El Sindicato de Trabajadores del Refino, mayoritario en las refinerías de España, convoca un paro estatal justo cuando la crisis del estrecho de Ormuz ha disparado los precios en Galicia hasta máximos no vistos en mucho tiempo.
Esta desconfianza interna acaba traduciéndose en una menor implicación, una menor capacidad de innovación y, en definitiva, en una pérdida progresiva de competitividad que no se corrige con balances a corto plazo. Además, no podemos obviar el impacto directo en la seguridad y la salud laboral.
La disponibilidad no puede ser obligación, sino un acuerdo voluntario y compensado; la implicación no puede sustituir a la retribución justa ni a la estabilidad laboral; y el respeto al tiempo personal es una condición de salud y dignidad, no un privilegio. Los empresarios que realmente creen en el talento deberían entender que el compromiso nace del respeto, no del miedo.
Y es violencia, una de las más extendidas, callar cuando se presencia un comportamiento que degrada, intimida o somete. La realidad más preocupante es que, pese a décadas de pedagogía y sensibilización, observamos un repunte de actitudes machistas entre las generaciones más jóvenes.