Quien siembra vientos recoge tempestades

Manoel Barbeitos
Economista

Lo sucedido el pasado 31 de marzo en el RCD Estadium de Barcelona debería hacernos reflexionar a todos los demócratas sobre el origen y la razón de estas acciones filonazis y racistas. Porque no se trata de un acto aislado de varios cientos (miles) de personas formando manada, sino que es uno más dentro de una dinámica social y política que viene de años atrás. Una dinámica de acoso, insulto y persecución a los inmigrantes que es propia de mentalidades totalitarias, pero que si nos detenemos a analizarla vemos que no solo se da en los campos de fútbol sino en muchos otros lugares, incluso públicos como, por ejemplo, los Parlamentos. Actitudes agresivas que tienen como protagonistas a actores diferentes pero con una coincidencia: una ideología totalitaria que en la actual democracia empezó a brotar con fuerza a partir de una determinada fecha.

 

Una fecha que coincide con la de la moción de censura triunfante (2018) contra el gobierno corrupto de Mariano Rajoy (PP), que dio paso a un gobierno de progreso presidido por Pedro Sánchez. Porque a partir de entonces, tanto desde la oposición política de derechas (PP, Vox) como desde sus medios de información y opinión afines, se multiplicaron los ataques sectarios, primero a los partidos que acompañaban al PSOE (especialmente a Podemos) para después centrarse en aquel partido y, muy especialmente, en el secretario general Pedro Sánchez y su entorno. Ataques que, con la llegada a la política española de A. N. Feijóo y M. Tellado (2022) —dos políticos que claramente se han saltado todas las líneas rojas de las mentiras y los insultos— adquirieron un tono más ofensivo y amplio, con PP y Vox peleando entre sí por ver quién es más mentiroso y agresivo con los rivales políticos.

Ataques que tanto utilizan el insulto más mezquino («vamos a empezar a cavar la fosa donde reposarán los restos de un Gobierno que nunca debería haber existido», llegaría a decir Tellado) como la descalificación personal más soez («pero, ¿con quién está usted viviendo?, ¿de qué prostíbulos ha vivido?», le soltaría Feijóo a Sánchez).

 

No cabe la menor duda de que estas formas de hacer política animan a que en el seno de la sociedad afloren comportamientos intolerantes, insultantes y agresivos que en no pocos casos tienen como víctimas preferentes a los inmigrantes. Así, ¿cómo no relacionar los cánticos racistas y xenófobos de esos aficionados en el RCD Estadium con la política antiinmigración de las derechas extremas, que se oponen a la regularización de la situación de miles de inmigrantes llegando a afirmar que cuando ellos estén en el gobierno «expulsarán a ocho millones de inmigrantes y a sus hijos... no tiene ningún sentido que vivan sin trabajar, sin cotizar y sin intención de trabajar y de cotizar»? Como podemos ver, muchos ciudadanos (como esos energúmenos del RCD Estadium) en su relación con los inmigrantes no hacen más que seguir los postulados racistas y xenófobos de los partidos políticos de la derecha extrema.

 

En este contexto político y social no deberíamos perder de vista el hecho evidente de que ese lamentable suceso de Barcelona se produce cuando en Cataluña se está dando un importante ascenso de las fuerzas de extrema derecha, Aliança Catalana y Vox, fuerzas políticas que alimentan el racismo y la xenofobia. Según el barómetro del CEO (Centro de Estudios de Opinión), de celebrarse ahora elecciones en Cataluña, Aliança Catalana se dispararía, con una proyección de 19-20 escaños, empatando con Junts en el tercer puesto, mientras que Vox, con 13-14 escaños, superaría al PP; juntos sumarían entre el 24% y el 25% de los diputados en el Parlament.

 

Un ascenso del racismo y la xenofobia en el que las redes sociales juegan un papel de primer orden. En los últimos años —en la era de la posverdad— el papel de las redes sociales está siendo muy influyente en las estrategias de la difamación y la mentira sistemática que encontramos tanto en los discursos de no pocos dirigentes políticos como en las respuestas de mucha ciudadanía, creando entre ambos una realidad paralela: la posverdad. El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) nos informa de que una proporción muy significativa (34%) de los mensajes en las redes son hostiles hacia los inmigrantes, a quienes se asocia con la inseguridad ciudadana. «La tipología del contenido predominante es la que deshumaniza o degrada gravemente a los inmigrantes (39%), seguida de la incitación a la violencia directa (29%), empleando para ello un lenguaje agresivo explícito en la mayoría de los contenidos (53%)». Este Observatorio ha detectado que en algunos meses superan los 54.000 los contenidos con discursos de odio y racismo.

 

No parece que estos políticos y medios de información españoles que alimentan comportamientos racistas y xenófobos sean conscientes de los riesgos que ellos mismos corren, porque la historia nos ha enseñado que, como decimos en el titular, «quien siembra vientos, recoge tempestades» que acaban arrastrándolos también a ellos.

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