El cierre irreal en O Barbanza que ha confinado A Pobra: "Las terrazas estaban llenas de boirenses y ribeirenses"

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A Pobra do Caramiñal entra esta noche, como Porto do Son, en el nivel de restricciones medio-alto, que obliga a la hostelería a aplicar reducciones de aforo más severas y cerrar a las 17 horas. El pobrense era el único municipio de la comarca sin restricciones y ahora los vecinos cuestionan la eficacia de los cierres perimetrales.


Galiciapress viaja entre A Pobra, Ribeira y Boiro para comprobar en primera persona el rigor de los cierres perimetrales y la denuncia de los pobrenses, cansados de no ver controles en la carretera que impidan la entrada y salida de los habitantes de las localidades vecinas.  


Terrazas en a pobra

Terrazas en A Pobra


Noa (nombre ficticio) reside en A Pobra, pero trabaja en un despacho Boiro. Cuando confinaron perimetralmente Boiro a principios de diciembre por el aumento de casos activos de coronavirus, su empresa tuvo que expedirle un permiso especial para poder presentarlo ante las autoridades y confirmar así que se desplazaba al municipio boirense para trabajar. De lunes a viernes, y desde hace casi un mes, ha recorrido los ocho kilómetros que separan su domicilio de su lugar de trabajo. "Nunca me han parado. No solo nunca me han parado, sino que nunca he visto ni un solo control", afirma.


Como ella, muchos pobrenses con su puesto de empleo en las vecinas Boiro o Ribeira afirman no haber tenido que rendir cuentas ante las autoridades para explicar el motivo de su desplazamiento a un municipio sobre el que pesa la máxima restricción de movilidad que puede aplicar la Xunta. Ni a la entrada ni a la salida de las localidades vecinas encontramos controles de la Policía Local, Policía Nacional o Guardia Civil. "Algunos clientes se desplazan desde zonas cerradas perimetralmente: ninguno me ha dicho nunca que ha tenido problemas o que se ha encontrado con un control", sostiene Noa. 


Marta tuvo que desplazarse a Ribeira para recoger a su hermano y no encontró ningún impedimento en su recorrido por la AC-305 para entrar o salir de A Pobra. Miguel fue hasta dos veces en el mismo día al Hospital del Barbanza por la AC-302, la carretera de Moldes, y tampoco se topó nunca con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Al igual que ellos, muchos son los testimonios de personas que relizaron recorridos similares a diario sin toparse con controles de carretera. 


UN CIERRE IRREAL

Galiciapress realizó la prueba este mismo lunes 28 de diciembre a las 21 horas, horario en el que muchos emprenden el regreso a casa antes del toque de queda. Partiendo desde A Pobra por la carretera general, la AC-305, llegamos hasta el corazón de Ribeira sin encontrar ni controles ni patrullas. Para salir de Ribeira lo hacemos en el Polígono de Xarás por la AG-11, dirección Padrón, donde tampoco hay controles de ningún tipo.


Por la autovía llegamos a Boiro, pasando por las salidas sur y norte que dan acceso a A Pobra do Caramiñal, el único municipio que hasta entonces permanecía libre de restricciones. Tampoco en las salidad o entradas de la autovía encontramos controles de ninguna clase. 


Ya en Boiro tomamos la salida de Espiñeira para luego recorrer el casco urbano del municipio boirense de punta a punta y regresar a A Pobra por la AC-305. En total más de 45 minutos de recorrido: ni un solo control; ni una sola patrulla. En cualquier caso, el tráfico tanto para entrar como para salir de los municipios era muy fluido a esas horas


Los vecinos de Boiro sí aseguran que, pese a no haber controles regularmente, el número de patrullasen la localidad sí se ha intensificado. "Hay más coches haciendo la ronda, pero nada más. La gente entra y sale y nadie dice nada".


"ERA CUESTIÓN DE TIEMPO"

Hace apenas diez días, cuando los cierres perimetrales de Boiro, Ribeira y Rianxo dejaron a A Pobra do Caramiñal como el único municipio barbanzano libre de restricciones, muchos vecinos celebraban el bajo número de casos registrados en la localidad.


Desde entonces, A Pobra experimenta un preocupante ascenso de casos activos de coronavirus que han llevado al municipio a sobrepasar una incidencia acumulada a 14 días de más de 250 casos por 100.000 habitantes. En este escenario, el comité clínico de la Xunta decidió a última hora del lunes subir el nivel de restricciones en A Pobra al nivel de alerta medio-alto, que significa confinar perimetralmente el municipio y poner límites para la apertura de la hostelería, que se realizará con un 30% de aforo en el interior y un 50% en el exterior, hasta las 17 horas y con una agrupación máxima de cuatro personas convivientes o no conviviente


El 16 de diciembre Boiro llegó a su tope con 245 casos mientras en A Pobra apenas contaba con una docena de casos activos. Este lunes, momento del cierre, Boiro había rebajado esas cifras a cerca de la mitada: 148 casos; A Pobra, por el contrario, ha visto multiplicados por dos sus casos activos en ese tiempo. Ribeira, con 97 casos y tres jornadas en descenso, parece haber iniciado su desescalada, mientras que las restricciones aplicadas en Rianxo y el cribado realizado, en el que se detectaron cinco positivos entre los más de 2.000 test realizados, invitan a pensar que el municipio ha llegado a su techo con 51 casos activos. 



Como A Pobra, Porto do Son, Noia o Lousame también atraviesan una situación delicada a medida que ven aumentar sus cifras de casos activos. Estas dos últimas localidades entraron ayer en la lista de municipios con el máximo nivel de restricciones y formarán un perimetro conjunto; en Porto do Son el nivel de restricciones es, como en A Pobra, medio-alto. Estas restricciones entrarán en vigor la medianoche de este miércoles. 


"Que nos confinasen era cuestión de tiempo. Las terrazas estaban llenas de gente de Boiro y Ribeira", critica una pobrense. Mientras la hostelería en las localidades vecinas echaba la persiana a las 17 horas, en A Pobra do Caramiñal todavía quedaban seis horas más de terrazas abiertas. La ausencia de controles animó a muchos a saltarse el cierre perimetral y seguir con la fiesta en los bares pobrenses.


Esta última semana, coincidiendo con el inicio de las vacaciones, en donde las autoridades dieron un poco de manga ancha durante Navidad y Nochebuena para "obviar" los cierres perimetrales, la presencia de vecinos de Ribeira y Boiro disfrutando del ocio nocturno de A Pobra fue notoria. Ahora, serán los hosteleros los que paguen los platos rotos justo a las puertas de Fin de Año. 


¿CUENTAN CON MEDIOS SUFICIENTES LOS MUNICIPIOS CONFINADOS?

Pero, ¿a qué se debe esta ausencia de controles, algo que, indudablemente, ha arrastrado a A Pobra y los municipios que hasta hace no tanto ofrecían un panorama más favorable? Ya el alcalde de Boiro, el socialista José Ramón Romero Martiño, dio con la tecla el pasado 10 de diciembre en una conversación con este medio. “Solicitamos la presencia de la Policía Autonómica el 23 de noviembre, mucho antes del cierre, pero no tuve respuesta hasta hace escasos días”, lamentaba el alcalde, que refirió en varias ocasiones la necesidad de reforzar el operativo en el concello barbanzano. 


El peso recaía casi por completo en la Polícia Local, "una plantilla que, al nivel de Galicia, se encuentra muy mermada y que se encuentra en medio de un proceso selectivo para cubrir las bajas de personal, y con nuestros propios medios". Unas carencias que no son exclusivas de Boiro, ya que muchos municipios de la zona se ven aquejados de problemas similares en cuanto al número de efectivos para poder asumir el control de la movilidad de sus vecinos. 


Pese a que finalmente su petición fue atendida, Romero admitió que la responsabilidad individual de los ciudadanos era la única herramienta para evitar la expansión del virus. En tres semanas la Policía Local de Boiro ha tramitado 35 denuncias por no respetar las medidas decretadas por la Xunta.


Ahora, y a pocos días de que se cumpla un mes desde el cierre de Boiro, toda la comarca del Barbanza está perimetrada. Las autoridades sanitarias miran con lupa su evolución y serán las encargadas de marcar el fin de las restricciones, algo que no parece factible a corto plazo. Es evidente que el escenario es muy poco alentador para la zona, pero lo peor se cierne ahora sobre la hostelería pobrense, aquel "oasis" en medio de la pandemia...al que secó el coronavirus, que no entiende de cierres perimetrales. 

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