José Molares, autor de la polémica estatua de enfermeros en Lugo: "Un homenaje que hice enfermo de covid; solo podía salir bien"

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La escultura en homenaje a los profesionales de la enfermería inaugurada en Lugo el pasado viernes ha despertado muchas reacciones entre los sanitarios y curiosos que se acercan a admirar la última de las piezas del artista gallego José Molares.


Galiciapress charla con el escultor vigués, autor de otras obras como la estatua en honor a Julio Verne de Vigo o el busto a Carvalho Calero de Santiago de Compostela, para conocer los entresijos de esta pieza con tantas interpretaciones.


De una composición inicial con dos figuras hasta los estudios necesarios para mantenerla erguida, Molares cuenta cómo fue el proceso y cómo la pandemia y el confinamiento han influido en su arte.


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José Molares junto a su obra | Foto: @josemolares


Si hay una lección que debemos sacar de esta crisis sanitaria, es la labor inconmensurable que hacen los profesionales sanitarios día tras día. Desde el primer médico hasta el último de los limpiadores, pasando por los celadores, conductores de ambulancia o enfermeros que componen el delicado engranaje de la sanidad pública o las residencias para mayores. Con motivo del año 'Año internacional de la Enfermería' designado por la OMS en 2020, el Colegio de Enfermería de Lugo, con la colaboración institucional del Concello lucense y la Diputaciónprovincial, quiso realizar un homenaje a todos los profesionales de enfermería que con tanto ahínco combatieron y siguen batallando contra la pandemia. Los promotores de este reconocimiento tenían claro que el hombre al que tenían que llamar era el escultor José Molares, un artista de Vigo que tal vez no relacionen por su nombre, pero sí por sus obras, como la escultura a Julio Verne en Vigo o el 'Paseo de los peces' en Bouzas.


Ante la responsabilidad de honrar al colectivo, Molares inició un proceso creativo que culminó el pasado viernes con la inauguración de la obra tras más de un año de bocetos, pruebas, cálculos y conversaciones con profesionales de la enfermería que le trasladaron sus vivencias y las “palabras clave” que debían plasmarse en este homenaje. Aspectos como la dedicación, el cuidado, el sacrificio... Todo eso acaba permeando sobre el espectador, especialmente sobre los enfermeros y enfermeras que se acercan a la obra.


Claro que, como sensibilidades hay miles, cada uno ha dado su propia interpretación a una escultura sin tronco: que si los enfermeros se vacían por sus pacientes, que en la sanidad pública te sacan hasta las entrañas, que es un trabajo para el que mejor no tener estómago... Otros dicen no entenderla o se limitan a puntualizar que no les gusta. Molares sin embargo celebra la “buena acogida” que está teniendo la escultura, que en un primer boceto no se parecía al resultado final.


“Me dejaron libertad para presentar varios proyectos y pensamos en hacer enfermera y paciente, pero el presupuesto se recortó y optamos por una única figura”, señala. “¿Por qué está rota en la parte inferior? En la escultura a veces no hace falta contarlo todo. Hay que dejar cosas para que el espectador interprete y complete en su cabeza la pieza”, incide. En esa línea, subraya que su objetivo era “representar los valores de la enfermería”, algo que sí parece trasladarnos la composición.


Es una enfermera sobre el mundo: con una mano lo protege mientras tiende la otra, ofreciéndola a la gente”, explica. Con todo, en un primer momento valoró otras alternativas, como que la mano no estuviese apoyada sobre una esfera, sino sobre un coronavirus. No obstante, pronto desterró esa idea. “No quería vincularlo a un momento puntual, quería que trascendiese a la pandemia con el trabajo constante que realiza el colectivo”, recalca.


Durante el proceso Molares se encontró con “gente maravillosa” que no hicieron más que reafirmar su conocimiento sobre un oficio “tan entregado, dedicado, que me despierta una gran admiración”. “La obra salió del corazón. Además, la hice enfermo de Covid-19, de modo que solo podia salir bien”, comenta risueño. Por fortuna, aunque se contagió en un viaje a Madrid, Molares estuvo “asintomático” y el coronavirus no le impidió trabajar en su obra durante su convalecencia.


MÁS DE UN AÑO DE TRABAJO

“El colectivo de enfermeras y enfermeros contacta conmigo para explorar la posibilidad de hacer la escultura luego de ver la escultura a Carvalho Calero en la Alameda de Santiago de Compostela”, recuerda Molares. En este sentido, la referencia y conexión entre las dos obras es clara, ya que ambas son esculturas etéreas con una base muy pequeña, por lo que el espectador tiene la sensación de que la figura está en equilibrio y que en cualquier momento puede venirse abajo. Pero no hay de qué alarmarse, porque los cálculos y pruebas realizadas garantizan que la obra se mantenga tan firme como los profesionales a los que homenajea.


Los estudios de esfuerzo de la pieza y resolver estructuralmente todos los problemas que puedan plantearse. “Tiene una barra de acero inoxidable de gran groso que atraviesa la mano y el brazo para penetrar en la piedra. Si a alguien se le ocurre colgarse de la estatua no se vendrá abajo”, concluye. Todos estos trabajos de diseño, modelado primero a pequeña escala, pruebas con fibra de vidrio... Al final se traducen en más de un año de esfuerzos hasta tener la obra completa en la Praza de Ferrol.


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Inauguración de la obra | Foto: @COELugo


“TENGO IDEAS EN LA CABEZA QUE VAN CRECIENDO Y TIENEN QUE SALIR”

Como no podía ser de otra forma, la pandemia y el confinamiento afectaron al trabajo del escultor, que afirma que en ese tiempo trabajó “más que nunca” con proyectos que desarrolló en el estudio que tiene en su domicilio. “Eso sí: a las ocho lo dejaba todo para salir a aplaudir a los sanitarios”, rememora. También sorprendió a principio de este año con sus duendes en Nigrán, que rompen un poco con sus obras más realistas. Cuestionado sobre si son un ejercicio de abstracción en estos momentos tan caóticos, Molares admite que “puede ser”, pero que sobre todo son “pruebas”.


“Tengo ideas en la cabeza que van creciendo y tienen que salir. Y salieron de esta forma. Son trabajos que no son definitivos, pero que pueden ser la puerta abierta a algo más. Es una escultura de transición hacia algo que tengo que hacer, aunque todavía no sé el qué”. Evidencia así que en el genio de este vigués desbordan las ocurrencias.


Tampoco fue esta su primer acercamiento al mundo de los cuidados desde el plano artístico. Este mismo mes inauguró en Vigo su obra 'Siempre Benéfica', al lado de la Estación Marítima, en recuerdo de todos los vigueses que auxiliaron a los soldados procedentes de la Guerra de Cuba. De aquel desastre del 98 salió este conjunto escultórico, echo para ver y para tocar, y una pieza “muy importante” para Molares, que conecta con la obra descubierta el pasado viernes en ese sentido del auxilio y el esfuerzo desinteresado que transmiten las dos composiciones. “Parece que son casualidades, pero unas cosas nos llevan a otras, porque son relaciones humanas que son bonitas de representar”, sostiene.


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Escultura 'Siempre Benéfica' | Foto: Autoridad Portuaria de Vigo


Pese a todo, y a la vista de los datos cada vez menos alentadores que deja la pandemia en esta evidente sexta ola -si bien España cuenta con guarismos mucho mejores que los que arrojan otros países de Europa-, la obra del artista gallego parece reforzar la idea de que esto no ha acabado y que la crisis sigue pasando factura. “Está aquí para quedarse. Habrá picos o planicies, pero ha cambiado muchas cosas. Yo por ejemplo soy una persona muy afectiva, a la que le gustan los besos, los abrazos... Pero habrá que acostumbrarse. Quién nos iba a decir que nos íbamos a ver en esta situación”, reconoce.


Con o sin pandemia, lo cierto es que este ha sido un año muy prolífico para Molares en lo profesional, que recientemente ha sido reconocido en el 56 Premio Reina Sofía de la Asociación Española de Pintores y Escultores -y no es la primera vez-, además de recibir un premio en el 275 aniversario del nacimiento de Goya con una obra recordando al pintor madrileño. Los trabajos y propuestas no han dejado de llegarle y ahora se encuentra con varios proyectos entre manos, algunos “bonitos e importantes” pero de carácter privado. “Proyectos siempre hay. Sigo presentado piezas a concurso en Madrid, Barcelona... Yo no paro”, zanja el artista.   


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