Rodrigo Brión Insua (A Pobra do Caramiñal, 1995). Grado de Periodismo en la Universidad de Valladolid (2013-17). Redactor en Galiciapress desde 2018. Autor de 'Nada Ocurrió Salvo Algunas Cosas' (Bohodón Ediciones, 2020).
En Twitter: @Roisinho21
“No queda ColaCao”. ¡¿Cómo tal cosa?! El mensaje compartido por la Doña me obliga a entrar en uno de los supermercados del centro de Santiago, tal vez uno afín al sionismo. Cargado con mis viandas me coloco último en la fila de la única caja registradora abierta, donde una dependienta mascachicle pasa con parsimonia cada uno de los artículos de la cinta con su código de barras por el lector. Reviso los ocupantes de la cola: un grupo de turistas coreanos, un estudiante belga de intercambio que se parece a Tintín, una muchacha ataviada con la camiseta de Paraguay y un señor muy pero que muy alto. ¿Es acaso el pivot serbio del Obra Goran Huskić? Empiezo a impacientarme en la cola y a tener miedo, sin motivo aparente, de que alguien delante de mí me reclame el ColaCao que aprieto con fuerza contra mi pecho.
“¿Qué haría Santiago Abascal en mi lugar?”, me pregunto, y no sé muy bien por qué, pero la respuesta brota de mi boca en forma de grito mientras agito mi DNI: “¡Prioridad nacional! ¡Prioridad nacional!”. Como residente en Santiago tengo derecho a ser atendido antes, a un trato preferente, a no tener que guardar cola como la chusma. El tiro me sale por la culata: unos señores muy amables y muy uniformados me invitan cortésmente a abandonar el establecimiento (y me advierten que la alternativa es abandonar el establecimiento, pero con no tan buenas maneras). Me quedo sin mi cacao en polvo y, consecuentemente, sin merienda.
Esto que narro puede ser verdad o no, pero en estos tiempos de regularización de extranjeros, acuerdos entre PP y Vox e investiduras sometidas a papeles que nos recuerdan al apartheid con ciudadanos de primera o de segunda, el relato, aunque cómico, puede resultar gasolina para algunos. Tal vez lo de la prioridad nacional no sea tan buena idea, teniendo en cuenta que mi Doña es también inmigrante. La pobre tuvo la desgracia de nacer al otro lado del muro, concretamente en la vecina Zamora. Ahora es una compostelana más, con su tarjeta del SERGAS y su odio visceral a los peregrinos que bajan cantando por San Pedro. No obstante, ¿se aplica para ella la prioridad nacional en Galicia?
Es más, ¿se me aplica a mí? Nacido y criado en A Pobra do Caramiñal, formado en Valladolid y rebotado en la capital gallega por motivos laborales. ¿Tengo el mismo derecho a quejarme de las obras en el Hostal dos Reis Católicos que alguien que nunca ha salido de Pelamios? Si caemos en esta espiral de la prioridad nacional, tal vez las ciudades se deserticen y pronto nos quedemos todos muy solos recluidos en nuestra casa, si es que ese cacho de tierra nos pertenece siquiera.
¿Y si aplicamos la prioridad nacional en Madrid, pero hasta el extremo de un ‘Madrid para los madrileños’? Es muy posible que la capital se quede absolutamente huérfana, teniendo en cuenta que casi nadie es de Madrid. Hordas de extremeños, gallegos, manchegos o murcianos regresando a sus pueblos, de los que tal vez nunca debieron salir, porque también ellos eran extranjeros en reinos lejanos, quitándole el trabajo a generaciones de gatos con sus papeles en regla, tratando de ganarse una vida y un futuro que se les negó en su tierra natal por los mismos que los empujaron a participar en la gentrificación y en el agujero negro que representa la capital de España, que absorbe toda fuerza de trabajo que cae en su órbita gravitacional.
Se empieza por negar las ayudas a las personas migrantes y se termina por tener dos fuentes de agua: una para los de aquí y otra para los de allá. Porque todos somos de alguna parte y todos estamos lejos de casa. Porque no importa si eres de Boiro o Dakar, porque el derecho a ganarse la vida y tener un futuro es universal. La prioridad es ser buenos, justos y dar en función de las necesidades, no de la procedencia. Que cada uno guarde su sitio en la cola, porque a todos nos llegará nuestro turno de ser atendidos. Hay ColaCao para todos. Que la derecha y extrema derecha no nos hagan creer lo contrario.
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