Más bien parecería, por lo que estamos sabiendo, que el mayor peligro para la democracia, la libertad, el progreso y la seguridad en Estados Unidos se encuentra en su interior: en una administración liderada por un neofascista que, contando con el apoyo de una oligarquía, está llevando adelante una serie de medidas que tanto atentan contra la libertad y los derechos humanos como tratan de frenar el ejercicio de la democracia —considérense, por ejemplo, los intentos de Donald Trump por impedir que la población inmigrante, pero residente en Estados Unidos desde hace años, pueda votar en las próximas elecciones al Congreso y al Senado para así impedir una posible victoria del Partido Demócrata—.