La lavandería del SERGAS Vigo no quiere pagar el tiempo del bocadillo pese a sus 360 millones de beneficios
Los servicios está privatizados desde que la Xunta tiró de dinero privado para construir el hospital público Álvaro Cunqueiro. Hay una concesionaria ,Sociedad Concesionaria Novo Hospital de Vigo, que subcontratata a una multinacional francesa. Ésta rechaza considerar tiempo de trabajo el reglamentario descanso para el bocadillo. Los salarios a penas superan el salario mínimo. Así las cosas, los trabajadores dicen que están al borde de la huelga.
Los trabajadores que lavan las sábanas, los uniformes y la ropa quirúrgica de los tres grandes hospitales públicos de Vigo piden a la empresa que se siente a negociar antes de que la situación explote.
El Comité de Empresa de la lavandería hospitalaria de Vigo lanzó este jueves un llamamiento a la negociación para evitar que el conflicto por el nuevo convenio colectivo derive en movilizaciones que afecten al suministro de ropa estéril y lencería en el Hospital Álvaro Cunqueiro, el Hospital Meixoeiro y el Hospital Nicolás Peña. El detonante de la crisis es, en apariencia, pequeño: los veinte minutos de pausa para el bocadillo. La empresa subcontratada, Elis Manomatic, se niega a reconocerlos como tiempo de trabajo efectivo.
Un derecho no reconocido por defecto
La legislación española no obliga automáticamente a que ese descanso cuente como jornada retribuida. El Estatuto de los Trabajadores establece un mínimo de quince minutos de pausa cuando la jornada continuada supera las seis horas, pero ese tiempo solo computa como trabajo efectivo si así lo recoge el convenio colectivo o el contrato individual. Es precisamente ese reconocimiento lo que los representantes sindicales exigen incluir en el nuevo acuerdo, y lo que la dirección de Elis Manomatic rechaza de plano, dejando las negociaciones atascadas.
Desde el comité de empresa se insiste en que la plantilla, más de noventa familias, no quiere ir a la huelga ni comprometer la atención a los pacientes. Pero también dejan claro que las condiciones en las que se trabaja en esa lavandería no admiten más recortes en derechos. El personal manipula residuos biológicos, trabaja a altas temperaturas y soporta un ritmo de producción intenso, todo ello con salarios que apenas alcanzan el Salario Mínimo Interprofesional.
Lo que convierte este conflicto en especialmente llamativo es la brecha entre las exigencias que se le ponen a los eslabones más bajos de la cadena y los recursos que fluyen por ella. La empresa concesionaria del Hospital Álvaro Cunqueiro —el mayor hospital de Galicia— cobra a la Xunta de Galicia un canon anual de entre 70 y 80 millones de euros para gestionar las instalaciones y los servicios no clínicos, categoría en la que se encuadra la lavandería. Elis, la multinacional francesa que encabeza el grupo del que forma parte Elis Manomatic, registra beneficios netos globales que superan los 360 millones de euros.
Ante esas cifras, los sindicatos consideran indefendible la postura de la empresa. Sostienen que el coste de reconocer esos veinte minutos como tiempo efectivo es perfectamente absorbible dentro del contrato de concesión, y que mantener la negativa solo sirve para deteriorar el clima laboral en unos centros sanitarios cuya logística depende directamente de que la lavandería funcione sin interrupciones.
El comité no se limita a presionar a Elis Manomatic. En su llamamiento de este jueves también dirigió una petición formal a la Consellería de Sanidade y a la gerencia del SERGAS para que ejerzan su papel de tutela sobre las empresas adjudicatarias. Los representantes de los trabajadores recuerdan que los pliegos de contratación pública incluyen obligaciones de estabilidad y calidad en el empleo, y que la administración autonómica no puede mirar hacia otro lado cuando una de sus principales contratas presiona a la baja las condiciones laborales de sus empleados.
La petición de mediación busca, sobre todo, desactivar el riesgo de huelga antes de que llegue a materializarse. Un paro en la lavandería no solo afecta a los trabajadores: corta el suministro de ropa estéril para quirófanos, de uniformes sanitarios y de la lencería básica que necesitan diariamente los tres hospitales. El impacto sobre los pacientes sería directo e inmediato.
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