Aviones de papel

José Luis Fernández Carnicero



Nacido en Ourense en 1967. Estudou Maxisterio por Ciencias,especialista en Música. Licenciado en Ciencias Matemáticas especialidade de Estadística e Investigación Operativa na UNED.Postgrado de Experto Universitario en Modelización de Riscos en Entidades Financieiras.


Escrebo en varios diarios de Galiza, nalgúns co pseudónimo de José Luis Fernández Carnicero.

Mestre de Educación Musical no C.E.I.P. Calvo Sotelo (Carballiño).

Membro da Sociedade cultural: O Liceo de Ourense.

Membro do Consello Escolar de Galiza e do Consello Escolar Municipal de Ourense.


¿Cuántos años hace que ustedes no hacen un avión de papel? Me permitan decirles que si tienen hijos o nietos no cuenta; de esta vez solo serán computables las respuestas de lo que vivan sin niños o niñas en su entorno. Y de este modo, salvo algunas excepciones, podremos constatar que el tiempo de hacer esos juguetes, quedan a muchos años vista. Ahora son otros los que hacen los aviones de papel por todos nosotros, simulando alguna de las ilusiones del pasado. El poder genera en algunos el deseo de querer cambiar el mundo, al crear unas perspectivas ilusorias que nunca se hacen realidad, pero que producen un impacto mediático a tener en cuenta. Los hábitos sociales son muy variables y la tecnología, que debería ayudarnos a avanzar, provoca un déficit en las relaciones humanas con difícil previsión de cuáles serán las consecuencias. Estas relaciones debieran comenzar por uno mismo, potenciando el autoestima. El incremento de casos de ansiedad en la población es exponencial. Galicia continúa estando a la cabeza en el consumo de fármacos denominados psicotrópicos, como las benzodiacepinas, entre menores de edad y subía en el promedio Europeo hasta el tercer puesto en el periodo 2006-2007. Los modelos educativos van de fracaso en fracaso, por la inexistencia de un pacto educativo que para los políticos es una entelequia. Debido la inestabilidad política, reflejo de la sociedad actual que construimos entre todos, los problemas tienden a resolverse con buenas intenciones, dejando a un lado los hechos y las políticas socialmente activas.


Todos recordarán que los aviones de papel volaban si estaban bien construidos, y toda vez que los construyen por nosotros, deciden por nosotros y hasta viven por nosotros, hay muchas posibilidades de que lleguemos a creer que somos libres sin tener en cuenta las circunstancias. Por eso me vino a la cabeza la historia de Ícaro, encerrado con su padre Dédalo por el Rey Minos, en la isla de Creta. Según nos cuenta el mito griego, padre y hijo inventaron y construyeron unas alas para poder huir de la prisión. Cuando llegó el día todo fue un éxito y salieron volando siguiendo los consejos de Dédalo. Ícaro era de esa clase de hijos que olvidan los consejos de los padres, y creyéndose libre, se acercó al Sol. Con el calor, las alas que estaban hechas de cera y plumas, se deshicieron y cayó al mar perdiendo la vida. Su padre Dédalo solo pudo lamentar su muerte.


Puede ser que sigamos vivos, recordando los aviones de papel. También puede ser que vivamos esperando que las ilusiones que nos prometen lleguen algún día, pero a lo que deberíamos estar bien atentos es cuando nuestros jóvenes marchan a la emigración y nosotros seguimos viviendo en las ilusiones. Como cuando hacíamos los aviones de papel.

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