España cierra su espacio aéreo a EE.UU., el precio del petróleo se duplica y Trump lanza amenazas
El presidente americano dice que está negociando con un "nuevo regimen" a pesar de que la revolución islámica sigue al frente. Presume de avances pero lo cierto es que la escalda continua y los mercados, a diferencia de otras ocasiones en las que Trump habló de una solución pronta, no se calman. El precio del barril Brent está a punto de superar el precio máximo durante la guerra de Irán.
Un mes después del inicio de la Operación Furia Épica, la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha transformado el mapa energético mundial. El precio del barril de Brent ha superado este lunes los 115 dólares, su nivel más alto desde 2022, en una escalada que desde el 28 de febrero ha encarecido el crudo europeo entre un 40 y un 50%.
El conflicto arrancó en la madrugada del 28 de febrero cuando el presidente estadounidense Donald Trump autorizó una ofensiva conjunta con Israel contra instalaciones militares, nucleares y de liderazgo de la República Islámica. La respuesta de Teherán fue inmediata: el cierre de facto del estrecho de Ormuz, paso por el que transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de crudo y una quinta parte del gas natural licuado. Además sigue golpeando con sus misiles Israel y los países del Golfo.
Por ese corredor de apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho circulaban, antes de la guerra, unos 17 millones de barriles diarios. Su bloqueo ha provocado una crisis energética de consecuencias globales que los mercados aún no han logrado absorber, pese a la liberación histórica de 400 millones de barriles de reservas de emergencia por parte de la Agencia Internacional de la Energía.
Irán, lejos de ceder, ha atacado refinerías en Kuwait, instalaciones de gas natural licuado en Qatar y ha desplegado minas en Ormuz.
El nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei —nombrado tras la muerte de su padre en los primeros bombardeos—, ha mantenido condiciones de negociación maximalistas mientras el mundo teme que el barril se dirija hacia los 200 dólares. Trump, por su parte, aseguró este domingo que Teherán permitirá el paso de veinte grandes petroleros por el estrecho "como muestra de respeto",algo que Irán ha negado. El lunes, el presidente americano ha vuelto a amenazar con atacar las centrales energética, campos de petroleo y plantas desalinizadoras -lo que sería un crimen de guerra.
España, fuera del conflicto
En este contexto, el Gobierno español ha adoptado este lunes una decisión de hondo calado político y diplomático: el cierre del espacio aéreo nacional a cualquier aeronave militar vinculada a la Operación Furia Épica.
La medida, confirmada a Europa Press por fuentes del Ejecutivo, va más allá de la negativa ya existente a que los aviones despeguen desde las bases de Rota y Morón. A partir de ahora, los aviones que operen en el marco de la ofensiva contra Irán tampoco podrán sobrevolar territorio español, incluyendo a los que partan de bases en Reino Unido o Francia. Los vuelos comerciales no se verán afectados, según ha confirmado el gestor de navegación aérea Enaire.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, ya había dejado claro con anterioridad que España no participaría en ninguna operación bélica iniciada de manera unilateral y al margen del Derecho internacional. "Pedimos que se respete la posición de España, que es firme, clara e inequívoca en contra de cualquier guerra", subrayó la titular de Defensa en declaraciones previas. Una postura que contrasta con la del Reino Unido, cuyos ministros autorizaron el uso de sus bases para "operaciones defensivas estadounidenses" destinadas a neutralizar capacidades iraníes en Ormuz.
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, salió este lunes al paso de las posibles consecuencias diplomáticas de la medida. En una entrevista en la Cadena Ser, Cuerpo defendió que la decisión es coherente con el rechazo del Gobierno a contribuir a una guerra iniciada "unilateralmente" y que las empresas españolas operan en Estados Unidos en las mismas condiciones que sus homólogas europeas. Para reforzar esa relación bilateral, anunció la apertura de dos nuevas oficinas económicas en Boston y Houston orientadas a ayudar a las compañías a instalarse en el mercado norteamericano.
La amenaza de Trump y el impacto en Galicia
La tensión con Washington no es nueva. El presidente Trump ya había respaldado la propuesta del senador republicano Lindsey Graham de retirar las tropas estadounidenses de las bases de aquellos países de la OTAN que no colaborasen en proteger el estrecho de Ormuz. La ministra Robles respondió entonces que no contempla esa retirada. La OTAN, en su conjunto, ha rechazado enviar buques de guerra al estrecho, lo que ha ampliado la brecha transatlántica y ha aislado aún más a Washington en su aventura bélica.
Para Galicia, el verdadero frente de guerra se libra en los mercados energéticos. La flota pesquera gallega, con sus más de 8.000 barcos y decenas de miles de empleos directos, lleva semanas absorbiendo unos costes de combustible que no tienen precedentes en los últimos años. Las cofradías de pescadores y las grandes armadoras han alertado de que la situación es insostenible si el precio del gasoil marino sigue subiendo al ritmo impuesto por el bloqueo de Ormuz. La industria electrointensiva gallega —aluminio, papel, cerámica— también mira con alarma el encarecimiento del gas natural, cuya cotización ha seguido de cerca la espiral del petróleo.
Pedro Sánchez, que esta semana escribió a la militancia del PSOE para defender la postura del Gobierno ante el conflicto, se juega parte de su capital político en sostener una posición de neutralidad activa que cada vez genera más presión desde Washington. La pregunta que se hace buena parte del tejido productivo gallego es cuánto tiempo puede aguantar esa posición —y cuánto puede aguantar su economía— antes de que el coste de la guerra en Ormuz se convierta en una factura imposible de pagar.
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