Balsas mineras: Touro, Monte Neme y Alcoa, bombas de tiempo
La rotura en la antigua mina de Monte Neme el pasado 31 de enero y el incidente registrado el 11 de febrero ponen de manifiesto la fragilidad de estos depósitos abandonados por negligencia o desidia, según diferentes colectivos. Desde Touro-O Pino hasta San Finx, existe todo un legado de balsas contaminadas que están polucionando acuíferos y cursos de agua con consecuencias, a veces, irreparables
El pasado 31 de enero de 2026, los peores augurios de colectivos ambientalistas y vecinales se hicieron realidad en Monte Neme (Carballo). Un primer colapso en el sistema de contención liberó una lengua de agua, piedras, maderas y lodos que revivió lo sucedido en 2014. Apenas once días después, el pasado 11 de febrero, un segundo incidente ha confirmando que las obras de restauración en la antigua explotación minera, lejos de ser una solución, se han convertido en parte del problema. Según denuncian entidades como Ecoloxistas en Acción Galiza (EEAA), este desastre es el resultado de una ejecución "insensata e irresponsable", agravada por las intensas lluvias, pero cimentada en años de abandono.
Y es que la historia de Monte Neme ha estado marcada por la imprudencia y el abandono. Ya en 2014, el colapso de una balsa permitió hizo que miles de metros cúbicos de agua contaminada anegaran el ayuntamiento de Carballo. Años después, el lugar se hizo tristemente célebre por los instagramers que se bañaban en las aguas azul turquesa que ofrecían las balsas situadas en las canteras. Al final, el fenómeno tan fotogénico tenía un tóxico pues el color del agua se debe a la densidad de metales pesados. Los “bañistas” experimentaron intoxicaciones de diverso tipo.
Por su parte, la conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana, comparecía en el Parlamento el miércoles día 11 de febrero para defender la gestión de la Xunta, atribuyendo los hechos a los últimos episodios de lluvias intensas de los últimos meses. Las explicaciones de Lorenzana llegaron nueve días despues de que EEAA presentase en los juzgados de Carballo una denuncia penal por lo ocurrido en Monte Neme. En la denuncia se apuntaba a la administración autonómica y a la empresa adjudicataria de los trabajos de restauración en el lugar, la Unión Temporal de Empresas (UTE) Monteneme. Esta UTE la componen Voladuras y Transportes Blanco, de Carballo e Intacta Gestión Ambiental, de As Pontes.
Monte Neme: un "altar" profanado por la desidia institucional
La degradación de Monte Neme no es un fenómeno nuevo, sino una acumulación de desastres ambientales y patrimoniales que comenzó con la minería de wolframio y estaño a principios del siglo XX y culminó con la fase de cantera de la empresa Leitosa, ligada al que fuera político del PP, Juan Cotino. Ramón Varela, de la asociación Salvemos Cabana, describe el monte como un lugar que originalmente pudo ser un "altar para nuestros antepasados”. A día de hoy, el lugar se ha convertido en un paisaje de taludes con 30 metros de altura sin vallar y balsas sin sellar.
Tras el colapso de 2014, el plan de restauración aprobado desde la Xunta centró sus objetivos únicamente en la antigua cantera, dejando fuera gran parte de lo que había sido la superficie minera. La inversión realizada por el gobierno autonómico hasta el momento es de algo más de un millón de euros. Lo llamativo es que, por ejemplo, Voladuras y Transportes Blanco es una empresa vinculada al sector minero, lo que para muchos supone poner al "lobo a cuidar de las ovejas". Entre sus clientes figuran Atalaya Mining, accionista de Cobre San Rafael, propietaria de los derechos sobre la mina de Touro. Los movimientos ambientalistas, que también han luchado para frenar la instalación de parques eólicos sobre el terreno de las antiguas minas del Neme, denuncian una "dejación de funciones institucional" por parte de las instituciones autonómicas sobre recuperación de terrenos y control medioambiental. Esto, al mismo
Mina O Pino-Touro, el eterno desastre
La antigua mina de cobre de Touro y O Pino es, para muchos, un ejemplo de la contaminación silenciosa que ha dejado la minería en Galicia al no aplicar las medidas de seguridad y restauración necesarias. Las balsas de Bama, Vieiro y Angumil vierten a las corrientes de agua (riachuelos y ríos) contaminada también con metales pesados que van a parar al río Ulla (el segundo más caudaloso de Galicia) y finalmente a la ría de Arousa. La afectación, por tanto, no se queda solo en las aguas y terrenos donde se abrió la mina sino que se traduce en contaminación de bancos marisqueros, perjuicios para la pesca y riesgos para la salud pública.
Vídeo que muestra escorrentías de la balsa en la mina de O Pino-Touro cortando una carrtera
La mayoría de los depósitos de agua contaminada están situados en zonas de “brañas” (lugares inundables o anegados que en verano pueden ser usados como pasto), a esto se suman los acuíferos de la zona que ayudan a la entrada continua de agua. Este aporte constante de líquido y la falta de sistemas de bombeo o encapsulamiento, permite que los residuos ácidos y metales pesados acaben fluyendo hacia los ríos Brandelos y Lamas, y a riachuelos como el Portapego. También es frecuente que el desbordamiento de las balsas acabe afectando a las vías de comunicación cortando carreteras locales como ha sucedido con los últimos temporales.
La Plataforma Mina O Pino-Touro Non denuncia que la balsa de Vieiro, conocida por un característico color azul blanquecino, es una amenaza constante para la ganadería y la agricultura local. Sus aguas, además de contaminar ríos, también pueden llegar a los pastos de las explotaciones cercanas.
Vídeo de escorrentías desde la mina de O Pino-Touro este mes de febrero
Aún con todo esto, la empresa Cobre San Rafael estuvo interesada en retomar la actividad en la antigua explotación, para ello realizó en su día catas que alarmaron a toda la vecindad. Después de numerosas protestas, peticiones de vecinos y vecinas a la Xunta para poder acceder a los informes y que fueron denegadas, el gobierno autonómico emitió una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) negativa en 2020 para la reapertura prevista por Cobre San Rafael ya que no se garantizaba la seguridad para las fuentes de agua. A pesar de ello, la empresa insiste con nuevos planes mientras el pasivo ambiental de la vieja explotación sigue sin resolverse.
Alcoa y el gigante de lodos rojos en Xove
La balsa de lodos rojos de Alcoa, en el Concello de Xove, presenta una problemática singular. Se trata de un gran depósito de residuos derivados de la producción de alúmina que la empresa pretende ampliar elevando sus muros. El contenido de la balsa consiste en lodos procedentes de separar las arcillas y otros residuos del mineral de bauxita, materia prima para crear alúmina que, a su vez, es el elemento básico para crear aluminio.
Desde su creación en el año 1978, este depósito ha pasado por varios “recrecimientos” ante el incremento de residuos procedentes de la factoría de Alcoa. Así, y según lo previsto por la multinacional, estaba previsto aumentar la cota del muro de contención a 104 tal como se publicaba en el DOG del 18 de octubre de 2024 el anuncio de 14 de octubre de 2024 para el recrecimiento del muro. Sin embargo, en 2025 un nuevo informe elaborado por GEOSINTETIC para Alcoa, evaluaba la posibilidad de subir hasta la cota 110, previsiblemente para este 2026.
El aumento de cota y la consecuente ampliación de esta balsa ha despertado las alarmas entre el vecindario (algunas casas están a centenares de metros) de las parroquias que la rodean; Lago, Morás y Portocelo, todas ellas en el Concello de Xove. Alcoa ha mantenido reuniones con vecinos y vecinas para manifestar la ausencia de riesgo por rebose al aumentar la capacidad de la balsa de lodos. Sin embargo, desde el BNG local califican estas reuniones como un “greenwashing” (algo así como un lavado de cara) sin ofrecer garantías suficientes de seguridad.
Por otra parte, los riesgos que ofrece esta balsa de Alcoa no es solo estructural. Los vecinos de la parroquia de Lago y Morás (Xove) han expresado su malestar ante la acumulación de polvo rojo en la carretera que une la factoría con el depósito. Y es que el transporte en camión de algún material de desecho también suele contener polvo de arcilla. Esta arcilla suele contener restos de sosa cáustica procedente del proceso químico que separa la bauxita de los residuos resilientes.
Vídeo que muestra polvo de bauxita en suspensión / César Freire en Facebook
Además de esto, los y las vecinas han denunciado la presencia de nubes de bauxita que cubren pastos y afectan al ganado. “Hay ganado afectado por fluorosis esquelética, animales fuertes que de repente pierden masa muscular” señala César Freire, ganadero y vecino de la zona.
La ley y la trampa
El marco legal que debería garantizar la seguridad y restauración minera en Galicia parece tener demasiadas grietas. Cristóbal López, de Ecoloxistas en Acción, señala una práctica habitual: el uso de "empresas pantalla" que se declaran en quiebra antes de afrontar los avales de restauración, eludiendo así sus responsabilidades.
Un caso llamativo es el de la mina de A Penouta. Según las denuncias, se permitió a la empresa empezar a trabajar sin haber depositado el aval completo de 2 millones de euros; finalmente, la firma se abandonó el terreno dejando solo 100.000 euros, una cantidad insuficiente para cualquier labor de recuperación seria. En otros casos, como en San Fins, a las empresas les resulta más rentable pagar la sanción que rehabilitar el terreno.
La minería en Galicia, sobre todo en lo tocante a instalaciones abandonadas, navega entre el incumplimiento sistemático de las medidas de seguridad y una administración que, a menudo, parece eludir responsabilidades según organizaciones ambientalistas y sociales. Por último, si las balsas siguen siendo gestionadas como activos económicos y no como amenazas ambientales, el riesgo de que se repitan hechos como el del Monte Neme siguen latentes.
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