​El juego de ajedrez de Puigdemont le puede llevar a perder la gran partida

Carmen P. Flores

“Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas”, eso es lo que dice un refrán popular. Una persona ociosa dispone de tiempo suficiente para planificar las maldades que les puede hacer a aquellas personas que no se someten a su rueda de molino.


Con esta percepción, Carles Puigdemont, que goza de todo el tiempo del mundo alejado de Catalunya, no tiene la capacidad de manejar a su “adversario”, precisamente a ERC, el partido que comparte Gobierno con el suyo. No se resigna, ni tiene suficiente con mover los hilos del “President” de la Generalitat y en JxCat, sino que ha puesto en su diana a ERC, que hace ya un tiempo que no comparte ni proyecto ni métodos de actuación y ha puesto tierra de por medio con él.


Puigdemont y torra ep 3 1


Siempre se ha dicho que jugar al ajedrez mejora las habilidades cognitivas y sus estrategias aplicadas también a la política y la economía. En el ajedrez, el principal objetivo es derribar al rey o ponerlo en situación de jaque mate. La destreza lo es todo, por eso cada movimiento debe estar pensado y analizando al detalle la ubicación de las piezas. Se entiende que este juego de “mesa” es lento de procesos y los jugadores deben tener más paciencia que el Santo Job.


El expresidente Puigdemont tiene montada una partida de ajedrez para cargarse a los republicanos, con Junqueras a la cabeza. Las encuestas les siguen otorgando a los republicanos una subida de votos, tanto en las elecciones generales como en unas posibles elecciones autonómicas adelantadas, que podrían también ganar. Eso no lo puede soportar el huido. De ahí las jugadas que ha venido realizando hasta ahora: pactos en la Diputación de Barcelona –donde hay que conservar, sobre todo, el trabajo de su mujer- ha puesto a Torra como peón en la jugada de acoso, ha propiciado que la CUP presente listas a las elecciones del 10-N, cuando siempre habían sido reacios a concurrir y la penúltima gran jugada es la que instrumentalizando de Torra, que ha trasladado al Parlament la respuesta que debe darse tras conocerse -previsiblemente el próximo lunes- el fallo judicial de los políticos presos. En la misma apelan a los grandes consensos del 80% de lo que él denomina democracia y libertad, derechos humanos y derecho a la autodeterminación. Lo ha soltado así de carrerilla y se ha quedado tan pancho. La jugada de meter al Parlament viene completada porque en ese fregado implica también a los Comunes, que van a caer de cuatro patas en el charco, en plena precampaña electoral. Una jugada que Puigdemont quiere que sea redonda. ¿Picarán los diputados de Colau? Es más que probable.


La partida de ajedrez que ha montado Puigdemont con un primer objetivo de cargarse a ERC solo acaba de empezar, porque la política competitiva es percepción, conocimiento del adversario y capacidad de anticiparse a la jugada del adversario, agilidad para el posicionamiento y habilidad en el desplazamiento. Claro que, en el juego, una de las cualidades es la paciencia, cosa de la que carece Puigdemont y las cosas las quiere para ayer. También los peones tienen un papel muy importante en el juego, algunos de ellos están ya demasiados cansados de los movimientos a los que son sometidos, lo que puede inducir a que la gran partida la pierda Puigdemont, porque el que juega con fuego, al final acaba quemándose.



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