La larga y dura travesía del desierto

Manoel Barbeitos
Economista

No lo tiene fácil ni sencillo la oposición (BNG, PSdeG/PSOE) para darle la vuelta al mapa político gallego en la legislatura que viene de comenzar. Una legislatura que más bien parece un nuevo punto y seguido en una larga y dura travesía del desierto. Las razones que me llevan a hacer este diagnóstico están muy claras. En primer lugar la gran diferencia en los apoyos electorales que viene siendo prácticamente una constante en los últimos veinte años (con la excepción puntual del bipartito: 2005-2009). Por caso, en las últimas elecciones autonómicas el PP (625.182 votos) prácticamente duplicó a la segunda fuerza, el BNG (310.137). Al mismo tiempo, la suma de los votos de este (BNG) más el segundo (PSdeG/PSOE) queda bastante lejos (562.674) del resultado obtenido por el PP. Estos apoyos hacen que, sumados a la ley electoral, las diferencias de representación se hagan muy elevadas (42 diputados frente a 33).


Una distancia que se refleja, en la mayoría de las legislaturas (6 de 9) desde la convocatoria de 1.989, en un claro estancamiento de representación en las izquierdas (en torno a los 32/34 diputados), muy lejos de la mayoría (37). Unos resultados que confirman como las variaciones de representación en aquellas son por diferencias en el reparto -suben o bajan unas izquierdas a la cuenta de las otras- y no porque le resten votos las derechas o la abstención. Esta aparente incapacidad de las izquierdas para, por caso, atraer a una parte del electorado de las derechas, resulta otra de las claves fundamentales a la hora de explicar el largo dominio conservador que, como he subrayado en otros artículos, se mueve por encima de los 700.000 votos. 


Incapacidad que se traslada a la abstención. En las elecciones autonómicas la abstención suele ser muy elevada (claramente por encima del 40%). Una abstención que perjudica a las izquierdas, quienes parecen tener una menor capacidad de movilización de su electorado. Por caso, en las elecciones generales últimas la abstención en Galicia fue del 33,4% (muy por debajo del citado 40%). Una distinta participación que pone el foco en las izquierdas gallegas: 600.000 votos en las autonómicas (2020) frente a 765.000 en las generales (2019) cuando superaron claramente a las derechas. Unos resultados que se repiten y que ponen de manifiesto otra de sus debilidades: la incapacidad para conservar en las autonómicas el electorado de otras convocatorias. Incapacidad que afecta directa y básicamente a la socialdemocracia gallega (PSdeG-PSOE): 460.000 votos en las generales del 2019, 250.000 votos en las autonómicas del 2020. Sobran más comentarios.


Estos resultados ponen de manifiesto que si las izquierdas quieren conseguir la mayoría en las próximas elecciones autonómicas deben empezar por proponerse en serio lo de ir al encuentro de la sociedad civil y recuperar la capacidad de movilización perdida. Las izquierdas deben recuperar su sintonía, por caso, con el movimiento sindical (con todo y no solo con una parte) y con los distintos movimientos asociativos reivindicativos (feministas, ecologistas, pensionistas....) que están mostrando un claro rechazo a las políticas austericidas y  privatizadoras de la actual Xunta de Galicia (PP). Sin movilización será muy, muy difícil derrotar a las muy poderosas derechas gallegas.


Un encuentro y una movilización que, como demostraron por caso las experiencias del 15 M y de ‘Nunca máis’, exige de estos partidos políticos una mayor apertura y transparencia y una menor burocracia. También una mayor vocación unitaria que no está discutida, de  ninguna forma, con la lógica competencia. Todo lo contrario: la competencia partidaria debería llevar a un debate enriquecedor cada vez más necesario en este enorme páramo ideológico que hoy es la izquierda gallega (como prácticamente toda la izquierda europea).


El siglo XXI y la llegada de nuevas generaciones al escenario electoral pusieron en evidencia en Galicia, como en otros territorios, que los partidos tradicionales solo cubren una parte de las preferencias políticas. Que la autodenominada izquierda alternativa tiene su espacio fundamentalmente, que no exclusivamente, entre la gente joven. El destrozo de las últimas elecciones autonómicas, en las que quedó fuera del Parlamento, no había debido servir para tirar la toalla sino para analizar las causas de tal hecatombe que están más en los enormes errores de sus dirigentes que en un posible cambio de preferencias en su electorado.


Cuando todo apunta a una (nueva) larga travesía del desierto, las izquierdas deben tomar aire fresco y salir al encuentro de la sociedad gallega. Una sociedad que precisa de unas izquierdas fuertes y unidas quienes de presentarse como una real alternativa de cambio. Un cambio imposible, por otra parte, si no se accede al gobierno gracias al apoyo de un pueblo movilizado y autoorganizado. 

1 Comentarios

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Se as chamadas esquerdas non foran tan sectarias e mesmo cainitas igual podían darlle á volta a esta lexislatura reivindicando un fronte común no Parlamento e apostando claramente pola implantación dunha RENDA BÁSICA INCONDICIONAL EUROPEA ! #TemosUnTuitParaFeijoo

escrito por Gamela 14/sep/20    16:54

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