ZUGZWANG SOCIALISTA

Luis Moreno

Aunque no se quiera hay que mover ficha. La situación política en España, 40 días después de celebradas las elecciones, reclama un movimiento para finalizar la partida de la formación del gobierno. En el juego-ciencia del ajedrez se produce en ocasiones una situación en la, aunque se rehuye, existe la ‘obligación de mover’. Como consecuencia de la posición de las fichas, cualquier jugada conduce a la derrota. El término en alemán Zugzwang alude a tan indeseada tesitura para el jugador cuyo turno espera. Hace ahora un siglo, el celebrado ajedrecista germano, Emanuel Lasker (1868–1941), desplegó un refinado juego combinatorio que a veces conducía inexorablemente a la posición de Zugzwang para sus oponentes. Debe apuntarse que las situaciones de ‘obligación de mover’ suelen generarse en los finales de las partidas, cuando quedan pocas fichas en el tablero.

 

La parábola del Zugzwang nos sirve de alegoría para analizar a vuela pluma la presente coyuntura para la formación de gobierno en España. El agarrotamiento político afecta, en lo específico, al Partido Socialista Obrero Español. Podrá argüirse que, como sucede en otras democracias avanzadas con las cuales queremos parangonarnos, corresponde al Partido Popular, como partido más votado el pasado 22 de diciembre (pero sin mayoría suficiente), tomar la iniciativa de la siguiente jugada. Resulta, empero, que su líder lo rechaza porque teme, con toda probabilidad, que la votación de su investidura pudiese saldarse con un estrepitoso fracaso. No quiere proseguir una partida que sabe perdida de antemano.


Dada la composición de la nueva Cámara de Diputados, es el PSOE la fuerza equidistante que bien podría auspiciar un nuevo gobierno en España. Pero los números para lograr el asenso parlamentario son peregrinos en el momento de redactar estas líneas. Es decir, ninguna suma de diputados permitiría ‘a priori’ alcanzar la anhelada cifra de 176 diputados, necesarios para legitimar al nuevo ejecutivo.


En los últimos días, se ha opinado mediáticamente a discreción respecto a las combinaciones partidarias que pudieran hacer posible un gobierno encabezado por el líder socialista y con un apoyo parlamentario pluripartidario. Permítaseme echar mi ‘cuartos a espadas’ utilizando la taxonomía de la socióloga italiana Eleonora Masini respecto a los futuros ‘posibles’, ‘probables’ y ‘deseables’. Ciertamente, las visiones hacia el porvenir son constructos sociales que posee una función anticipatoria y estratégica.


Las más diversas combinaciones parlamentarias podrían hacer que se alcanzase el número 176, posibilitador del apoyo parlamentario para la investidura del nuevo presidente y el subsiguiente gobierno de España. La composición parlamentaria se ha fragmentado considerablemente lo que permite muy variadas sumas de diputados de derecha, centro e izquierda. Destacan dos sumas a ambos lados del espectro político: (a) PP y Ciudadanos (163 diputados); y (b) PSOE, Podemos e IU (161). La primera de ellas aparece como menos plausible si el resto de las fuerzas minoritarias mantiene su reiterada oposición a que el PP continúe al frente del gobierno (ERC, DL, PNV o EH-Bildu).


Quizá alguna de las fuerzas minoritarias podría mostrarse proclive a aceptar un gobierno de la opción (a), pero que estuviese encabezado por el líder de Ciudadanos. Menos probable sería que el PP lo aceptase aduciendo que es la fuerza mayoritaria y, en buena lid, le corresponden mayores responsabilidades gubernamentales. Más plausible se presenta la opción (b) en cuanto a afinidades ideológicas, aunque está muy condicionada por los cálculos estratégicos de cada formación. Podemos pondera que la corriente electoral de amplios sectores de españoles sigue a su favor y que, incluso, podría consolidarse y crecer en unas nuevas elecciones. Tal eventualidad de una nueva consulta electoral es temida por el PSOE, el cual podría ser penalizado por no ser capaz de articular un acuerdo amplio de gobierno. Izquierda Unida aceptaría un protagonismo que el sistema electoral le niega a pesar de su casi 1 millón de votos.


Según se están desarrollando los acontecimientos, es el factor endogámico del PSOE el que parece lastrar un gobierno de ‘izquierdas’. Para algunos ‘viejos sabios’ socialistas, con influencia en los órganos de dirección, serían grandes los efectos perversos para el PSOE si aceptan el apoyo de Podemos. Y recuerdan que un eventual crecimiento futuro de este último pasaría necesariamente por la conquista de los tradicionales caladeros de votos socialistas.


De acuerdo a las últimas encuestas realizadas, no es deseable para la ciudadanía que se celebrasen de nuevas elecciones, aunque todos los indicios apuntan objetivamente a esa alternativa. Se repite por casi todos los partidos que no sólo se trata de formar gobierno en España, sino que debería auspiciarse una segunda transición democrática en la que los nuevos partidos emergentes (Ciudadanos y Podemos) deberían tener un protagonismo insoslayable, y en la que obviamente el PP no podría estar marginado de las negociaciones constitucionales. Para tal empeño, se requiere un gobierno de amplia base parlamentaria en la que los partidos noveles en la Cámara de Diputados estén involucrados. Ello sería una opción deseable. Se podrá contra argumentar que tal análisis normativo es un pensamiento ilusorio (wishful thinking) dado el enconamiento que las formaciones emergentes mantienen entre sí respecto a la articulación territorial de España y al fenómeno del secesionismo en Cataluña. No deberían faltar formulas de conllevancia de ambas posiciones dicotómicas si se llegase a acuerdos de mínimos que procurasen una federalización efectiva del sistema político español, y estableciesen formulas constitucionales de futuro en el que ninguna formación política perdiese la cara. Más difícil se presentaba la situación hace 30 años con el paso de una dictadura militar a una democracia parlamentaria.


Para empezar una nueva partida en la política española se requiere superar el Zugzwang de la inacción y del rampante interés partidista. Eso sólo conduce, como en el ajedrez, a una situación de jaque perpetuo o tablas.


(Nota: Tras acabar de redactar el presente texto, un colega del CSIC me hace la observación de que hace unos días se publicó en el diario El País otro artículo de opinión de Julio Llamazares con semejante título. He tenido la ocasión de leerlo y, ciertamente, hay coincidencias que van más allá de nuestra común afición por el ajedrez. Dejo constancia de ello).


Luis Moreno es Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC) y autor de “Trienio de mudanzas, 2013-15”

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