Solo ocho mujeres en más de seis décadas del Día das Letras Galegas
Este 17 de mayo, Galicia rinde homenaje a Begoña Caamaño, apenas la octava mujer honrada en esta efeméride desde su creación en 1963. Dos académicas de la RAG exigen que se consoliden los avances y advierten de que queda mucho camino por recorrer.
El Día das Letras Galegas cumple este año su 63ª edición con una protagonista femenina: Begoña Caamaño, periodista y narradora viguesa fallecida en 2014 a los 50 años. Su homenaje es, sin embargo, una excepción histórica. En más de seis décadas, solo en ocho ocasiones esta celebración ha puesto en el centro a una mujer. Y hasta 2017, ese número no llegaba ni a tres. Marilar Aleixandre y María López Sández, ambas miembros de la Real Academia Galega (RAG) e impulsoras de la candidatura de Caamaño junto a otras académicas, celebran los progresos pero no ocultan que la igualdad plena aún está lejos.
Begoña Caamaño debutó como narradora a los 45 años con Circe ou o pracer do azul (2009), a la que siguió Morgana en Esmelle (2012), cuya publicación coincidió con el diagnóstico de cáncer que acabó con su vida cuando acababa de cumplir los 50. Dos novelas, dos mundos míticos reescritos desde una mirada feminista, y una carrera en Radio Galega que la convirtió en referente del periodismo en lengua gallega. La RAG eligió a Caamaño en un momento en que, según la institución, urge reconstruir un periodismo comprometido con la ciudadanía, con la verdad y con el uso del gallego.
Un avance lento, pero avance
La filóloga López Sández señala que la escasa presencia femenina en el canon literario no es casual: es el resultado directo de siglos de exclusión. Las mujeres tuvieron vetado el acceso a la educación y a la publicación durante generaciones, lo que redujo su huella en la historia literaria oficial. Como dato revelador, apunta que muchas creadoras del siglo XIX eran autodidactas, hijas únicas y de familias con biblioteca propia —un privilegio minoritario—, y aun así tardó décadas en trasladarse al imaginario colectivo el reconocimiento de su valía. Aleixandre va más lejos: califica esa exclusión de violencia, ya que a las mujeres no se les permitió estudiar formalmente hasta 1910.
La escritora Marilar Aleixandre, Premio Nacional de Narrativa en 2022 por As malas mulleres, señala como punto de inflexión clave la llegada de Víctor Fernández Freixanes a la presidencia de la RAG, cuya sensibilidad hacia la representación femenina marcó un giro en la institución. Desde entonces, en los últimos nueve años, cinco de las personas homenajeadas en las Letras Galegas han sido mujeres, incluido el colectivo de cantareiras de 2025. Aleixandre reivindica además que la RAG es hoy la academia con mayor proporción de mujeres entre todas las academias del Estado, y subraya que muchas de ellas se definen abiertamente como feministas.
La trampa de morir joven
Hay, sin embargo, un patrón que preocupa a ambas académicas. Las últimas homenajeadas —Luisa Villalta, Xela Arias y ahora Begoña Caamaño— murieron con 46, 41 y 50 años respectivamente. López Sández lo explica por los requisitos estatutarios de la RAG, que exigen que la persona homenajeada lleve al menos diez años fallecida. En la generación actual, en la que hay una eclosión de escritoras de gran calidad, las primeras en poder ser reconocidas son, por desgracia, las que murieron más jóvenes. El resultado es que el homenaje llega siempre a figuras que dejaron su obra incompleta: Caamaño tenía dos novelas a medias cuando falleció.
Pese a los avances, Aleixandre recuerda que hace no tanto, cuando asesinaban a una mujer en Galicia, apenas una quincena de personas salía a manifestarse y la noticia aparecía enterrada en las últimas páginas de los periódicos. El reconocimiento de la violencia de género como problema social es uno de los logros del feminismo que ambas celebran, aunque alertan de que el cuidado de personas dependientes sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres, lo que limita su desarrollo profesional y literario.
Reivindicar el canon oculto
De cara al futuro, López Sández insiste en la necesidad de recuperar a las autoras que permanecen silenciadas fuera del canon oficial, no como cuota ni como gesto simbólico, sino reconociéndoles el lugar que merecen en la historia literaria. Aleixandre, por su parte, menciona nombres propios que aún esperan ese reconocimiento, como Fanny Garrido o Pura Vázquez —a quien la RAG ya dedicará el próximo Día de la Poesía—.
Ambas coinciden también en reivindicar la narrativa en castellano de Rosalía de Castro, mucho menos conocida que su poesía, como una obra imprescindible para entender la dimensión completa de su personalidad creativa. Y recuerdan que Rosalía nunca llegó a la RAG: la institución se fundó en 1906, tres años después de su muerte. Aleixandre reflexiona en voz alta sobre si, de haber vivido, la habrían admitido.
La lucha, concluyen las dos académicas, no es solo cultural: es una conquista colectiva que se juega también en las aulas, en los jurados literarios y en el imaginario social. Afianzar lo conseguido y no dar pasos atrás, ese es el reto.
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