La coherencia de la intolerancia

Manuel Fernando González Iglesias

Puigdemont llega a Copenhague


La decisión del Presidente del Parlament de Catalunya de proponer a Carles Puigdemont como candidato a la Presidencia de la Generalitat de Catalunya es coherente con el talante independentista del diputado de Esquerra Republicana Roger Torrent. Se podrá no estar de acuerdo con su propuesta, pero no decir que es incoherente con sus ideas.


Nada nuevo bajo el sol, que cantaba el grupo chileno de Los Bunkers. La intolerancia independentista sigue su hoja de ruta sin atender otras razones que las suyas y de poco vale que en Madrid se lleven de nuevo las manos a la cabeza y no entiendan este nuevo paso hacia la República.


Precisamente, el día en el que El Periódico nos cuenta que su portada con el papel de la CIA advirtiendo del atentado de las Ramblas era cierto, y que Puigdemont, Font y Trapero mintieron como bellacos y -lo que es peor- intentaron ocultar su engaño enviando a quemar unos papeles secretos, que les dejaban en evidencia a ellos y a tipos como Assange, al economista de cabecera Xavier Sala Martí oa nuestra apasionada colega Pilar Rahola que perdieron los papeles de una manera tendenciosa e injusta.


Y esos caraduras son ahora los que se dicen dispuestos a seguir gobernándonos en Catalunya y saltarse la ley que todos tenemos que acatar sin que se les caiga la cara de vergüenza y olvidándose de que las mayorías también se miden en votantes y no en escaños, que esos son hijos de la Ley d´Hondt y de una ley electoral vigente pero muy contestada tanto en Catalunya como en el resto del Estado.


No tengo ninguna duda de que a Puigdemont no le veremos investido de President en esta legislatura, pero lo que sí me duele es que gracias a este tipo -que va a la suya, con el apoyo de quienes se han cerrado en banda que son la mitad de ciudadanos de Catalunya- nos siga tomando el pelo y que la Justicia sea tan garantista y, por lo tanto, lenta hasta lo insoportable, ya que el país está dormido en sus querencias y sigue en el desgobierno y en la división.


Visto lo visto, salvo que pase algo en Dinamarca, habrá que pedirle de nuevo al president Boadella que nos alegre el día con una nueva alocución, a fin de que, de una forma inteligente, nos desvuelva la sonrisa con una nueva plática que contrarreste tanta solemnidad enfermiza que ha convertido nuestra convivencia en un lodazal insoportable en el que nuestra libertad se ha enfangado y no tiene pinta de tirar ni hacia adelante ni hacia atrás.



Artículo original publicado en catalunyapress.es 


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