El viento que mece la batea: de las corrientes y el calor depende el futuro del mejillón ante un 2026 catastrófico

Galiciapress entrevista al santiagués Uxío Labarta, investigador, profesor del CSIC y una de las voces más autorizadas para meter el bisturí sobre la situación del mejillón en Galicia, tercera mayor productora de la especie a nivel mundial en un sector que enfrenta un 2026 complicado por situaciones que han comprometido la actividad de los bateeiros. Aunque el último estudio de Labarta descubre que en los últimos años la producción ha descendido, el investigador huye del alarmismo y llama a la calma, incide en los cambios que se están dando en los ecosistemas marinos y anima a intentar modernizar y adaptar a la nueva realidad los sistemas de producción del mejillón. 


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Uxío Labarta

 

“Sacas una cuerda y en dos metros está todo perdido. Todo el mejillón muerto. Es una pena”. Este es el panorama que se encuentran los bateeiros estos días en la ría de Arousa, donde viven un inicio de año terrible por todas las vicisitudes que han tenido que enfrentar en los últimos dos meses y ante un panorama incierto en este modo de vida que parece languidecer. Episodios climáticos extremos, la subida de las temperaturas en el agua o la cantidad de agua dulce en las rías parecen poner en jaque un sector que ha sido diseccionado por el profesor del CSIC Uxío Labarta y la doctora Diana Zúñiga (North Wind) en un estudio a través de la producción de estos bivalvos desde 1970 hasta 2023, de manera que se puedan descubrir los cambios en este tiempo y como han afectado a esta industria tan importante y símbolo de Galicia. 

 

 

“FLUCTUACIONES” Y CONDICIONANTES

La de Uxío Labarta es una voz más que autorizada para analizar la realidad del mejillón en las rías gallegas. Profesor ad honorem del CSIC y con una trayectoria profesional que inició en 1972, Labarta subraya que atesora “54 años de trabajo” que le permiten tener una perspectiva amplia del sector y de su evolución durante medio siglo.

 

Su último estudio comprende desde 1970 hasta 2023 porque creía necesaria “hacer una reflexión profunda” sobre la capacidad de carga productiva y ecológica, un aspecto “importante para poder organizar y mejorar la producción de mejillón”. Las 250.000 toneladas de media que se producían en las últimas décadas se van muy lejos de las 178.000 toneladas en los ejercicios 2022 y 2023. Sin embargo, y aunque Labarta llama la atención sobre estas cifras, les resta peso al considerar que no es un descenso tan significativo como se podría interpretar. 

 

 

“No hablamos en ningún momento de una caída significativa de la producción. Se trata de una fluctuación”, explica el investigador, que pone como ejemplo los datos más inmediatos que se puedan publicar sobre el 2025, pues en ellos podría verse “incluso que se ha incrementado con respecto a 2024” y recordando la posibilidad de que “esas estadísticas trasladen parte de su producción a la venta del 2026”. “Habrá que esperar otro ciclo para ver cómo es esa repercusión. Es decir, la cuestión del año natural para valorar los ciclos biológicos de producción tiene muchos matices”, incide Labarta. 

 

Igualmente, aunque los datos describan una caída, tampoco cree que sean datos como para asumir que esta sea una situación crítica, sino que “tiene unos rasgos diferenciales, con años de mucha lluvia como este 2026 u olas de calor como las de 2024” que marcan esas fluctuaciones que detallaba en un análisis donde entran muchos factores. 

 

Bateeiro
Foto: Xunta

 

“Lo más preocupante hacia el futuro, y haciendo previsiones, son los cambios de estacionalidad del viento del nordeste”, valora Labarta sobre “la clave del afloramiento”, vital para la producción de mejillón ya no solo en las rías gallegas, sino “en toda la línea desde Senegal hasta aquí”. “De Portugal hasta más allá de Finisterre encontramos vientos estacionales, que es lo que da lugar al afloramiento cuando la estacionalidad es la adecuada”, sintetiza sobre unos cambios a los que se hay que adaptar.

 

 

Para ello, en primer lugar, hace falta entenderlos, como también hay que considerar aspectos como la contaminación y otras cuestiones que alteran el ecosistema y que no han sido examinadas en este estudio, pero que tienen su impacto ecológico en nuestras rías y, de manera concreta, en cada uno de los polígonos de bateas. 

 

El cambio de enfoque pasa por una modernización, aunque Labarta señala que las bateas gallegas “están muy bien optimizadas”. “Se han financiado muchos proyectos para cambiar la madera de eucalipto, que es resistente y sobre la que antiguamente se aplicaban tratamientos con alquitrán, por otro tipo de madera y materiales que están introduciendo poco a poco”, abunda el experto, con el ejemplo del “primer long-line de producción” que se desarrolla en Camariñas, que ofrece “otra perspectiva, otro modo de trabajar y otra tecnología”. 

 

 

La modernización, no obstante, parece complicada teniendo en cuenta que “no hay más bateas desde 1976”. Las 2.300 bateas de la ría de Arousa, por ejemplo, son las que había hace medio siglo, más allá de que algunas han cambiado su producción, pasando de la ostra al mejillón, y experiencias experimentales para la captación de semilla en entornos como Muros-Noia.  

 

TEMPORALES, TOXINAS, AGUA DULCE…

La preocupación en el sector ha aumentado en el inicio de este 2026, que para muchos productores está resultando catastrófico: una sucesión de temporales que han impedido faenar a muchos bateeiros durante casi todo el año, la baja salinidad que ha provocado una alta mortalidad de los moluscos en las rías, el cierre de polígonos por la presencia de toxina… Han sido muchas piedras en el camino dispuestas por fenómenos naturales, como remarca el investigador, que ofrece una perspectiva distinta. 

 

 

“Si no hay marea roja, porque esta puede tener o no toxina, es muy difícil que se consiga un mejillón grande, de calidad, con un rendimiento del 25 o 28%. Hay un exhaustivo control desde 1977, cuando se detecta la primera intoxicación por toxinas por una conserva procedente de Galicia, para que el mejillón gallego sea de buena calidad, porque tenemos ese afloramiento”, razona. 

 

 

El lado negativo llega con esos cierres que “cambian todo el sistema de producción y tienen consecuencias”, como ocurrió las pasadas Navidades, una época de muchas ventas, pero donde no se podía retirar el mejillón de los polígonos. Las consecuencias de ese parón las veremos en este año, por lo que “hay que tener mucho cuidado siempre con las cifras de producción, porque hay que conocer todas las variables biológicas que están influyendo en la comercialización”.

 

 

Otra gran dificultad es la ausencia de mejilla o la dificultad para encontrarla, algo de lo que ha escrito mucho Labarta porque, a su juicio, “está mal regulada”. “Es un problema de la administración”, censura, ya que estima que “se puede regular de otra forma; no comparto las fórmulas de la administración para gestionarla”. 

 

Aunque algunas economías familias se han podido ver perjudicadas por esta sucesión de catástrofes, Labarta no considera que este sea un modelo agotado ni que el sector corra riesgo. “Será un año mejor o uno peor, como en cualquier empresa, pero no se puede hablar de un riesgo para las 3.300 bateas”, sostiene.

 

Sea como sea, lo cierto es que este inicio de año y la tendencia de los últimos preocupan ya no solo a las familias de bateeiros, sino también a la industria conservera, de la que dependen decenas de miles de familias, que ha visto como la llegada del molusco a las factorías ha variado sensiblemente en las últimas décadas, no por una menor demanda, sino por las oscilaciones en la oferta. 

 

“CHINA NO ES COMPETENCIA”

El potencial de las rías gallegas sigue vigente, aunque las 178.000 toneladas, que están “dentro del límite inferior de las producciones históricas”, no parezcan muy alentadoras como para plantar batalla a China y Chile a nivel industrial, los productores que ocupan los dos primeros cajones del podio, mientras Galicia tiene que conformarse con el bronce. 

 

 

“China no es competencia”, sentencia Labarta, que remarca que el mayor productor del mundo dedica la mayor parte de esa producción “la destina a alimentación animal”. Chile, en cambio, es una competencia en el sector conservero, un hecho que ha provocado que algunas marcas diferencien los mejillones de uno y otro punto, algo que se traslada también en la diferencia de precio.  

 

Bateas xunta
Foto: Xunta

 

“Pero aquí el gran cambio en el mejillón se produce cuando antes dependía un 70-60% de la conserva, que era donde iba destinado el mejillón gallego. Desde 2008, con la introducción del mejillón de tamaño europeo, el mejillón fresco, el 60% va destinado a fresco y a los mercados europeos, particularmente Francia, Italia y Alemania y Bélgica”, añade sobre lo que considera “un cambio de paradigma radical”. 

 

¿UN BUEN MOMENTO PARA LA INVESTIGACIÓN?

El estudio es resultado de la acumulación de muchos años de investigación sobre el régimen de circulación de corrientes, que ya mereció la publicación de estudios en los años 90, o de la circulación dentro de las bateas, también en los 90 y en publicaciones más recientes de la última década. En lo que no entra es en cuestiones como el relevo generacional en el mar o el abandono de algunas producciones, cuestiones que pueden esconder la respuesta a algunos otros interrogantes en el sector. 

 

Para contar con una radiografía más precisa, tal vez sean necesarias más investigaciones y una mayor inversión en ciencia, aunque Labarta es optimista y recuerda que en el pasado era todavía más difícil. “Llevo 54 años, empecé en el mundo de la investigación marina en 1972. Este es un momento en donde la financiación es muy superior al que mi generación pudo tener”, celebra. 

 

 

Estos estudios permiten dibujar un mapa ya no solo de dónde venimos, sino hacia dónde podemos ir, lo que puede ser decisivo para este motor económico clave para Galicia. “No creo que hoy sea un problema de dinero. Hay problemas de personas, de formación… Pero la entrada del personal científico en las instituciones está mucho mejor que antes. No creo que sea un elemento límite. Otra cosa es el enfoque que haga cada investigador y grupo”, zanja Labarta.

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