El minifundio forestal: rentabilidad frente al abandono de un modelo con siglos de historia

La fragmentación de la tierra en los montes gallegos, herencia de siglos de historia, se enfrenta hoy al reto de la rentabilidad y el abandono. Mientras el eucalipto gana terreno, los expertos proponen la cooperación como la única vía para transformar parcelas olvidadas en oportunidades económicas y escudos contra el fuego.


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Archivo - Eucaliptos
Archivo - Eucaliptos

 

El modelo imperante en la distribución de la propiedad del monte en Galicia se define, fundamentalmente, por ser un minifundio forestal. Esta estructura no es más que una expresión del minifundismo rural que caracteriza a toda la comunidad, donde la superficie está dividida en miles de pequeñas parcelas pertenecientes a multitud de propietarios. En cuanto a su aprovechamiento, el sistema actual se basa en gran medida en la gestión individual o familiar de estas piezas de tierra, con una productividad marcada por la fragmentación extrema de la superficie agraria.

 

Un legado de minifundio y montes vecinales

La división de la tierra en el monte gallego no es un fenómeno accidental, sino el legado de nuestros antepasados. El origen de esta fragmentación se encuentra en la lucha histórica por acceder a la propiedad de la tierra a través de la redención de los fueros, un hito que permitió a los campesinos convertirse en dueños de sus parcelas hace algo más de un siglo. Esta estructura de propiedad es, por tanto, idéntica a la división de los terrenos agrarios, compartiendo esa característica de pequeñas fincas dispersas.

 

 

 

 

 

Sin embargo, dentro de este modelo convive una figura singular y de gran valor: los montes vecinales en mano común. Basados en el derecho germánico, estos montes se manejan de forma conjunta por los vecinos, representando una riqueza no solo económica, sino también histórica y cultural. A diferencia del minifundio particular, el monte comunal ofrece una oportunidad de gestión colectiva donde los vecinos deben cooperar y consensuar las prioridades para su explotación.

 

Antes de la irrupción masiva del eucalipto, el monte cumplía funciones vitales en un contexto de economía de subsistencia. Aunque era una situación delicada de la que muchos intentaban escapar, las parcelas eran esenciales para el mantenimiento de las casas rurales y el sistema agrario tradicional.

 

Juan Picos, investigador de la Universidade de Vigo, durante su ponencia este lunes en el marco de la presentación de los resultados del Inventario Forestal Continuo de Galicia (IFCG) en el Campus Te
Juan Picos, investigador de la Universidade de Vigo, en el marco de la presentación de los resultados del Inventario Forestal Continuo de Galicia (IFCG) 

 

El reto de la rentabilidad: Más allá de la madera

¿Es rentable el actual modelo de propiedad? La respuesta de expertos como Juan Picos sugiere que, más que cuestionar su viabilidad, el enfoque debe ser cómo hacer rentable lo que ya tenemos. Si bien la fragmentación extrema puede parecer un obstáculo, también ofrece ventajas como la diversificación. Aunque esto pueda ser menos rentable económicamente de forma directa, representa una gran oportunidad desde el punto de vista medioambiental.

 

 

 

 

 

La plantación de eucalipto ha permitido que pequeñas propiedades obtengan beneficios rápidos debido a su crecimiento veloz, lo que ha incentivado a muchos propietarios a decantarse por esta especie. No obstante, existen otras vías para obtener rendimientos sin deshacer el sistema de distribución actual. En primer lugar se debe reforzar la cooperación para gestionar en conjunto, negociando precios únicos para la venta de madera o contratando servicios de limpieza de forma colectiva.

 

La cooperación aporta una escala que atenúa la división de la propiedad, permitiendo una gestión más eficiente y rentable. Por otra parte, se debe aprovechar la fragmentación para crear un mosaico forestal que sea resiliente y aporte valores ecológicos.

 

El "lado oscuro": Tierras sin dueño y riesgo de incendio

Uno de los mayores problemas actuales es el abandono del monte, una consecuencia directa del minifundismo y del desinterés de una sociedad que parece ya no necesitar la tierra. Este fenómeno tiene una cara especialmente compleja: la existencia de miles de parcelas cuyos dueños se desconocen, no se sabe dónde viven o han perdido el vínculo con su propiedad.

 

Este desconocimiento y la falta de cuidados suponen un riesgo crítico para la seguridad colectiva. En primer lugar, el monte abandonado y lleno de maleza es el combustible perfecto para los incendios forestales.

 

 

 

 

 

El descuido individual (desconocer dónde está una finca) acaba teniendo consecuencias para todos los vecinos cuando el fuego se propaga. La biomasa se acumula y esta es combustible para el fuego. Por otro lado, mientras que un propietario que desconoce su tierra sufre menos pérdida emocional en un incendio, aquellos que sí cuidan sus cultivos ven cómo su esfuerzo arde por culpa del abandono colindante.

 

Para solucionar esto, se proponen medidas como la investigación de la propiedad y la movilización de tierras a través de la gestión pública o colectiva (como el Banco de Terras), buscando fórmulas de consenso que respeten la propiedad privada pero prioricen la utilidad pública y la prevención.

Ence madera
Ence madera

 

La expansión del eucalipto: De Glóbulus a Nitens

Galicia y el noroeste peninsular presentan la mayor concentración de eucalipto de toda Europa debido a sus condiciones climáticas ideales: latitud atlántica, ausencia de inviernos extremos y alta pluviosidad. Originalmente, se plantaba el Eucalipto glóbulus, pero en los últimos veinte años se ha introducido masivamente el Eucalipto nitens.

 

Este cambio no responde necesariamente a un plan deliberado para ampliar la superficie, sino a un proceso natural de "ensayo-error". El nitens es más resistente a las heladas, lo que ha permitido llevar el cultivo a zonas del interior donde el glóbulus no sobrevivía. Aunque la industria papelera tuvo reticencias iniciales, esta especie ha funcionado y ha colonizado áreas previamente inviables.

 

 

 

¿Se puede hablar de monocultivo? Juan Picos se muestra crítico con este término en el contexto gallego. A diferencia de grandes plantaciones industriales en países como Brasil, donde miles de hectáreas se gestionan de forma idéntica, en Galicia la gestión es atomizada. Un vecino planta mil árboles y otro ochocientos; uno corta a los diez años y otro a los quince. Sin embargo, la preponderancia de una sola especie (monoespecífica) sí constituye una debilidad y un riesgo, ya que simplifica en exceso el sistema natural y económico de Galicia.


 


 


 

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