Socialdemocracia busca partido

Luis Gulín Iglesias

La socialdemocracia hoy en día significa que tú, como ciudadano, no sufras miedo existencial, que no te sientas humillado por las circunstancias indignantes de tu vida, que no te torture la envidia y la inseguridad. 


La socialdemocracia tiene que ser sinónimo de progreso, de promover una convivencia solidaria en nuestra sociedad y buscar un futuro ecológico. La oportunidad de escalar en la sociedad por vía de la educación, de tener un trabajo o una vida profesional que te llene vitalmente, que permita desarrollarte personalmente en todos los ámbitos del proceso de tu vida, sea en la cultura, en el deporte o en la participación ciudadana en la vida pública, todo eso significa socialdemocracia. 


¿Qué partido político tiene el deber defenderla?. ¿Aquel que tiene sus orígenes y raíces en las clases llamadas populares? ¿Ese que solo defiende sus intereses y mantener el status quo de toda la vida? ¿O uno que se transforme con el tiempo y que tiene como objetivo ganar más adeptos a su causa y está más comprometido con el futuro político que con el origen social?. Hoy en día politólogos, sociólogos y antropólogos confirman y constatan que ya no existe el militante o simpatizante clásico socialdemócrata y que los partidos a nivel europeo no se percataron o no quisieron ver los cambios. Agarrarse a la melancolía del pasado pasa factura a la socialdemocracia, sino que se lo pregunten en España a Izquierda Unida.


La erosión dentro del electorado clásico socialista o socialdemócrata, según una editorial del semanario alemán DER SPIEGEL, se está viendo ya en Centroeuropa, donde la llamada clase obrera o trabajadora vota a partidos populistas de derecha o extrema derecha. ¿Por qué? Simplemente porque esas formaciones políticas explotan el miedo de perder el puesto del trabajo y su bienestar social por la inmigración masiva a las puertas de los países económicamente mejor situados, y por lo tanto, la supuesta discriminación positiva en el mercado laboral y en las ayudas sociales para los refugiados en detrimento de la clase obrera autóctona.


Los partidos originarios de la ideología socialdemocracia a nivel europeo se complicaron mucho la vida, en especial, como analizaron los especialistas, con sus arcaicas estructuras de organización. 


Si la socialdemocracia quiere revitalizarse hay que eliminar dentro de las organizaciones políticas el nepotismo interno y las carreras exclusivamente político-profesionales, similares a los ascensos en el ejército, donde los mas activos se ocupan de la gestión, los más eruditos redactan informes y memorias y los más ambiciosos se abren paso en las asambleas locales. Estar solo para repartir rosas y pegar carteles tampoco es muy atractivo para las nuevas generaciones y por supuesto hay que abrir las puertas a los nuevos profesionales. 


Porque la socialdemocracia tiene que ser otra vez la casa de todos, que no solo defiende los intereses programáticos políticos, sino los valores y las esperanzas de todos los interesados, sean aquellos que necesitan de protección y ayuda, pasando por los autónomos, los funcionarios o los empresarios con perspectivas y horizontes socialdemócratas. Todos deben ser la nueva vanguardia que aporte sus conocimientos para combatir el desorden económico global, defender el derecho al asilo para los más necesitados en este planeta, luchar contra la hegemonía de la industria del consumo y que se avergüence de que coexistan al lado de rascacielos que albergan empresas y bancos, las escuelas, los hospitales y otros servicios públicos casi en estado de precario. 


Es difícil y complicado, pero las políticas socialdemócratas tienen que adaptarse a los nuevos tiempos porque sino los partidos de corte socialdemócrata se convierten en partidos sin fuego, que predican pero sin calor y que socorren a los pobres pero sin buscarlos.

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