​El iluminado y su amante

José Luis Fernández Carnicero



Nacido en Ourense en 1967. Estudou Maxisterio por Ciencias,especialista en Música. Licenciado en Ciencias Matemáticas especialidade de Estadística e Investigación Operativa na UNED.Postgrado de Experto Universitario en Modelización de Riscos en Entidades Financieiras.


Escrebo en varios diarios de Galiza, nalgúns co pseudónimo de José Luis Fernández Carnicero.

Mestre de Educación Musical no C.E.I.P. Calvo Sotelo (Carballiño).

Membro da Sociedade cultural: O Liceo de Ourense.

Membro do Consello Escolar de Galiza e do Consello Escolar Municipal de Ourense.


La aparición de partidos de extrema derecha y extrema izquierda en Europa son motivo de nuestra preocupación y análisis. En oposicion a Jacques Derridá y su obra “La retirada de la metáfora” emplearé este recurso para intentar demostrar que cualquiera puede verse involucrado tales partidos, bien votando, bien militando o simplemente simpatizando, cuando el fracaso de los que gobiernan, genera un panorama de incertidumbre. El oír lo que nos gusta que nos digan, o que nos prometan lo imposible, parece ser un buen caldo de cultivo para los que creen poder solucionar los problemas de otro modo más eficaz. Por eso, este artículo no piensa en nadie en concreto ya que el que se vea autorretratado, es posible que se haya convertido en uno de esos iluminados de los que ahora les cuento, y en todo caso el poder de la imaginación del lector es infinitamente más amplio que lo que desde esta columna les pueda sugerir.


El oír lo que nos gusta que nos digan, o que nos prometan lo imposible, parece ser un buen caldo de cultivo para los que creen poder solucionar los problemas de otro modo más eficaz.


Así, al aproximarnos a los meses de más luz y calor, me viene a la mente la historia del mitológico dios de la luz, Apolo, que como excelente arquero, logró acabar con la vida de la terrible serpiente Pitón. Las gentes, en principio, se sintieron aliviadas de tal azote, pero el problema surgió cuando Apolo abrazó su orgullo apasionadamente. El dios de la luz y la música se había envanecido. Esto nos lleva a los que podemos denominar “iluminados” pues siempre han existido, correteando y rodeando este mundo que no para de dar vueltas. Son aquellos que creen saber arreglarlo todo, sin embargo no poseen la capacidad de trabajo que se requiere para obtener los puestos de responsabilidad que ocupan, con todo, tienen buena educación y gozan de buena salud para esperar pacientemente los tiempos oportunos que traen los acontecimientos y vientos más favorables. Por lo general, estos iluminados, nada tienen que ver con los illuminati” del siglo XVIII, siendo por el contrario “espabiladillos” que se hacen rodear de gente competente, para obtener sin esfuerzo, sus metas y fines espurios. Y no deja de sorprender que los movimientos de aquellos que se arrimaron siempre al poder, carentes de ideologías, esclavos del servilismo, anulándose como personas bajo una fachada con hálito de amabilidad, sigan teniendo el éxito de siempre.


Delante de cada uno de ellos, a la cabeza, va su amante incondicional, en forma de persona, partido o asociación de acólitos. La manipulación es su discurso innato, el cual anteponen a cualquier gesto de amistad, compañerismo o empatía previa. Lo importante es dejar bien alto el pabellón y buscar una continuidad en el cargo, fuese como fuese. ¿Cómo podemos identificar a los iluminados y a sus amantes en nuestra sociedad?. Dentro de la complejidad, existen medios efectivos para su localización. Todos los identificados con Apolo, ya forman parte de este relato y sus protagonistas pensarán con ingenuidad que hablamos puntualmente de ellos. Pero nada más lejos de la realidad. Apolo, al haberse burlado de Eros, le alcanzó una flecha de oro con cabeza de diamante y como era habitual en los heridos de este modo, se enamoró. El amor había vencido el orgullo de Apolo pero Dafne ( de quien se había enamorado) se convirtió en un árbol (Laurel). Apolo desesperado, se hizo una corona de laurel para no separarse más de Dafne.


Es posible que los iluminados no lleven coronas de laurel por las calles, ni que sus amantes sean árboles, pero si existiese un mínimo de respeto a las demás personas, y los intereses más comunes, como el poder y el dinero, no fuesen sus aliados, probablemente veríamos mejor con menos luz y seríamos una sociedad más justa con algo más de amor. 


Salvini

Salvini, ministro del interior de Italia





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