¿Calles ‘humanizadas’ o caos urbano? La verdad incómoda sobre la convivencia peatón-tráfico
“Estamos en la calle, delante de nuestros portales.
Tranquila, silenciosa, empedrada… solo para residentes. Los pocos coches que circulan lo hacen a una velocidad limitada a 20Km/h. O eso soñábamos… aquella noche sucedió algo.
Un zumbido como el de una motocicleta eléctrica subiendo la calle (solo lo escuchas porque el resto es silencio).
¿Velocidad? 90Km/h aproximadamente (según la policía)
¿Limitación real? 20Km/h
Sonido del impacto: plástico contra piedra, seco, brusco, rápido… ¡Paaam!
Seguido de un chirrido de un motor eléctrico bloqueando mientras roza con piezas que se han desencajado de algún compartimento: como la cabeza y las dos piernas del conductor.
Mientras tanto, por los barrios “humanizados”, a los vecinos solo nos queda ironizar entre nosotros…
Es un alivio saber que una zona de preferencia peonil, disfruta de la tranquilidad de no tener el cerebro en “modo amenaza” porque en cualquier momento vas a tener que esquivar a una máquina de dos toneladas que va a pasar a tu lado triplicando la velocidad permitida, ocupando el 80% del ancho total de la calle y con un conductor con la mirada fija en el smartphone.
Esta es la prioridad de los políticos que trabajan para mejorar la calidad de vida de las personas: permitir que sus ciudadanos no lleguen tarde a su casa después del trabajo, para aprovechar más tiempo de sofá y a su vez, impedir que puedan visualizar unos minutos más tarde los últimos vídeos de Ti Tok, claramente trascendentes, que mejoran el estado de ansiedad que sufren sus mentes.
Tampoco hay ningún problema con la permisividad de los coches; están diseñados y comercializados para que los usuarios los usen como ansiolítico, no como herramienta. Esto legitima, sin ninguna duda, que la mayoría no entienda la relación entre el pedal del acelerador y la velocidad (algo no muy difícil de asociar en realidad).
Llegados a este punto, no puedes pedirle a los usuarios de vehículos que respeten la velocidad máxima permitida en el centro urbano (limitada a 30Km/h) desde 2021.
Han pasado 5 años desde que se implementaron las limitaciones lógicas para que la convivencia tráfico-peatón disfrute de cierta armonía, y los políticos todavía apelan a la conciencia de los conductores por propia convicción.
Esta es la situación: por un lado tenemos a los fabricantes de coches que no paran de mejorar el efecto Peltzman. Por otro, una población de vehículos con falta de conciencia, que no para de crecer. Creo que no necesitamos a un ingeniero de datos para conocer estas dos variables imprescindibles.
El resultado de esta ecuación tampoco requiere a un Nobel en matemáticas: los responsables políticos de movilidad y tráfico (y la propia alcaldía) están multiplicando exponencialmente las probabilidades de accidentes, situaciones trágicas y muertes por inconsciencia porque no ponen solución a un problema evidente.
Un problema que se puede solucionar con una inversión mínima. Solo hace falta entender cosas como que la “media de velocidad” de un tramo concreto, no es una medida eficiente para determinar si se están respetando las normas lógicas de seguridad, y mucho menos de una convivencia agradable.
Esto no solo sucede en calles limitadas a 30 Km/h, sino en calles específicas de convivencia con el peatón, en nuestro caso en todo el barrio de San Pedro, pero también en Fontiñas y Concheiros.
Los conductores no circulan, compiten por el mejor tiempo para clasificarse para la temporada de rallyes. Pero a diferencia de los pilotos profesionales, estos lo hacen con el teléfono delante.
Esta es la realidad de lo que sucede; “la cultura del coche”. Y para comprender el nivel de preocupación real entre los responsables, es interesante ver qué hacen los políticos en el pleno del ayuntamiento y cómo pasan las horas cuando los están grabando. Denle una vuelta, a ver qué les sugiere eso.
Sabiendo que no podemos depender de la conciencia de los conductores, no es tan difícil entender que solo nos queda recurrir a peraltes suficientemente disuasorios como para evitar conductas peligrosas.
Si los políticos no se atreven a instalar radares de control por impopularidad, que instalen badenes, pero los que hagan falta. Al final, lo que vive el conductor, es miedo. Por ejemplo, miedo a que le multen, y miedo a romper el coche.
¿Van a hacer algo de una vez o van a esperar a que algún periodista les pregunte si son ustedes responsables directos de la muerte de personas en situaciones trágicas y de largo sufrimiento?
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