Fátima Sánchez, voluntaria en Open Arms: "Los migrantes del Mediterráneo creen que el mar es más seguro que la tierra"

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La socorrista ferrolana Fátima Sánchez pasó prácticamente todo el mes de febrero en alta mar, a bordo del velero 'Austral', rescatando a las personas que, tratando de encontrar una vida mejor, se lanzan al mar Mediterráneo con el objetivo de llegar a Europa.


Tras 20 días embarcada y ya de vuelta en su Ferrol natal, la voluntaria en la ONG Open Arms atiende a Galiciapress para compartir su experiencia, reclamar a las administraciones más recursos para luchar contra el drama migratorio del Mediterráneo y animar a que más personas se aproximen a conocer esta labor humanitaria tan dura y a la vez tan enriquecedora. 


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Fátima Sánchez en un operativo del Open Arms | Foto: Pablo Tosco/Angular (@pavlobskiroisen)


De vuelta en tierra firme, a Fátima Sánchez no paran de llegarle elogios. A sus 26 años, acostumbrada a salvar vidas desde su caseta de socorrista en la ferrolana playa de Doniños, este 2021 cambió el bañador por el chaleco salvavidas y se enroló en la ONG Open Arms para rescatar a los migrantes que,  tratando de dejar atrás el hambre, la guerra y la pobreza de su país de origen, se lanzan a las aguas del Mediterráneo en busca de un futuro incierto pero con la certeza de que no puede ser peor que lo que queda a sus espaldas.


Han sido 20 días largos e intensos a bordo del 'Austral', un velero de la ONG que lleva a cabo, fundamentalmente, labores de rastreo y monitorización para tratar de localizar en el ancho mar las pequeñas pateras que buscan llegar a territorio europeo. Con todo, también realiza labores de rescate, como así atestigua el casi medio centenar de migrantes que lograron superar la travesía mediterranea gracias a la intervención de Fátima y sus compañeros.


Ya en casa, Fátima reconoce sentirse un poco abrumada por todas las muestras de cariño que está recibiendo por parte de sus vecinos. La última, del propio Concello de Ferrol, con el alcalde Ángel Mato a la cabeza, que recibió a la socorrista para trasladarle su orgullo y agradecimiento. “Yo lo veo como algo normal, pero es verdad que en Ferrol no estamos acostumbrados a este tipo de aventuras”, admite, aunque consciente de que este tipo de solidaridad es justo lo que necesita una comarca como Ferrolterra que vive tiempos tan oscuros.


La socorrista Fátima Sánchez y el alcalde de Ferrol, Ángel Mato

Fátima Sánchez y Ángel Mato | Foto: EP


PRIMEROS NERVIOS Y DIFICULTADES

Para ella, el proceso para acabar a borde del 'Austral' fue tan natural como el que le llevó a vigilar las playas de su ciudad. “Entre socorristas nos seguimos y cuando estos socorristas barceloneses se embarcaron a la aventura en Lesbos ya me llamó la atención, aunque al ser algo tan nuevo... Pero poco a poco fue creciendo, cada vez me gustaba más y más su trabajo. Y hará mes y medio o dos meses me animé a mandar un correo y al poco tiempo ya me llamaron a filas”, comenta, a la vez que recalca que esta es su primera experiencia junto a una ONG después de medio año de voluntariado con el equipo de Protección Civil de Ferrol.


Con todo, el Open Arms no es para todo el mundo. “Necesitas tener algún titulo sanitario para enfermero o médico, también cuentan con socorristas, periodistas y fotógrafos, el capitán, patrón y marineros”, enumera. Pero además de la formación, para una labor como la de rescate es necesaria una gran fortaleza mental. “Al principio, al ser todo tan rápido, no me dio tiempo de asimilar todo e iba con un poco de miedo de no saber si sería capaz de afrontar lo que iba a ver. Te surgen dudas, pero luego me encontré con un equipo en tierra muy humano, que te explica todo muy bien, te presta apoyo psicológico... todo va rodado”.


En esas semanas en el mar Mediterráneo, a Fátima le dio tiempo a conocer de primera mano no solo el sufrimiento de aquellos que viven el drama de la migración, sino también los escollos que tienen que ir superando para lograr su objetivo final. El último son los guardacostas libios, encargados de evitar que las pateras abandonen las aguas de Libia para que no puedan actuar las ONG. En muchos casos, incluso llegan a quemar las embarcaciones y las abandonan en medio del mar. 


“No llegamos a coincidir con ellos, pero el día que rescatamos por la tarde, horas antes íbamos hacia un dingui (embarcación que usan los migrantes) y se nos adelantaron ellos. El buque de Open Arms sí tuvo muchos problemas con ellos: acoso, falta de comunicación...”, relata Fátima, que afortunadamente no llegó a vivir los momentos de tensión que muchas veces protagonizan la travesía de los barcos de la ONG. 



En esta ocasión, y por la época en la que nos encontramos, las mayores dificultades fueron meteorológicas, ya que las tormentas entorpecieron su labor hasta el punto de necesitar resguardarse en el puerto de Mahón hasta tener un clima menos adverso.


"TRES DÍAS A LA DERIVA SIN AGUA, SIN COMIDA..."

El haber de la ferrolana en el Austral concluyó con el rescate de 45 personas. Habitualmente reducimos el drama de la migración únicamente a números, olvidando que detrás de esos número está la vida de una persona que lo está arriesgando todo. Precisamente, esos momentos, los del rescate, son los que quedan marcados en la memoria de Fátima: 

“Cuando los encontramos tratamos de tranquilizarlos porque ellos lo que ven es su salvación. Tratamos de calmarlos para que no se lancen al agua o evitar un naufragio porque pueden romper su embarcación. Pero sus miradas, sus sonrisas al vernos, sus agradecimientos... Es brutal. Es con lo que te quedas”


Llevaban tres días a la deriva en el mar. Sin agua, sin comida, confinados porque en esa balsa no cabía nadie más. Pensar las noches que han pasado ahí... Es terrible tratar de ponerse en su situación”, lamenta Fátima. Son muchas mujeres y niños los que también recurren al paso del Mediterráneo, pero una vez que las ONG los dejan en puerto es imposible garantizar su bienestar.



“Piensas: ¿Y qué les pasará luego? ¿Dónde acabarán? Una vez que se quedan es imposible saber de ellos, aunque con algunos el Open Arms todavía mantiene contacto”. Pero son cientos y cientos los migrantes que cada día llegan a Europa y que se mueven por todo el continente, por lo que su rastreo es una labor imposible.


CAMBIO DE PERSPECTIVA

Antes de irse, la joven gallega confiaba en volver siendo mejor persona. Sin duda, lo que sí es es una persona distinta a la que partió rumbo a Barcelona hace un mes, con una perspectiva diferente a la que tenía en enero. Pese a la pandemia, esta clase de vivencias le han permitido constatar que la realidad europea no es tan mala. “Antes me ahogaba en un vaso de agua. Que si se te rompe el teléfono o cualquier otra tonteria. Pero que todos los males sean esos, porque hay gente que cree que el mar es más seguro que la tierra, jugándose la vida, escapando de guerras civiles, viajes de meses o años, que sufren torturas, el acoso de las mafias...”, narra Fátima.


Pese a las duras historias que ha vivido, Fátima no tiene reparos en admitir que está dispuesta a hacer las maletas para abandonar la ciudad departamental para otro nuevo servicio. “Animo a todo aquel que pueda, ya sean socorristas, enfermeros, parte de la tripulación... que ayude, aunque sea entrando en su web”. Con todo, este verano “toca playas”, como dice con la mirada puesta en la el Atlántico que baña su tierra.



Sin embargo, con todo lo que ha visto todavía fresco en sus retinas, desde Ferrol quiere mandar un mensaje al Gobierno de España y a la Unión Europea para que se impliquen más en este problema. “Que pongan medios, que dejen de vulnerar los derechos humanos, que no sea todo el peso para las ONG y que los gobiernos pongan de su parte puertos y todos los recursos a su alcance”, reclama Fátima, esperanzada para que, entre todos, “podamos tener un mundo mejor”. Ojalá no necesite volver al Austral, porque significaría que ya no hay que buscar pateras en el Mediterráneo y que su vista puede seguir fija en las aguas de Doniños.   


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