​El Celta se jugará la permanencia ante el colista en la cuerda floja y sin red

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El desastroso papel del Celta ayer en Balaídos ante el Levante deja a los de Óscar García con todos los deberes por hacer en la última jornada.


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Es difícil clasificar una temporada como la del Celta de Vigo. Y es todavía más difícil hacerlo cuando este quipo parece haber acostumbrado a propios y extraños a vivir en el alambre. Después de un curso tan desastroso como el del año pasado, el Celta de Vigo vuelve a doblar la apuesta y se jugará la salvación en la última jornada. El Espanyol, el peor equipo de la categoría, será su juez, mientras que el Leganés, que se llevó una soberbia victoria de San Mamés, tiene su aliento ya en la nuca de los celestes.


EL FUNAMBULISMO CELESTE

Este equipo, el mismo que goleó al Alavés, que sobrevivió en Anoeta y que hizo hincar la rodilla al Barça, es también el que se fue goleado de Mallorca, el que no pudo con el Betis y el que ayer, con un hombre más casi toda la segunda parte, perdió ante el Levante. Este Celta tan irregular, capaz de lo mejor y lo peor, llegará a su última cita sin Rafinha ni Nolito, con el más difícil todavía, y sin su guardameta titular. Es más, lo hará también sin su guardameta suplente. Todo pasará por los guantes de un Iván Villar que ha encajado cinco tantos en dos partidos.


En frente del Celta estarán unos periquitos hundidos y que ayer tampoco presentaron mucha batalla ante un Valencia en horas bajas. Por lo que pueda pasar, a los vigueses les conviene pensar que solo les vale ganar, ya que así no tienen que estar pendientes de lo que ocurra en Butarque, donde el Lega se mide a un Real Madrid resacoso y con el estómago lleno después de conquistar la Liga.


Las cuentas son claras: si el Leganés pierde, el Celta se mantiene ocurra lo que ocurra; si el Lega empata, el Celta también se salva haga lo que haga, pero si los madrileños, que no han perdido en sus últimos cuatro duelos, vencen al equipo merengue -el cuál, por las relaciones existentes entre los dos clubes, no tiene un particular interés en ver descendidos a sus vecinos, al Celta solo le queda ganar, ya que ni el empate los salva.


90 minutos y una bala en el tambor. Eso es todo lo que le queda de vida al Celta si no quiere caer a las fauces de una Segunda División que la última vez tardó varios años en escupir al Celta, un equipo que a punto estuvo de descender a los infiernos de la Segunda B, donde nadie sabe si hubiese sobrevivido. Luego vinieron años gloriosos donde el sueño Europa estuvo más cerca que nunca. Ahora la realidad es otra. Es la vida del funambulista. 

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