Impactos económicos y vulnerabilidades del COVID-19

Fernando González Laxe

Catedrático de Economía Aplicada por la Universidade da Coruña (UDC). Expresidente de la Xunta de Galicia (1985-90), exsenador de las Cortes Generales y exparlamentario del Parlamento de Galicia. 

Se dice que el mundo podría recuperar su rutina anterior a la crisis del COVID-19 bien entrado el 2021. Cuáles serán, entonces, los efectos que ocasiona. Los vamos a centrar en varios apuntes.

La pandemia afecta tanto a la oferta como a la demanda. A la primera la disloca, en la medida que los cierres suspenden de raíz el suministro de bienes comerciales y las compras en muchos segmentos, afectando directamente a las cadenas globales de valor. Ello tendrá consecuencias sobre la actividad económica a lo largo del primer semestre de este año. Por otro lado, al estar confinados en los hogares se reduce la demanda de muchos bienes con lo que las compras se desploman. Y, lógicamente, las empresas se ven afectadas.


Se registra, asimismo, una pérdida muy abultada de la riqueza financiera. Es probable que muchos hogares y empresas se queden pronto sin dinero; lo que les hace depender de los ahorros líquidos. En otros supuestos, es difícil paliar la situación al estar muy endeudados. Aquí, el problema radica en las situaciones que se derivan en los supuestos en que las personas se negaran a vender a empresas que consideran potencialmente en quiebra, a menos que puedan pagar por adelantado. Igualmente, es fácil pensar que surjan dudas sobre el sistema financiero y su comportamiento, a la luz de lo acontecido en 2008. No está en cuestión la solvencia, sino la liquidez y sus procedimientos


La experiencia de las anteriores recesiones hace pensar que los bancos centrales han de poder garantizar la liquidez, manteniendo bajos los costes de financiación y financiando el suministro del crédito, tanto directamente como indirectamente. De ahí, la rapidez y la lentitud de unos y otros.


Los efectos son, pues, globales; y ningún gobierno por si solo podría hacer frente a ello. Pero, también es cierto, que las soluciones responden, en un primer término, más a criterios y recomendaciones nacionales que globales. Europa no ha estado a la altura de sus responsabilidades. Solo el BCE, aunque tarde, ha reaccionado para abordar los efectos de esta pandemia con su “bazuca económico”, cifrado en 750 millones de euros.


Los escudos ante esta pandemia son de tres tipos: de índole médico-sanitario; de ámbito 

empresarial; y de orden social. Cada uno de ellos contempla multitud de casuísticas y excepcionalidades, tal y como hemos visto con las recientes disposiciones del Gobierno de España y de la Xunta de Galicia. Pero, hay unos asertos que hemos aprendido de las situaciones anteriores: hay que tomárselo en serio porque es un gran desafío nacional y global; y, en consecuencia, en periodo de guerra contra un virus y de excepcionalidad temporal, los gobiernos deben gastar sin contención, movilizando los recursos necesarios para prevenir un desastre, por lo que las límites del déficit y deuda dejarán de ser un tabú económico y político. Es decir, no caer, de nuevo, en la trampa de la austeridad y del rigor contable.


Los objetivos son varios: a) frenar la propagación; b) estirar los periodos de control de la población a lo largo de los meses; c) ganar tiempo para descubrir una vacuna; d) evitar el colapso sanitario para que puedan ser atendidos los más posibles afectados.

Mientras tanto, nuestra misión será poder garantizar, al mismo tiempo, el cierre de la vida pública con que el Estado siga funcionando; que los suministros sigan asegurados; y preservar el máximo de la actividad económica como sea posible, reduciendo al mínimo el riesgo de las personas.


No cabe duda que los efectos van a ser elevados. Ya se empiezan a estimar escenarios prospectivos. Por ejemplo, la consultora Oliver Wyman describe tres: el primero que la epidemia dura entre 3-4 meses; el segundo que tenga una vigencia de entre seis meses y un año; y el tercero que se pueda extender más de un año. Por su parte, la firma IHS Markit pronostica una caída del 1,5% del PIB real de la zona euro para el año 2020, antes de iniciar la recuperación en el año 2021. Y, el banco alemán, Deutsche Bank, cifra un panorama más desolador, al vaticinar que el PIB de la zona euro podría contraerse cerca del 24% en el segundo semestre del año. Frente a estas cifras pesimistas, Goldman Sachs augura, para después de la crisis, un fuerte rebote en el año 2021, en donde pronostica un alza del 4,3% para el PIB español, muy por encima de las anteriores previsiones macro-económicas elaboradas por el Gobierno, que las cifraba en el 1,7%.


En suma, cuidaros y mucha paciencia. Cuando hablo de paciencia, ¿habrá que incluirla como un valor mensurable dentro del PIB?



Articulo publicado inicialmente en la web del Eixo Atlántico

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