El dolor crónico afecta ya a uno de cada cuatro adultos, no hay porqué resignarse
Cada vez más profesionales alertan de que convivir con el dolor no debería asumirse como algo inevitable. En Galicia, hospitales y centros especializados constatan un aumento de pacientes que posponen la consulta médica y acaban desarrollando dolor crónico, una dolencia con fuerte impacto físico, emocional y social.
Dormir mal, depender de analgésicos o renunciar a hobbies son gestos cotidianos para miles de personas. Cuando estas molestias persisten más de tres meses, los especialistas hablan de dolor crónico, una condición que afecta aproximadamente al 25 % de la población adulta española. En centros gallegos como el Hospital Quirónsalud Miguel Domínguez de Pontevedra, advierten de que lo más preocupante no son solo las cifras, sino la asunción social del sufrimiento como algo normal.
El doctor Nabor Fernández, miembro de su Unidad del Dolor, explica que muchas personas “aguantan” pensando que el malestar pasará o temen enfrentarse al diagnóstico. En otros casos, aparece una adaptación tan gradual a la pérdida de movilidad que el paciente apenas es consciente de su deterioro. Esta resignación, recalca, retrasa el tratamiento e incrementa el riesgo de cronificación.
El dolor se “aprende”: la memoria del sufrimiento
El aplazamiento en la atención puede tener consecuencias neurobiológicas. Fernández detalla que, con el tiempo, el sistema nervioso puede generar una especie de “memoria del dolor” debido a fenómenos de neuroplasticidad. Este mecanismo amplifica la señal dolorosa y dificulta que los tratamientos sean efectivos, haciendo que el control del dolor se vuelva más complejo a largo plazo.
Además, el impacto se extiende mucho más allá de lo físico. Cuando un paciente llega a consulta tras meses –o incluso años– de evolución, es habitual hallar trastornos del sueño, ansiedad, bajo ánimo o retraimiento social, especialmente en el entorno familiar y laboral. También son frecuentes los tratamientos inadecuados, que perpetúan la sensación de frustración y dependencia de los analgésicos.
En Galicia, donde la población envejecida y las dolencias musculoesqueléticas son más prevalentes que en otras comunidades, el dolor crónico constituye un importante desafío sanitario. Según estudios del Sergas y de sociedades médicas gallegas, la atención precoz y multidisciplinar mejora el pronóstico, pero todavía persisten barreras culturales y de acceso, especialmente en áreas rurales.
El doctor Fernández recomienda acudir a una valoración médica específica cuando el dolor persiste más de tres meses, interfiere con el descanso, limita la autonomía o no mejora con analgésicos habituales. También es un aviso claro cuando obliga a modificar rutinas diarias o causa dependencia de medicación sin lograr un control estable.
El especialista recuerda que cuanto antes se actúe, mayores son las posibilidades de revertir la sensibilización del sistema nervioso y evitar que la dolencia se consolide. El abordaje más eficaz, añade, combina tratamientos farmacológicos, fisioterapia, apoyo psicológico y actividad física adaptada, con el objetivo de recuperar funcionalidad y mejorar la calidad de vida.
El enfoque del dolor crónico ha cambiado: ya no se trata de suprimir únicamente la sensación dolorosa, sino de restaurar la capacidad de vivir de forma activa y autónoma. Desde la Unidad del Dolor pontevedresa insisten en que resignarse o posponer la atención no debería ser una opción. “No se trata de acostumbrarse a sufrir”, resume el especialista, “sino de entender el origen del dolor y tratarlo correctamente antes de que condicione la vida de la persona”.
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