El silencio

José Luis Fernández Carnicero



Nacido en Ourense en 1967. Estudou Maxisterio por Ciencias,especialista en Música. Licenciado en Ciencias Matemáticas especialidade de Estadística e Investigación Operativa na UNED.Postgrado de Experto Universitario en Modelización de Riscos en Entidades Financieiras.


Escrebo en varios diarios de Galiza, nalgúns co pseudónimo de José Luis Fernández Carnicero.

Mestre de Educación Musical no C.E.I.P. Calvo Sotelo (Carballiño).

Membro da Sociedade cultural: O Liceo de Ourense.

Membro do Consello Escolar de Galiza e do Consello Escolar Municipal de Ourense.


Hablar del silencio siempre fue un tema complejo, pues dentro de los diferentes tipos hay varias categorías. El silencio puede ser concesivo u ofensivo, prudente o innecesario, sabio o peligroso, pero en todo caso genera una incertidumbre transitoria. Cuando algo o alguien calla, nunca sabemos en qué piensa y su opinión no aporta nada de nada al ser por todos desconocida. Con todo, “Sean  tus palabras mejores que tu silencio; de lo contrariom calla.” decía Dionisio ‘El Viejo’, porque las palabras impropias, levantan muros de separación, barreras para la convivencia y contingencias dentro de instituciones de reconocido prestigio. En este caso quería referirme al anuncio que hace la RAG (Real Academia Gallega) de no prolongar la candidatura de Carvalho Calero un año más. Después de un silencio sospechoso, las peores previsiones se hicieron realidad. Alguien podría pensar que Carvalho Calero tuvo mala suerte durante su vida, y que ahora seguirá siendo un gran desconocido entre los gallegos. Pienso que a pesar de toda esta pandemia, que también paralizó el mundo de las Letras Gallegas, no pudo vencer al homenajeado del 2020. La poesía del autor fue  musicada por algunos compositores serios. La banda diseñada con su biografía fue todo un hito y los esfuerzos por dar a conocer su obra tuvieron mucho éxito. Las publicaciones no faltaron y las conferencias y exposiciones están en marcha. Les faltó restaurar el valor social que le faltaba a Carvalho Calero, pero sus tesis gallegas florecieron en Portugal; como defensor de que gallego y portugués, son la misma lengua. En fin, el silencio de privarlo otro año de festejos y homenajes, es un error. Y aún están a tiempo de rectificar.

            

Hay otros silencios de actualidad, que baten tan fuerte en nuestros oídos. En nuestra ciudad hay algunos que ya están preparando el famoso bono de los 50 € para hostelería, con el fin de vendérselo al vecino por 20 €. Pues lo que no tiene coste no se aprecia. Lo que sí se percibe es la improvisación del microgobierno local con los hosteleros (que también están divididos entre ellos), pues la ordenanza de terrazas sigue viviendo un silencio administrativo intolerable. Hicieron algo así con los libreros y cada sector tiene sus características específicas. Piensan que de noche, todos los gatos son pardos y seguiremos en una “larga noche de piedra, sine die”. Un silencio parecido a las reuniones en el Liceo de los partidos de la oposición, que hablan y hablan guardando lo que no puede ver a la luz pública; esto es, las divisiones que los unen y la caducidad de las ideologías que a alguno de ellos describe y define. Pero el silencio de mayor interés es aquel que acontece para no incomodar. Callar de amor. Si amamos, no somos quien de decir palabras que puedan herir o atacar a nadie. Ese silencio otorga siempre la capacidad de crear unos niveles de confianza muy altos y llegaremos a transmitir esos mismos valores, a aquellos que se relacionen con nosotros.

           

El  silencio también forma parte de la música. Hay momentos en los que ese silencio llega a llenar todo el espacio sonoro que tanto nos agrada. Recuerdo la III Parte, escena IV, movimiento nº 54 del oratorio de Haendel titulado “El Mesías” es el silencio anterior al amén final. Además de alargar el silencio con un calderón, rompe el compás y finaliza en un Adagio formando el acorde de  Re mayor completo, en su primera inversión. Inolvidable. Pero no imagino despedir este relato sin  decir nada o sin suscitar un debate personal. El silencio siempre ocupa un espacio: un lugar en la escritura, un tiempo en la música, un color en la pintura, un equilibrio en la danza y. en el peor de los casos, una ausencia en la comunicación, una relación rumbo, una amistad perdida en un tiempo que no volverá. Si ahora, en estos tiempos en los que nos podemos relacionar poco, queremos escucharnos a nosotros mismos, es probable que echemos en falta la opinión de los demás. Y eso será un buen síntoma de que transitamos por caminos plurales, considerando y respetando a los  demás.

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