No le demos más vueltas: el ataque de los Estados Unidos a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro es un crimen de guerra. Un nuevo atentado de la Administración Trump y sus oligarcas al derecho internacional y a la convivencia pacífica entre los pueblos. Un nuevo atentado que confirma cómo la administración republicana intenta, apoyándose en su poder militar, establecer una nueva orden mundial en el que ellos seguirían marcando las reglas para todos.
Unas reglas que en el caso de Latinoamérica implican volver a la doctrina Monroe de “América para los americanos”, que es como decir para los Estados Unidos. Porque, contra lo que se puede pensar, la razón principal de esta criminal acción militar estadounidense no es lograr el control del petróleo venezolano, sino la de frenar el avance chino -y ruso- en Latinoamérica convirtiendo a esta región en su patio trasero. En las últimas décadas, el comercio y las inversiones chinas en Latinoamérica se han multiplicado exponencialmente, con gastos millonarios en infraestructuras, energía y comercio, ofreciéndole así China a estos países una alternativa distinta a la dependencia secular de los Estados Unidos y Europa.
La administración Trump, y los oligarcas que lo apoyan, son conscientes del declive de los Estados Unidos como imperio. Que la batalla industrial y comercial con China la tienen perdida, que la posición del dólar como única divisa internacional también corre serio peligro, por lo que la mayor -y prácticamente única- arma que tiene los Estados Unidos para impedir este avance chino y mantener su liderazgo, es su enorme potencial militar con el que intentan y seguirán intentando frenar el aparentemente imparable avance chino en los mercados mundiales “quitándole” el mayor número posible de aliados comerciales. En este caso Venezuela.
¿Qué va a pasar ahora? Difícil predecirlo porque ni Venezuela es Irak ni Latinoamérica es Oriente Medio. En primer lugar, está por ver cuál será la reacción de un pueblo venezolano que si con Nicolás Maduro estaba dividido, ahora seguramente lo estará más y más radicalizado, por lo que el riesgo de una guerra civil no es descartable. Pero el impacto llegará a toda Latinoamérica cuyos gobiernos se verán obligados a tomar partido, lo que hará aún más inestable una región ya de por sí muy golpeada por múltiples factores desestabilizadores. También Europa, la Unión Europea -a la que Donald Trump desprecia y prácticamente ignora- sufrirá el impacto. ¿Cómo va aquella afrontar ahora, en esta nueva situación, la invasión rusa de Ucrania? La guerra en este país puso en evidencia que la Unión Europea por sí sola no está en condiciones de hacerle frente a Rusia, que precisa del apoyo logístico y armamentístico de la OTAN que es lo mismo que decir de los Estados Unidos quien, ahora, como resulta previsible, le va a exigir que apoye su acción terrorista en Venezuela. En este caso, ¿seguirá la Unión Europea “besándole el culo” a Donald Trump como este había presumido en su día? Todo es posible.
Pero lo que es cierto es que el pueblo venezolano va a sufrir en primera fila las consecuencias de este nuevo crimen de guerra de Donald Trump y sus oligarcas para quien la paz y la convivencia pacífica no están en su agenda.
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