Un marquesado para Amancio

Pablo-Ignacio de Dalmases
Periodista y escritor

Escritor y Doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, Máster universitario en Historia contemporánea y Licenciado en Ciencias de la Información. Ha trabajado como periodista durante cincuenta años y desempeñado diversos cargos directivos: Director de RNE y TVE en el Sáhara español, Director del diario La Realidad de El Aaiún, Jefe de los Servicios Informativos del Gobierno de Sáhara, Jefe del Gabinete de Prensa de RTVE en Cataluña y Jefe de Informativos de Radiocadena Española en Cataluña. Se ha dedicado también a la docencia como profesor titular de cátedra en la Escuela Oficial de Publicidad, consultor de la Universitat Oberta de Catalunya y técnico superior de Educación de la Diputación Provincial de Barcelona.
 


Esto del coronavirus es terrible. No sé si se han dado cuenta, pero las noticias sobre los fallecimientos, las insuficiencias hospitalarias, las penalidades del confinamiento, la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo, la paralización de la vida económica y cultural y un largo etcétera se han convertido prácticamente en el único tema de los diarios digitales e impresos y de las emisoras de radio y televisión. Salvo algunas anécdotas, como el baile de desmentidos entre algunos ministros y las tonterías que dicen ciertos políticos, que olvidan aquello de que “si la palabra es plata, el silencio es oro” (en cuyo cuadro de honor figuran, sin duda, el presidente Torra y algunos de sus adláteres, el ministro florero -porque eso del Consumo no dio nunca más que para una Dirección General- Garzón o el inefable Echenique) hay un montón de temas que han quedado arrinconados: desde las presuntas comisiones del monarca emérito a los títulos nobiliarios que se otorgaron durante el franquismo.


Pues bien, el último tema me ha venido de nuevo a la memoria precisamente estas semanas, en las que hemos sido testigos de tantos actos de entrega, desprendimiento e incluso de heroísmo protagonizados desde los profesionales de la sanidad en todos sus escalones a las más modestas gentes del común, la inmensa mayoría de ellos desconocidos. Todos merecerían un reconocimiento expreso y personal, que sabemos imposible en todos los casos, aunque sí factible en los más evidentes y públicos. Para eso se inventaron toda suerte de recompensas y condecoraciones, entre ellas las medallas y, en una monarquía como la nuestra, los títulos nobiliarios.


Amancio ortega inditex ep


Desde hace siglos, las monarquías han ennoblecido a quienes se distinguían en las batallas, la diplomacia o en los servicios a la corona, algo que en el siglo XXI ha cambiado copernicanamente, porque las que sobreviven se han convertido en parlamentarias y, por ende, en meramente representativas. Aun así, subsisten aquellas antiguas distinciones, que ahora ya no se conceden por las razones de antaño sino por la notoriedad de ciertos personajes en los órdenes de la cultura, la ciencia, el heroísmo, la solidaridad, la cooperación o la iniciativa empresarial y es, o debe ser, el gobierno en ejercicio de quien parta la iniciativa de su otorgamiento. Y esto lo hacen tanto cuando quienes gobiernan lo hacen en representación de partidos conservadores, como progresistas (Suecia, Reino Unido).


Permítaseme a este propósito hacer referencia a un caso concreto que me parece suficientemente notorio. El del silencioso, pero no por ello menos eficaz, empresario gallego Amancio Ortega. A la chita callando y sin decir esta boca es mía, hizo algunos meses la generosa donación que conocemos a la sanidad pública española y cuando ha llegado el coronavirus, ha puesto a disposición de las autoridades la logística de su entramado empresarial para transportar desde el Extremo Oriente materiales imprescindibles para proteger del coronavirus a los españoles y en particular a los profesionales sanitarios.


¿No habría llegado la hora de reconocer la nobleza de quien, además de haber creado un saneadísimo imperio económico de capital español, ha dado muestras reiteradas y muy significativas de solidaridad social?


Más aún, no ha aplicado a los trabajadores de sus empresas españolas el ERTE previsto por el Gobierno y se ha hecho cargo de sus retribuciones y ello pese a que la actividad comercial ha permanecido paralizada, ahorrando millones de euros a las arcas públicas. Y, en fin, el simpático detalle de obsequiar a los transportistas que acuden a su central con un ligero tentempié que alivie las horas que pasan por carreteras con servicios cerrados a cal y canto es una muestra más de sensibilidad.


Atendiendo a estos criterios, ¿no habría llegado la hora de reconocer la nobleza de quien, además de haber creado un saneadísimo y universal imperio económico de capital español, ha dado muestras reiteradas y muy significativas de solidaridad social, como es el caso de Amancio Ortega Gaona? Razones más que suficientes para que precisamente fuese un gobierno progresista como el que actualmente está al frente de nuestros destinos el que tomase la iniciativa de proponer a D. Felipe VI la concesión de un título nobiliario a quien sin duda ha dado pruebas fehacientes de merecerlo. ¿Por qué no el marquesado de Arteixo? Ahí queda la idea por si alguien quiere recogerla.

1 Comentarios

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Sinceramente, mientras haya sospecha de la utilización de trabajo esclavo en el tercer mundo, este marqués se parecería demasiado a los de siglos atrás...

escrito por Guille 19/may/20    17:17

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