Recuperar el suelo tras un incendio forestal: no siempre está detrás el eucalipto
La salud del ecosistema gallego depende de la estabilidad de su base: el suelo. Tras un incendio, la pérdida de nutrientes y la erosión amenazan con desertificar zonas ricas, pero técnicas innovadoras como el "mulching" abren una vía para la esperanza.
El suelo es un recurso crucial para el funcionamiento de los procesos hidrológicos y la biodiversidad. Cuando un incendio forestal de alta severidad lo recorre, no solo desaparece la vegetación; se destruye la cubierta orgánica (hojarasca y mantillo) y se modifica la estructura física de la tierra. Los riesgos son inmediatos: la exposición al impacto directo de la lluvia dispara la erosión y la pérdida de nutrientes fundamentales como el carbono orgánico.
En Galicia, los terrenos más afectados suelen ser las áreas de matorral y los bosques de producción, incluyendo plantaciones de eucalipto y pino. Según las investigaciones de Fernández Filgueira y organismos vinculados a la Xunta, la "recuperabilidad" de un suelo depende estrechamente de la severidad del fuego y de la rapidez con la que se actúe. Si bien la mayoría de los suelos pueden iniciar un proceso de restauración, aquellos sometidos a temperaturas extremas que alteran incluso las arcillas minerales enfrentan un camino mucho más difícil y lento.
Especies, gestión y el mito del matorral
Basándose en los estudios de Fernández, el fuego forestal no tiene una relación "directa" exclusiva con una especie arbórea como el eucalipto en términos de origen, pero sí influye en el comportamiento del incendio debido a la carga de combustible. Las áreas más afectadas en los últimos años en Galicia han sido predominantemente los matorrales (brezales y tojares), tanto en zonas desarboladas como bajo el dosel del bosque.
Un factor determinante es la gestión: las mayores acumulaciones de combustible se presentan en áreas donde las leñosas crecen sin control ni competencia, a menudo en parcelas con una gestión deficiente o nula por parte de sus propietarios. Cuando estas formaciones están envejecidas o senescentes, acumulan una gran proporción de biomasa seca que facilita incendios mucho más intensos y rápidos.
La temperatura crítica: cuando el suelo "muere"
Los suelos más propensos a propagar y sufrir daños severos son aquellos con una densa capa de hojarasca y mantillo seco, que actúa como combustible continuo. El estado de la vegetación es clave: si está muy seca, la combustión es más completa y libera más energía hacia el suelo.
Físicamente, el suelo comienza a sufrir alteraciones importantes a partir de ciertos umbrales térmicos:
A los 170°C: Comienza la alteración de la materia orgánica.
A los 220°C: Se hace evidente un descenso en los nutrientes.
A los 460°C: La combustión de la materia orgánica es casi total, dejando el suelo estéril y extremadamente vulnerable.
Entre 460°C y 700°C: Se produce la alteración estructural de las arcillas, un daño que puede ser irreversible a corto plazo.
Técnicas de éxito en Galicia: el triunfo del acolchado
Para frenar la degradación, se emplean diversas técnicas de rehabilitación post-incendio. Las más destacadas en los estudios realizados en Galicia son el mulch (Acolchado) que onsiste en cubrir el suelo desnudo con una capa protectora. Se han probado restos de madera (astillas) y paja. Están también las fajinadas son construcciones de barreras con restos vegetales (matorral cortado) en laderas para frenar la escorrentía. Por último, está la siembra de semillas para acelerar la recuperación de la cubierta verde.
Los trabajos liderados por Fernández Filgueira en zonas como los Montes de Pardesoa (Soutelo de Montes) han demostrado resultados concluyentes: el mulch de paja es el tratamiento más eficaz. Mientras que un suelo sin tratar puede perder hasta 35 toneladas por hectárea en el primer año, la aplicación de paja reduce esa pérdida a solo 12 toneladas.
Por el contrario, técnicas más caras y laboriosas como las fajinadas o el mulch de astillas de madera no mostraron una reducción significativa de la erosión si se comparaban con las zonas no tratadas en Galicia. Estos estudios confirman que la intervención rápida con acolchado de paja es la herramienta clave para proteger la fertilidad de los montes gallegos tras el paso de las llamas.
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