El pulpo gallego puede empezar a ser inglés y un poco más barato
Galicia importa el 80% del pulpo que consume y el precio en lonja se ha cuadriplicado en lo que llevamos de siglo debido al desplome de las capturas locales. ¿Puede el boom de capturas en el Reino Unido salvar el bolsillo de los amantes del pulpo a feira?
El pulpo ha irrumpido en las aguas del suroeste de Inglaterra con una fuerza que no se veía en décadas. En 2025, los desembarques en el Reino Unido fueron de unas 1.200 toneladas. Eso implica multiplicar por trece, aproximadamente, las cifras anteriores.
El boom es de tal calibre que el Reino Unido capturó el año pasado casi tanto pulpo como la flota de bajura gallega. Los barcos que faenan en las rías y cerca de la costa vendieron en lonja 1.232 toneladas.
Es decir, el año pasado, casi se capturó tanto pulpo en el Reino Unido como en Galicia
La pregunta que se hacen en Galicia es obvia: ¿puede este boom perjudicar al sector pesquero gallego? La respuesta, contra todo pronóstico, es ambivalente. El pulpo inglés puede suponer un alivio a los bolsillos de los comercializadores y clientes aunque , también, poner un clavo más en el ataúd de la pesca artesanal gallega.
La clave está en comprender cómo funciona realmente el mercado del pulpo en Galicia. La comunidad no exporta pulpo pescado en sus aguas; lo importa. Y en cantidades enormes. Se calcula que el pulpo capturado directamente en las rías gallegas cubre apenas entre el 20% y el 25% de lo que se consume en la región. El resto —entre el 75% y el 80%— llega del extranjero, fundamentalmente de Marruecos, con Mauritania y Senegal como proveedores secundarios.
La paradoja es llamativa para quien conoce la fama internacional de Galicia en este producto: la región que más sabe procesar, cocinar y comercializar el pulpo en el mundo depende críticamente de las importaciones para que no falte en los platos. A ello se suma una segunda paradoja: la flota de altura gallega captura pulpo en caladeros africanos y destina la mayor parte de esas capturas a la exportación al mercado europeo y americano bajo el sello de Galicia. Dicho de otro modo, Galicia importa pulpo para comer y exporta pulpo para vender, todo al mismo tiempo.
Frente a este panorama, que el Reino Unido capture más pulpo del habitual no supone ninguna amenaza a mayores para los pescadores gallegos. Su pulpo, cada vez más escaso, seguirá vendiéndose muy bien y a gran precio, porque es fresco, no congelado, y el sabor no es comparable. Su problema principal es otro, el desplome de capturas.
Para los consumidores y para los comercializadores la llegada de pulpo británico congelado puede ser un alivio. Cualquier incremento de la oferta mundial de producto congelado—sea marroquí, mauritana o, ahora, británica— tiene potencial para moderar los precios al alza que están ahogando el consumo.
Un precio que se ha multiplicado por cuatro en 25 años
Vivimos un desplome brutal de las capturas gallegas en este siglo. Según los datos oficiales de la Consellería do Mar, en el año 2000 se desembarcaron en las lonjas gallegas algo más de 2.300 toneladas de pulpo, a un precio medio de 3,09 euros el kilo. En 2010, un año excepcional, se superaron las 4.200 toneladas.
Entre 2000 y 2016, Galicia raramente bajaba de las 2.000 toneladas anuales. Sin embargo, en los últimos cinco años el panorama ha cambiado radicalmente: solo 2022 superó las 2.000 toneladas, con 2020 rozando el mínimo histórico con apenas 1.020 toneladas. En 2024, las capturas se quedaron en 1.183 toneladas, y en 2025 apenas mejoraron hasta las 1.232.
El precio medio en lonja, que empezó el siglo en torno a los tres euros, se situó en 2025 en los 11,41 euros por kilo. Se ha multiplicado casi por cuatro.
La consecuencia directa es que el pulpo a la gallega, plato emblemático de la gastronomía regional y uno de los más consumidos en toda España, se ha convertido en un producto de lujo para muchas familias.
Las pulperías, que durante décadas ofrecieron el pulpo a feira como una ración asequible, han tenido que ajustar sus precios al alza, con el consiguiente impacto en su clientela.
Hace años era fácil encontrar una ración de pulpo por 8 o 9 euros. Ahora es muy difícil encontrarla a menos de doce en los lugares populares y en los sitios turísticos se puede alcanzar precios de unos 20 o 23 euros.
El cambio climático, detrás de ambos fenómenos
Los científicos apuntan a que la caída de capturas en Galicia y el auge repentino en el Reino Unido no son fenómenos independientes. El cambio climático aparece como telón de fondo de ambos. Las aguas del suroeste inglés históricamente eran demasiado frías para que el pulpo común prosperase.
Pero en 2025 se registró lo que la Cornwall Wildlife Trust describió como una explosión poblacional excepcional, un fenómeno vinculado a las olas de calor marinas y a la alteración de las corrientes oceánicas del Atlántico Norte. Las poblaciones de pulpo en aguas británicas llegaron a multiplicarse por 65 respecto a la media reciente, según el portal científico Phys.org. Las aguas que antes eran una barrera ahora son un hábitat viable.
Los británicos empiezan a cogerle el gusto al pulpo
El mercado del pulpo en el Reino Unido es, por ahora, casi inexistente en términos domésticos. El producto ha llegado masivamente a los puertos del suroeste de Inglaterra, pero los consumidores locales apenas lo conocen. La tradición culinaria británica nunca incluyó el cefalópodo, a diferencia de la costa atlántica francesa o de la Península Ibérica.
Los pescadores de Guernsey, en las islas del Canal de la Mancha, pusieron en marcha en 2025 una campaña para promover el consumo local con el fin de paliar las pérdidas derivadas del daño que el pulpo causaba en sus nasas de langosta y buey de mar. La presencia masiva de pulpo depredó capturas de crustáceos, con caídas del 30% en langosta y de más del 50% en buey de mar y vieira.
La solución exportadora resultó más rentable: el Reino Unido vendió pulpo congelado a una media de entre 8 y 9 euros el kilo. Es decir, un 20% más barato que el pulpo fresco que se compra en las lonjas de Galicia.
España fue su principal cliente en la Unión Europea. También llegaron envíos a Marruecos, uno de los mayores productores mundiales del cefalópodo, lo que da idea de lo excepcional de la situación. Las exportaciones totales a los Veintisiete rozaron los diez millones de euros por algo más de mil toneladas. Un ingreso inesperado para una flota que nunca había considerado el pulpo como objetivo comercial.
En este 2026, los desembarcos continúan, con Newlyn y Brixham a la cabeza. Si la tendencia se consolida —algo que los expertos no dan por seguro, ya que los episodios históricos comparables de 1900 y 1950 fueron puntuales—, el pulpo británico podría convertirse en un factor de alivio para el bolsillo del consumidor gallego. No resolverá el problema estructural del desplome de las capturas en las rías, pero puede contribuir a que el precio no siga escalando sin freno.
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