Silicona en cerraduras de apartamentos turísticos de la zona vieja de Santiago
La turismofobia ante la avalancha de visitantes que ha expulsando a los compostelanos del casco histórico puede estar detrás de estos sabotajes en la zona de Hortas.
La llamada llegó de madrugada. Unos clientes que no podían salir de su habitación alertaron a Sheila Rodríguez, propietaria del Hostal San Pelayo, en pleno casco histórico de Santiago de Compostela. Cuando llegó corriendo al establecimiento, lo que encontró era inequívoco: silicona obstruyendo las cerraduras, los cajones portallaves inutilizados y pegatinas con el lema 'Turistas fóra' pegadas en las puertas. Alguien había actuado esa noche del viernes de forma premeditada contra su negocio.
Lo que en un primer momento parecía un acto aislado fue revelándose como algo más coordinado. Mientras bajaba a interponer la correspondiente denuncia ante la Policía Nacional, la propietaria fue comprobando que otros alojamientos de las zonas de San Roque y As Hortas también habían sido víctimas del mismo tipo de ataque. Ella misma, relata a la CRTVG, se encargó de avisar a los establecimientos afectados que encontraba en su camino.
La técnica utilizada en Santiago no es nueva en el panorama del activismo turísticaen España. En Sevilla, concretamente en el barrio de Santa Cruz —donde seis de cada diez viviendas están dadas de alta como alojamiento turístico—, ya se registraron episodios similares hace años, cuando cajones portallaves de apartamentos turísticos amanecieron sellados con silicona acompañados de pegatinas con el lema 'Tourist go home'.
En Barcelona, la organización juvenil Endavant —vinculada a la CUP— reivindicó públicamente en 2018 haber bloqueado con silicona y clips las cerraduras de hoteles, oficinas de información turística y locales de custodia de equipaje en la ciudad condal, difundiendo las imágenes en redes sociales bajo el lema de que combatían el capitalismo, no el turismo en sí.
Lo sucedido en la noche del viernes en Santiago supone, en todo caso, una escalada en la forma en que el malestar ciudadano con la turistificación del casco histórico compostelano se está traduciendo en hechos concretos. Hasta ahora, las expresiones de rechazo al modelo turístico imperante en la ciudad —bautizado popularmente con el término 'fodechinchos' durante el verano de 2024— se habían limitado principalmente a pintadas, quejas en redes, pancartas y manifestaciones vecinales canalizadas a través de plataformas como Compostela Resiste.
Una ciudad que debate su modelo turístico
El contexto en el que se produce este ataque no es casual. Santiago de Compostela lleva años en el centro del debate sobre los límites del turismo de masas. Un estudio de la USC publicado en febrero de 2025 reveló que más de la mitad de los compostelanos rechaza el modelo turístico actual de la ciudad. Los alquileres se han disparado, la zona vieja pierde población residente, los comercios de toda la vida ceden paso a tiendas de souvenirs y, cada verano, los comportamientos irrespetuosos de una parte de los visitantes alimentan la indignación vecinal.
La situación de los alojamientos turísticos en la ciudad es especialmente llamativa. El pasado mes de abril, el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, se reunió con la alcaldesa Goretti Sanmartín para abordar la proliferación de anuncios ilegales: en una sola plataforma de alquiler online se detectaron 406 anuncios de viviendas turísticas cuando el Ayuntamiento solo había concedido 66 licencias. Más de 9.000 anuncios de alojamientos turísticos en toda Galicia carecerían de número de licencia, según los datos del ministerio.
Sheila Rodríguez: "Somos vecinos de la ciudad, no somos grandes empresas. Loitamos por traballar e por ofertar un servizo como o que merece unha cidade como Santiago, sobre todo agora que lles cobramos a taxa turística"
En este clima de tensión creciente, los propietarios de establecimientos regulares se sienten atrapados entre dos fuegos. Sheila Rodríguez lo expresa con claridad: para ella, el peor daño no fue material —los desperfectos fueron leves— sino la experiencia negativa que vivieron sus huéspedes. Defiende que su hostal lleva operando con licencia desde 1980 y que ella y sus compañeros del sector son vecinos de la ciudad, no grandes empresas foráneas. , subrayó.
La investigación policial, en marcha
La Policía Nacional investiga los hechos con el apoyo de las grabaciones de los sistemas de videovigilancia instalados en la zona. Mientras tanto, el Hostal San Pelayo ya ha retomado su actividad con normalidad, aunque con la preocupación de que algo similar pueda repetirse con el inicio de la temporada alta, después de lo que la propietaria describe como un invierno flojo en ocupación. Invierno flojo que está siendo un alivio para los compostelanos críticos con la avalancha de turistas.
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