Correr sin preparación cardiovascular, un peligroso riesgo para los corredores aficcionados
Cada vez más gallegos se apuntan a retos de resistencia sin someterse a controles médicos previos; los especialistas advierten de que un simple electrocardiograma puede marcar la diferencia
Pontevedra, 10 de abril de 2026. Las plazas de inscripción en carreras populares y marchas de larga distancia se agotan en toda Galicia en cuestión de horas. El fenómeno del running y los retos de resistencia ha dejado de ser cosa de atletas de élite para convertirse en una afición masiva que, sin embargo, arrastra un problema silencioso: una buena parte de los participantes son deportistas amateur que nunca han pasado por una consulta de cardiología antes de cruzar la línea de salida.
El doctor Rodrigo Medina, especialista en Cardiología del Hospital Quirónsalud Miguel Domínguez de Pontevedra, lo resume con claridad: no realizarse ninguna evaluación previa es un error que puede tener consecuencias graves. Como mínimo, defiende, cualquier persona que vaya a afrontar este tipo de esfuerzo debería hacerse un electrocardiograma y, a partir de ese resultado, valorar si se necesitan pruebas adicionales.
El riesgo según la edad
El perfil de riesgo cardiovascular no es homogéneo. En deportistas jóvenes, las complicaciones suelen tener su origen en alteraciones estructurales o eléctricas del corazón, patologías que en muchos casos no generan síntomas y que solo se detectan mediante pruebas específicas. En cambio, a medida que avanza la edad, cobran más relevancia factores como la hipertensión, el colesterol elevado o el tabaquismo, condiciones que también pueden pasar desapercibidas durante años.
Ese carácter asintomático es precisamente lo que convierte la situación en especialmente delicada: muchos participantes llegan al punto de salida convencidos de que gozan de buena salud, sin saber que arrastran un riesgo no diagnosticado. El doctor Medina subraya que en personas mayores de 35 años o con antecedentes familiares la valoración debe ser individualizada y, en determinados casos, requiere pruebas de esfuerzo u otros estudios complementarios.
Pulsómetros para no pasarse de rosca
Una vez en carrera, el control del esfuerzo se convierte en el segundo gran frente de prevención. Los dispositivos de monitorización de la frecuencia cardíaca —desde relojes deportivos hasta pulsómetros de banda torácica— han dejado de ser un capricho tecnológico para convertirse en una herramienta de seguridad real. Según el especialista pontevedrés, estos aparatos permiten detectar irregularidades en el ritmo cardíaco durante el ejercicio y, sobre todo, evitar que el corazón trabaje durante demasiado tiempo a una intensidad excesiva.
Mantener de forma prolongada frecuencias cardíacas muy elevadas multiplica el riesgo de complicaciones. En pruebas de larga duración y alta exigencia, como medias maratones, ultrasendas o marchas de montaña, el desgaste acumulado es considerable. Los especialistas insisten en que cada persona debe adaptar su ritmo a su condición física real, y no a la de sus compañeros de dorsal o a los tiempos que circulan por las redes sociales.
Preparación y sentido común
El mensaje de fondo no es desincentivar la práctica deportiva, sino todo lo contrario. La actividad física regular está asociada a una vida más larga y saludable, y las carreras populares son un motor de motivación para miles de personas en Galicia. La clave está en que ese impulso vaya acompañado de preparación adecuada y de una revisión médica que descarte riesgos antes de lanzarse a entrenar para una prueba exigente.
"Realizar actividad física es beneficioso, pero debe hacerse con preparación y sentido común", concluye el doctor Medina. Una frase sencilla que encierra la hoja de ruta que los cardiólogos llevan años tratando de trasladar a los circuitos y senderos gallegos cada primavera.
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