​Un cementerio solo para ingleses, uno totalmente en gallego y otro sin muertos: algunos de los camposantos más curiosos de Galicia

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La muerte y Galicia siempre han ido de la mano. Prueba de ello es que una de nuestras costas lleva el nombre de la parca o las muchas supersticiones que acompañan a la cultura popular gallega. Sin embargo, esta tierra guarda algunos de los cementerios más curiosos de España, llenos de referencias literarias o directamente vacíos. En el Día de Todos los Santos, en el inicio del Samaín, Galiciapress recorre algunos de los más conocidos.  


Cementeiro de san amaro

El cementerio coruñés de San Amaro


Galicia se prepara para dar la bienvenida al año nuevo...celta. El Samaín, esa festividad celta que llegó a las costas del Nuevo Mundo y que los yankees importaron al mundo entero bajo el nombre de Halloween, significaba el final de la temporada de cosechas y el inicio de la estación más lúgubre del año. Hoy, convertida en el Día de Todos los Santos, la fecha del 1 de noviembre sirve para honrar a los difuntos, poniendo velas y adornando con flores sus lugares de reposo.


Sin embargo, el Samaín ha llegado a nuestros días, resucitado gracias a la cultura popular que lo mantuvo vivo por delante de Halloween. Tradiciones como decorar las calabazas, collares de castañas para espantar los malos espíritus o pedir dulces típicos de la zona de puerta en puerta son algunas de las características del Samaín gallego, que nada tiene que envidiar a la adaptación americana. Pero ya le llamemos Samaín, Halloween, Día de Todos los Santos o la mexicana Día de Muertos, hay un elemento que se convierte en el protagonista indiscutible de la jornada: el cementerio. Y de cementerios en Galicia sabemos un rato.


ESCRITORES EN EL MÁS ALLÁ

A lo largo y ancho de la geografía gallega podemos encontrar camposantos que guardan verdaderas obras de arte. Recorrerlos supone visitar la historia y la cultura de Galicia, llena de superstición  y siempre ligada al mar y al rural. Buena fe de ello puede dar el cementerio de Adina, en la parroquia padronesa de Iria Flavia. Allí podremos encontrar sepulcros que datan de los siglos VI y X, junto a la iglesia de Santa María. También en el cementerio de Santa María A Nova de Noia, conocido como A Quintana dos Mortos, podemos encontrar algunas de las lápidas más antiguas de Galicia, algunas conservadas desde el Medievo.


Pero el mayor atractivo de este recinto de Padrón es que guarda un nexo innegable con las letras gallegas. Allí fue enterrada Rosalía de Castro, que ahora se encuentra en el Panteón de los Gallegos Ilustres, y allí descansa Camilo José Cela, uno de los seis Nóbeles de Literatura de la literatura española. Otros ilustres de las letras, como Concepción Arenal o Álvaro Cunqueiro se encuentran enterrados en los cementerios de Pereiró de Vigo (un pequeño Père Lachaise en la ciudad olívica) y en el Cemiterio Vello de Mondoñedo respectivamente, convirtiendo a estos lugares de descanso en una parte ineludible de la cultura gallega.


Aunque poco tiene que envidiar el herculino cementerio de San Amaro, quinto cementerio en Europa por antigüedad y considerado por la National Geographic como uno de los más hermosos del planeta. Tal vez por las vistas que ofrece al mar o por contar con una visita nocturna guiada y teatralizada entre sus tumbas, haciendo parecer que los que recorren la necrópolis coruñesa es la Santa Compaña. Allí, podemos visitar a Eduardo Pondal o Curros Enriquez, que sin ser coruñés, está enterrado cerquita de Riazor.


Visita guiada san amaro

El cementerio de San Amaro tiene visitas guiadas


UN CEMENTERIO SOLO EN GALLEGO Y OTRO VACÍO

Con todo, tal vez el más conocido de todos los lugares de descanso eterno de Galicia sea el Cementerio de los Ingleses, en Camariñas. Allí, ante el siempre imponente Océano Atlántico, encontramos el modesto mausoleo levantado para las 172 víctimas del hundimiento del acorazado Serpent ante la costa gallega. Los vecinos de Camariñas recuperaron los cuerpos que el mar devolvía a la tierra y les dieron sepultura frente al mismo implacable océano que les arrebató la vida


Pero si hay un par de cementerios curiosos en Galicia uno es el de San Facundo de Ribas de Miño, en la localidad lucense de Paradela, y el otro es el conocido como cementerio de Cesar Portela, en Finisterra. En el camposanto de Lugo solo los gallegos son capaces de descifrar las inscripciones de las lápidas, escritas exclusivamente en gallego gracias al acuerdo alcanzado por todos los vecinos para unificar el diseño de las sepulturas, incluido el idioma, el color y la tipografía de las lápidas. Es probable que allí todas las psicofonías tengan acento gallego.


Cementerio de los inlgeses

Vista del Cementerio de los Inlgeses


El de Finisterra en cambio es famoso, en parte gracias a Netflix, en parte porque desde que se inició su construcción en el año 2000 apenas ha sido utilizado más que por los curiosos que se acercan a comprobar que, efectivamente, los nichos son unos cajones orientados cara el mar y que todos ellos están vacíos.



Trailer de la serie de Netflix en el cementerio de Finisterre


El diseño despertó el rechazo de muchos vecinos, que prefirieron velar a sus difuntos en otra localidad antes que en el proyecto arquitectónico de Portela. Además, el acceso a la zona es muy deficiente, lo que dificulta que se puedan llevar los féretros hasta Monte del Cabo. Con todo, desde el gobierno municipal planean utilizarlo en el futuro, ya que el cementerio actual está completo. Unos por exceso y otros por defecto.


PEREGRINOS Y NICHOS DE COLORES

Pero en Galicia, sobresaturada de cementerios contra el interior, hay otras joyas que pasan desapercibidas, como el cementerio para peregrinos de Ligonde, en Monterroso, anunciado por una gran cruz de piedra, el cementerio de Canido en Ferrol, utilizado por el bando nacional para fusilar a los represaliados durante la dictadura, o el ordenado y colorido cementerio nuevo de Dumbría o el antiquísimo cementerio de Sobrado dos Monxes, junto al hermoso monasterio de Santa María.


Los dolmenes repartidos por toda Galicia son una buena muestra de que los complejos funerarios están presentes allá donde miremos. La vida y la muerte, tan de la mano en el Samain como en la historia Galicia, más presentes que nunca en una fecha llena de misterio que nos recuerdan que los gallegos somos especiales hasta para morirnos.   

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