Galicia 2021

Manoel Barbeitos
Economista

Muy probablemente que la inmensa mayoría de los gallegos y gallegas, al igual que el conjunto de los europeos y de los ciudadanos del mundo, estemos deseando que con el Año Nuevo 2021 dejemos atrás la pandemia de la COVID-19. Que, gracias a las vacunas, podamos volver poco a poco nuestra vida normal. Con todo, cabe lamentar que una vez más la industria farmacéutica haya puesto el objetivo empresarial de obtención de la máxima ganancia por encima de la salud y la vida de las personas. Una estrategia que se refleja, por caso, en la producción y distribución de las vacunas que están perjudicando mayormente a las clases de rentas medias y bajas y a los países del sur.


Puede también que muchos gallegos y gallegas esperen que con el año 2021 se recuperen el empleo, la actividad y los ingresos perdidos por una pandemia que tan duro está castigando a las familias y las empresas no financieras. Esperanza que, en muchos casos, se convertirá en frustración, pues si bien el gobierno español de turno puso en marcha una serie de importantes medidas de apoyo (ERTEs, Ingreso Mínimo Vital...) y mirando con preferencia a los colectivos más afectados. También es cierto que son medidas claramente insuficientes dada la dimensión de la crisis y que se pusieron en marcha muy tarde. A esto se añadieron los graves problemas de gestión y aplicación de las medidas aprobadas que limitaron mucho su eficacia.


Cabe también esperar que con la pandemia los gallegos y gallegas tengamos aprendidas algunas lecciones básicas. Por caso, que debemos cuidar nuestros recursos naturales (agua, tierra, aire, plantas, animales....) porque son finitos y porque cada vez resulta más urgente recuperar los equilibrios medioambientales si no queremos poner en serio riesgo la vida en el planeta. Deberíamos también tener clara la necesidad de defender y mejorar nuestro deficitario estado de bienestar (sanidad, dependencia, mayores, desempleo, exclusión...) ya que resulta imprescindible no solo para atender situaciones excepcionales como la actual sino también para tener una sociedad sana, fuerte y justa. No menos importante es la lección de que los gobiernos precisan de dotarse de recursos y medios públicos suficientes para atender las necesidades de la mayoría de la población tanto en casos excepcionales como en la normalidad de la vida diaria. Finalmente no resulta menos evidente que si queremos poner fin a las crisis sistémicas que nos vienen golpeando en las últimas décadas hay que corregir las crecientes desigualdades sociales y territoriales.


Como lección política para los partidos gallegos de las izquierdas esta pandemia tendría que enseñarles, de una vez y para siempre jamás, que deben aceptar y asumir que las divisiones, las luchas cainitas, los egos y las intolerancias solo sirven para alejarlos cada vez más tanto de los principios que dicen defender como de los objetivos políticos que aseguran querer conseguir. Las evidencias son contundentes.


Feliz Año Nuevo 2021.

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