Benito aún cree en la humanidad tras volver de Israel: “Lo que no sirve para nada es no hacer nada”

Benito González Rodríguez, el jubilado de Cangas que formaba parte de la Flotilla Global Sumud a Gaza, relata a Galiciapress como él sus compañeros -entre los que había siete gallegos- sufrieron día y medio esposados, golpes en la cabeza y tortura psicológica. Con todo, se muestra convencido de que mereció la pena y de que hay que seguir luchando. 


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Benito Gonzaléz el 30 de abril a bordo del Adobes
Benito Gonzaléz el 30 de abril a bordo de uno de los barcos interceptados posteriormente por Israel en aguas internacionales 

 

Benito González Rodríguez aterrizó en España con el cuerpo entero pero, reconoce, algo distinto por dentro. El jubilado de Cangas, ex-trabajador de Telefónica, que embarcó en la Flotilla Global Sumud con destino a Gaza, fue detenido por la Armada israelí junto a otros activistas.

 

Estuvieron casi 48 horas esposados y, como demuestra el vídeo subido por el propio Ministro de Interior de Israel, sufriendo lo que en la práctica fue una forma de tortura psicológica y maltrato físico, destinado a servir de advertencia para los que planeen sumarse a nuevas ediciones de la flotilla a Gaza. 

 

"Había un Benito antes y ahora hay un Benito 2.0 desde que salí de allí", reconoce en conversación con Galiciapress al poco de su regreso. Lo dice sin dramatismo, admitiendo que "aún no estoy con el ánimo de antes", lo enuncia con la serenidad de quien sabía exactamente a lo que iba y que reconoce abiertamente que el trato que le dispensaron a los activistas no tendrá nada que ver con el que sufren los palestinos.

 

El cangués formaba parte de la representación gallega en la flotilla de este año, que incluía también a seis personas más desde distintos puntos de Galicia. Todos ellos participaban en la Flotilla Global Sumud 2026, una iniciativa de más de tres mil activistas —entre los que predominaban personal sanitario— que intentaba abrir un corredor humanitario hacia Gaza en un momento especialmente delicado: con un alto el fuego entre Israel e Irán cogido por alfileres, con un conflicto abierto con Hezbollá en Líbano y con la situación humanitaria en la Franja de Gaza, donde la ONU ha denunciado un genocidio, que no mejora. 

 

Israel considera que la Flotilla Global Sumud viola el bloqueo marítimo impuesto y califica la misión de iniciativa encubierta al servicio de Hamás, y no de carácter humanitario.

 

La Flotilla Global Sumud es la más grande de una larga serie de tentativas de romper el bloqueo marítimo impuesto por Israel: hubo flotas en 2008, 2010, 2011, 2015, 2016, 2023,  2025 y 2026. 

 

Según el Ministerio de Exteriores israelí, la iniciativa está liderada por la Conferencia Palestina para los Palestinos en el Extranjero (PCPA) —designada por Israel como brazo de Hamás en el exterior— . Tel Aviv afirma que las embarcaciones pertenecen a empresas pantalla controladas por operativos de la "organización terrorista" para ser utilizadas como herramientas de propaganda y "yihadismo". En ninguna de las ocho ediciones de la flotilla los activistas han opuesto resistencia ni se han incautado nada que no sea ayuda humanitaria. 

 

Imagen de los detenidos en la flotilla Sumud en un frame del vídeo del Ministerio del Interior de Israel
Imagen de los detenidos en la flotilla Sumud en un frame del vídeo del Ministerio del Interior de Israel

Varios días con bridas en las muñecas

Nada más ser detenidos, los activistas pasaron dos días a bordo de lo que González describe como un "barco prisión": cuatro contenedores dispuestos en fila, de unos quince metros cada uno, con un patio interior donde los retenidos esperaban mientras oían llegar nuevos detenidos. 

 

A menudo lo más difícil, cuenta, era escuchar los gritos y los golpes que recibían los nuevos detenidos. Algunos se desplomaban al suelo nada más los dejaban en el patio. 

 

Al desembarcar en Israel comenzó otra fase: aproximadamente treinta y seis horas esposados con bridas de plástico, a veces con las manos delante, a veces a la espalda, y en algunos momentos con esposas también en los pies.

 

El trato físico fue duro, el trato humano, humillante. González narra cómo, al intentar subirse los pantalones —le habían quitado el cinturón en el registro— "me pegaron la primera ostia". Esto lo cogió desprevenido, no tanto las siguientes, que las hubo, y bastantes. 

 

Después vinieron patadas en las costillas de parte de varios soldados apostados en una esquina del túnel de entrada al recinto. Lo describe con cierta distancia, casi con humor, pero sin minimizarlo: "Me tocó mi ración de golpes".

 

Más perturbador que la violencia física fue, según cuenta, la dimensión psicológica. Los secuestrados,  "siempre apretujados", eran obligados a ver vídeos de imágenes "muy duras" que los israelitas atribuyen a Hamás —ejecuciones, bombas, extracción de dientes— mientras esperaban turno para pasar por los distintos departamentos del centro. 

 

Los soldados entraban en el patio lanzando granadas acústicas y había detalles más sutiles que rezuman sadismo. González relata que una joven que cuando lo guiaba de un compartimento aaprovechaba para colocarle el pasaporte sobre la cabeza o sobre la espalda "como si fuera un animal", tirando de la brida cuando el documento caía y tenía que bajar a recogerlo. 

 

"Como si no fuéramos humanos", resume una experiencia "humillante total".  El jubilado reconoce que habían realizado simulacros sobre cómo comportarse -ensayos en los que algunos activistas asumen el papel de israelitas-  pero que la realidad fue mucho peor. "Se pasaron mucho", concluye. 

 

Cuando se le preguntá si observó algún acto de buena voluntad entre sus carceleros o si ha perdido la fe en el ser humano, González tira de referencia literaria.

 

No sé si leíste a Orwell, cuando estuvo aquí durante la Guerra Civil, que contaba y decía que él, a pesar de todo, seguía creyendo en el ser humano.  Pues también pienso que, a pesar de todo eso... Son gente a la que forman precisamente para eso sin ninguna clase de consideración, ¿no? Y son indiferentes a todo.

 

Lo peor: escuchar los golpes en la oscuridad

González insiste en que lo más difícil no fue lo que le hicieron a él. Fue lo que escuchó por las noches. Cuando llegaba un nuevo barco detenido después del anochecer, los activistas ya retenidos en el patio se acercaban a la puerta del contenedor esperando que saliera alguien. Oían los gritos, los disparos de balas de goma, los golpes. Si el recién llegado salía en pie, los compañeros aplaudían. Si caía, se lanzaban todos a recogerlo. 

 

"Esas escenas se me quedaron grabadas como las peores", admite. En una ocasión, una mujer se desesperó e intentó forzar la puerta para ir al encuentro de quien llegaba; tuvieron que sujetarla.

 

Se me quedó esa escena muy grabada: todos miraban en aquella penumbra, todos mirando hacia la puerta del túnel de donde tenían que salir los nuevos, y nosotros estábamos oyendo los golpes. Hubo una ocasión en la que una mujer se desesperó, oíamos los golpes a los que llegaban y quería ir allí; la agarramos.y empezó a gritar y todo. Esas imágenes se me quedaron grabadas como las peores escenas del sitio.

 

A todo ello se sumó más de un día sin beber nada, a la intemperie en medio de la alta mar en aguas internacionales del Mar Mediterráneo, donde los secuestraron.

 

Golpes en Bilbao y una empresa de seguridad israelí

Para algunos, la pesadilla no terminó al salir de Israel. Cuando parte grupo llegó al aeropuerto de Bilbao, varios compañeros —que regresaban ya con dificultad para caminar— recibieron una paliza por parte del servicio de seguridad del aeropuerto. González señala que, según supieron después, la empresa de seguridad que opera en ese aeropuerto es de capital israelí. "Estaban como esperando para rematar", ironiza.

 

Sobre el papel del Gobierno de España, González valora positivamente las declaraciones públicas de figuras del Estado como el ministro de Exteriores pero considera que se queda corto. "Habría que llevarlo a la Unión Europea y plantearse aislar a Israel", argumenta en referencia a Israel, algo que estima no se hace debido a "intereses comerciales". Preguntado por la Xunta de Galicia, opta por no pronunciarse: "Prefiero no opinar", dice escuetamente.

 

Un acto de apoyo a Benito en Cangas durante el secuestro de la flotilla Sumud en una foto de Xosu00e9 Castro Facebook
Un acto de apoyo a Benito en Cangas durante el secuestro de la flotilla Sumud en una foto de Xosé Castro Facebook

"Volvería a hacerlo"

Pese a todo, González no tiene dudas. Preguntado si mereció la pena, responde que sí, sobre todo por la visibilidad que consiguió la causa de apoyo a los palestinos.  

 

Cierto es que cientos de familiares y vecinos se concentraron frente el Concello de Cangas durante aquellos difíciles días de incertidumbre e incomunicación, pues González, como los demás, arrojó sus dispositivos al mar cuando los infantes de marina de Israel abordaron a la flotilla, evitando que los hábiles servicios secretos de Israel rastreen las redes de solidaridad internacional. 

 

También cientos de personas se acercaron el domingo a la estación de tren de Santiago donde llegaron los gallegos de la flotilla Sumud.

 

 

 

Y cuando se le pregunta qué le diría a quien afirme que todo aquello no sirvió para nada, su respuesta es directa: "Lo que no sirve para nada es no hacer nada".  Sobre el argumento de muchos israelitas, de que los activistas de la flotilla son una especie de tontos útiles de un grupo terrorista, Hamás, el jubilado replica que "no tiene sentido" pues ellos solo portaban ayuda humanitaria, incautada en aguas internacionales pese a que Israel intentó, dice, obligarles a firmar que entraron ilegalmente en la Franja. 

 

Este viernes a las 20 horas, Benito González será el protagonista de un homenaje convocado por la plataforma Morrazo por Palestina en el Concello de Cangas bajo el lema "En defensa dos dereitos humanos, contra o fascismo e a ocupación".  En las próximas jornadas también está previsto un acto en la Fundación Araguaney de Santiago. 

 

 

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