La disponibilidad no puede ser obligación, sino un acuerdo voluntario y compensado; la implicación no puede sustituir a la retribución justa ni a la estabilidad laboral; y el respeto al tiempo personal es una condición de salud y dignidad, no un privilegio. Los empresarios que realmente creen en el talento deberían entender que el compromiso nace del respeto, no del miedo.
Y es violencia, una de las más extendidas, callar cuando se presencia un comportamiento que degrada, intimida o somete. La realidad más preocupante es que, pese a décadas de pedagogía y sensibilización, observamos un repunte de actitudes machistas entre las generaciones más jóvenes.