Barbeitos
Economista

La sabiduría popular tiende a explicar los larguísimos períodos de gobierno de las derechas en Galicia –“una larga noche de piedra”-, unos de los mas largos de España y posiblemente de Europa, como lógico resultado de la mentalidad conservadora de la mayoría de los/las gallegos/las. La verdad es que sí en 37 años de autonomía –las primeras elecciones autonómicas se celebraron el 20 de octubre de 1981- las derechas gallegas (UCD/AP) gobernaron 29 años y lo hicieron casi siempre con mayorías absolutas resulta comprensible que esté ampliamente extendida esa idea del carácter mayoritariamente conservador de la sociedad gallega.


En defensa de esta creencia se utilizan diferentes argumentos que van desde factores estructurales de la sociedad gallega –elevado peso del rural, dispersión de la población, envejecimiento poblacional- que facilitarían un mayor control del voto (el “voto cautivo”) por parte de las derechas gallegas, hasta ideológico/culturales –el fuerte peso de la iglesia católica en la vida y costumbres de muchas familias gallegas- que potenciarían la ideología conservadora.


Hay también otro argumento, que personalmente sí considero relevante, relacionado este con la ley electoral gallega y, mas en concreto, con el reparto de escaños a nivel provincial. Uno reparto que prima las provincias del interior (Lugo, Ourense) en perjuicio de las mas occidentales (A Coruña, Pontevedra) y que, como veremos, no es muy democrático que digamos. Los 75 diputados de que se compone el Parlamento gallego, 25 corresponden la provincia de A Coruña, 14 la de Lugo, otros 14 la de Ourense y 22 la de Pontevedra. Sí comparamos el número de diputados con el censo provincial comprobamos como el balance está claramente segado a favor de las provincias del interior: 45.148 censados por 1 diputado en A Coruña, 24.209 en Lugo, 22.767 en Ourense y 43.105 en Pontevedra. El peso conjunto de los diputados de Lugo y Ourense (28) en el global del Parlamento de Galicia (75) es muy superior (37%) su participación en el conjunto censal (24%). Uno sego que implica una situación escasamente democrática: en Galicia no todos los votos son iguales. Uno sego que tiene claramente consecuencias políticas y, por caso, la provincia de Ourense es un caso paradigmático no sólo en Galicia sino incluso en España.


Siendo ciertas e importantes estas evidencias no son suficientes para explicar el largo dominio conservador. En el análisis de este fenómeno hay que ir mas allá para así entender mejor lo por que Galicia “es diferente”, aunque no tanto como dicen muchos y quieren justificarse algunos. Un análisis mas política de la realidad gallega.


Empecemos  por caso con la participación electoral, dato que nos puede mostrar el grado de participación/implicación del electorado gallego y el peso real de los distintos bloques derechas/izquierdas. Analizando todas las contiendas electorales autonómicas habidas desde las primeras de 1981 vemos como la participación electoral de los gallegos nunca superó el 65% del censo (la mas elevada fue del 64,4% en las elecciones de 1 de marzo del 2009) un porcentaje que subraya como un tercio del electorado gallego no suele ir a votar. Hay que comparar este resultado con el promedio español en las elecciones generales (casi siempre superior al 70%), el promedio en las elecciones autonómicas catalanes (siempre por encima del 75%) y vascas (65%). Dada la solidez del voto conservador en Galicia no resulta arriesgado subrayar que esta abstención perjudica, como sucede en el País Vasco, más a las izquierdas que a las derechas. He ahí un dato a tener muy en cuenta: la (baja) participación electoral condiciona, y mucho, el resultado en Galicia perjudicando especialmente las izquierdas.




Fragafeijoo


Unas izquierdas que durante mucho tiempo estuvieron organizadas en torno a dos partidos clásicos en Galicia: PSOE y BNG. Dos partidos que se reclaman de los espacios socialdemócrata español y comunismo gallego: no hay ninguna intención peyorativa en esta cubicación sino que responde la suyas señales de identidad política. Unos partidos que excepto en las elecciones del año 2005 nunca fueron quien de superar en conjunto las derechas en votos y en diputados. En aquel año consiguieron su mayor número de votos (860.000) superando así claramente las derechas (756.000). Votos que les permitieron obtener una representación de 38 escaños (25 PSOE y 13 BNG) frente a los 37 de las derechas (PP). Año este que vio a continuación del desastre del Prestige (2002), con una gestión calamitosa del Partido Popular, y en el que además lo deterioro físico de Manuel Fraga era más que evidente. Fenómenos los dos que influyeron decisivamente, sin género de dudas, en el resultado final así como el hecho, posiblemente derivado de los factores citados anteriormente, de ser uno de los años con la participación electoral mas alta (64,2%). Dato este último que confirma el señalado anteriormente sobre la necesidad de una alta participación electoral para una victoria de las izquierdas. Condición necesaria sí, pero no suficiente.


Ese año (2005) el Partido de los Socialistas de Galicia (PSOE) obtuvo el mayor número de votos de su historia (555.600) sin que fuesen menos importantes los votos del Bloque Nacionalista Gallego (312.000). Destacar que el Partido Popular obtuvo un número de votos nada desprezable habida cuenta los precedentes (756.500: 45,23%). Unos votos ligeramente superiores le servirían para recuperar el gobierno en las elecciones siguientes (2009: 789.500 votos) a pesar de que las izquierdas rozaron su mayor cifra de siempre (en torno a los 800.000) con una participación del 64,4%.


En términos porcentuales, sobre el censo electoral de Galicia, los resultados conseguidos por las derechas en todos los años de autonomía, a pesar de sus abultadas mayorías, nunca llegaron al 33,3% (un tercio) del censo electoral (el tope estuvo en el 32% el año 1997 en la tercera investidura de M. Fraga). Dato que, cuando menos, ponen en entredicho la afirmación de que Galicia sea un país conservador. Sin embargolos distintos resultados sí confirman la superior fidelidad de los votos de las derechas, concentrados desde hace décadas en el Partido Popular.


En la otra orilla los resultados conseguidos por las izquierdas (ata el año 2016, en que aparece En Marea, centradas casi exclusivamente en el PSdG-PSOE y en el BNG) señalan que cuando no se dan circunstancias excepcionales (por caso, las ya citadas del declive físico de M. Fraga y la indignación levantada con la gestión del desastre del Prestige) a aquellas les resulta extremadamente difícil superar con sus votos el 30% del censo electoral. He ahí un dato revelador: el largo dominio conservador en Galicia está directamente relacionado con la incapacidad de las izquierdas de superar globalmente el 30% del censo electoral.


Una incapacidad que, por parte de quien esto escribe, relaciono con las limitaciones que ofrece la izquierda gallega sí se apoya exclusivamente en el PSdG-PSOE y en el BNG: el gran fracaso del gobierno bipartito PSOE/BNG (2005-2009), incapaz tanto de llevar adelante uno auténtica política de cambio como de superar las lógicas diferencias y evitar así las luchas fraticidas fue una muestra definitiva de esas limitaciones. En un artículo posterior explicaré las razones que me llevan a hacer esta afirmación y, por tanto, a apostar por una vía alternativa antisistémica en las izquierdas –ni socialdemócrata ni comunista, ni nacionalista ni españolista- tal que permita conseguir una mayoría social de cambio. Vía alternativa que, como estamos viendo, resulta extremadamente difícil de consolidar. Cuido que fue Bertolt Brecht quien dijo algo así como que “la izquierda siempre finaliza por arrancar la derrota de las fauces de la victoria”.

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