Casi un 20% de las familias augura que sus hijos con discapacidad no podrán trabajar en el futuro, según Adecco
Casi un 20% (el 19,5%) de las familias con hijos con alguna discapacidad augura que los niños no podrán trabajar en el futuro, según Adecco. Esta es una de sus principales preocupaciones.
Con motivo del Día Internacional de las Familias, que se celebra el próximo 15 de mayo, el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco presenta el 15º informe Discapacidad y Familia, que analiza la situación, preocupaciones y expectativas de las familias con hijos con discapacidad.
Las conclusiones de este informe se basan en una encuesta realizada a 425 familias con hijos con discapacidad, el 3% residentes en Galicia. De ellas, el 50% tiene discapacidad intelectual; el 30,8% psicosocial -derivada de un diagnóstico de salud mental-; el 19,3% física; el 14% sensorial y el 3,7% orgánica.
En Galicia, 270.000 hogares (el 25%) conviven con, al menos, una persona con discapacidad y se contabilizan 12.473 personas con discapacidad menores de 18 años, según la Base Estatal de Personas con Discapacidad del IMSERSO. Esto sitúa a la comunidad gallega como la que presenta un mayor porcentaje de hogares con discapacidad en España, donde la media alcanza el 20,5%.
Destacan que en las primeras etapas tras el diagnóstico, las emociones predominantes suelen estar ligadas al impacto inicial de la noticia. Según los datos del presente informe, los sentimientos más frecuentes entre las familias son el miedo (91,8%), la desorientación (83,8%) y la tristeza (66,6%). Un poco más lejos emergen también emociones como la soledad (25,6%), la incomprensión (24,2%) o el enfado (19.8%).
Con el paso del tiempo, muchas familias logran reorganizar su vida cotidiana y avanzar hacia una nueva normalidad. Sin embargo, a medida que se superan las primeras fases de impacto, emergen otras preocupaciones vinculadas al largo plazo y, con el tiempo, el miedo inicial que sienten el 91,8% de las familias tiende a transformarse: el foco deja de situarse en el diagnóstico y se desplaza progresivamente hacia el futuro, especialmente hacia el largo plazo.
En concreto, emerge con fuerza la preocupación por qué ocurrirá cuando los padres ya no estén y quién garantizará el bienestar, la autonomía y la estabilidad de su hijo o hija en la vida adulta. En efecto, el 78% de las familias reconoce que su mayor preocupación, superado el impacto inicial del diagnóstico, es qué ocurrirá con su hijo cuando ellos falten, especialmente ante la posibilidad de que no existan otras figuras de referencia (como abuelos, hermanos u otros familiares) que puedan acompañarle y velar por su bienestar.
Este temor está estrechamente relacionado con el riesgo de aislamiento social, mencionado por el 47,8% de las familias, ya que la falta de una red de apoyo estable puede limitar las oportunidades de participación en la comunidad y la continuidad de apoyos que favorezcan una vida autónoma.
A esta inquietud se suma la preocupación por la persistencia de prejuicios y barreras sociales: cerca de la mitad (43,8%) teme que su hijo pueda ser discriminado o rechazado en diferentes ámbitos de la vida. Asimismo, un 10,4% manifiesta inquietud por el acceso a una vivienda adecuada en el futuro, que garantice a su hijo con discapacidad unas condiciones de vida autónoma, segura y adaptada a sus necesidades.
PREOCUPACIONES EN EL ÁMBITO LABORAL
Las preocupaciones de las familias también se proyectan sobre el ámbito laboral. Esta inquietud no es infundada, alegan, puesto que actualmente, la tasa de actividad de las personas con discapacidad apenas alcanza el 35,4%, lo que quiere decir que el 64,6% de las que tienen edad laboral no tiene trabajo ni lo busca -un porcentaje que asciende hasta el 78,5% entre el resto de la población-.
Por otra parte, casi seis de cada diez familias (57,2%) reconoce no tener claro cómo será su futuro profesional. Esta inquietud, en mayor o menor medida, la comparten todos los padres y madres del siglo XXI en un contexto de transformación acelerada del mercado laboral, marcado por la automatización, los cambios en las competencias o la redefinición de muchos puestos de trabajo.
Sin embargo, en el caso de las personas con discapacidad, esta incertidumbre se intensifica al persistir barreras estructurales que dificultan su acceso al empleo en igualdad de condiciones. De hecho, solo el 13,2% cree que su hijo trabajar en una empresa ordinaria.
Por su parte, un 12,2% considera que podrá acceder a un empleo con apoyo.
Resulta especialmente significativo que un 19,5% de las familias considere que su hijo no podrá trabajar en el futuro, ya sea debido a un elevado grado de discapacidad o a la percepción de que el mercado laboral todavía no ofrece oportunidades reales de inclusión.
Asimismo, la principal inquietud se concentra en la falta de itinerarios formativos adaptados a la persona con discapacidad: ocho de cada diez familias (80%) consideran que no existen opciones de formación suficientemente alineadas con las capacidades, intereses y vocación de su hijo.
Esta carencia limita de forma directa sus expectativas de acceso al empleo, ya que dificulta la adquisición de competencias ajustadas tanto a sus necesidades de apoyo como a las demandas reales del mercado laboral, reduciendo así las posibilidades de una inclusión laboral efectiva.
En la misma línea, más de la mitad de las madres y padres (52%) considera que su hijo no está recibiendo el acompañamiento necesario para acceder al empleo en el futuro, lo que incrementa la sensación de inseguridad ante su vida adulta.
Asimismo, el 60% duda que llegue a contar con las competencias necesarias para desenvolverse con autonomía en un futuro puesto de trabajo, mientras que un 29% teme que las empresas no dispongan de los apoyos técnicos y humanos necesarios para facilitar su inclusión.
IMPACTO EN LA TRAYECTORIA PROFESIONAL DE MADRES Y PADRES
Por otro lado, los resultados del presente informe confirman el impacto directo de la llegada de la discapacidad en la trayectoria profesional de madres y padres.
El 75% ha tenido que realizar cambios en su vida laboral para atender las necesidades de apoyo de su hijo con discapacidad. Entre las medidas más frecuentes destacan la reducción de jornada (28,1%), el acceso a nuevas fórmulas de flexibilidad laboral (18%), la salida del empleo (16,9%) o el acogimiento a la prestación CUME -subsidio para el cuidado de menores con enfermedad- (12,4%).
Además, un 8% señala que logra compatibilizar empleo y cuidados con gran dificultad, en una dinámica marcada por el esfuerzo constante, mientras que un 3% se ha visto obligado a cambiar de empleo para poder adaptarse a las necesidades de apoyo de su hijo.
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