La libertad de expresión, los periodistas y el diario Zaman

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La sociedad está evolucionando de una manera vertiginosa: nuevas tecnologías, más descubrimientos, ¿mejor vida? para algunos. En cambio las libertades no solo van a paso de tortuga, sino que les pasa como a los cangrejos, van hacia atrás y cada vez hay menos. Las libertades colectivas han ido menguando proporcionalmente a las leyes que han ido creciendo para cortarlas. Lo mismo ocurre con las libertades individuales, cada vez hay menos a favor de las colectivas… O eso dicen.

 

Así podríamos ir enumerando…. Pero hoy quiero centrarme y hablar del grave peligro en que se encuentra la libertad de expresión y la profesión de periodista. 


Desde hace tiempo y, más ahora con tantas leyes que hacen los gobiernos que no aceptan las críticas, la están acorralando de tal manera que ésta puede terminar en “una jaula” entre barrotes y los periodistas, "expulsados” de sus trabajos, marginados o aniquilados en más de un caso.


Decía el gran Perich con su particular sentido del humor que “gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco”. 


Hace dos días, en Turquía, el gobierno islamista de Erdogan, intervenía por la fuerza al diario de mayor tirada del país, Zaman, por el simple hecho de ser crítico con él y su gobierno... Los trabajadores del rotativo y ciudadanos anónimos salieron a la calle para defender la libertad de expresión del medio y la continuidad de la línea editorial, pero las fuerzas de seguridad, repelieron con dureza a los manifestantes… Al día siguiente, los interventores enviados por el gobierno se hicieron cargo de la línea editorial de Zaman. El cambio fue del cien por cien: hablar bien del presidente y su equipo y silenciar todas aquellas noticias que les perjudiquen... ¿esta es la democracia de Erdogan? A la primera ocasión ha utilizado la mordaza, la fuerza y el miedo para acallar las voces críticas contra un gobierno dictatorial y abusivo.


Los periodistas, el día antes de perder el control del diario, publicaron un número con la portada toda en negro, con un titular a toda página en el que se podía leer "Suspendida la Constitución”, seguido del artículo 30 de la Carta Magna turca, el cual establece que “ninguna empresa o equipo de prensa puede ser confiscado o impedida su operación” aunque haya sido “utilizada para cometer un crimen”. 


Erdogan y su gobierno se han saltado a la torera la Constitución... y todo lo que haga falta. La fuerza de las armas, que no la de la razón puede silenciar las voces críticas de los medios. Pero mientras hayan periodistas decididos a seguir contando, por lo medios que sea, las barbaridades de los dirigentes, la información seguirá llegando a la ciudadanía, porque la formación y la información hacen más libres a los pueblos.


Mientras esto sucede, la UE mira para otro lado, es como si no hubiera sucedido nada. Este gesto de ceguera de los mandatarios europeos está estrechamente ligado a las negociaciones que mantienen con Erdogan por el control de los refugiados que unos y otros están tratan como animales. La UE debe pensar que “la libertad existe tan solo en la tierra de los sueños”. Así nos va a todos…


En la lista de Reporteros Sin Fronteras, Turquía se encuentra en el puesto 149 de 180 países, en cuanto al respeto a la libertad de expresión. La cifra es lo suficientemente significativa para no hacer más comentarios. La situación económica, la presión y el miedo están haciendo mella en una profesión que cada día se vuelve más servil y se autocensura a sí misma. "Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad”, decía Benjamín Franklin.


Por el contrario, hay otra parte de la profesión que son periodistas de raza, que no tienen miedo a expresar y contar lo que ven, en países peligrosos y que suelen pagar un precio muy alto: su propia muerte. Son los servidores de la verdad y la libertad y solo se deben a la ciudadanía que quiere conocer sin filtros lo que realmente ocurre en su territorio u otros. Esos periodistas que luchan cada día en las trincheras de cualquier parte del mundo para informar rechazan “el derecho de libre expresión cuando nadie contradice al gobierno, la libertad de prensa cuando nadie está dispuesto a formular las preguntas importantes, el derecho de reunión cuando no hay protesta, el sufragio universal cuando vota menos de la mitad del electorado, la separación de la Iglesia y el Estado cuando no se repara regularmente el muro que los separa [...] Los derechos y las libertades o se usan o se pierden". 

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