​El algoritmo de inventar cosas

Ángel Piñeiro

Nacido en Santiago de Compostela en 1973. Realizó su licenciatura en Física y su doctorado en Física Aplicada en la Universidad Compostelana. Fue Profesor Asociado durante 6 años en la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó un postdoctorado en la Universidad de Groningen y fue investigador visitante en la Universidad de Southampton y en el Instituto Laue-Langevin (Grenoble). Es autor de numerosas publicaciones internacionales dedicadas principalmente al desarrollo de modelos y simulación computacional de interacciones entre moléculas. Es también socio fundador de las spin-off de la USC “Sofware 4 Science Developments S. L.” y “MDUSe Innovations S.L.”.Actualmente es Profesor del Departamento de Física Aplicada de la USC y colabora activamente con las spin-off de las cuales es promotor. Aficionado a las nuevas tecnologías, a la ciencia ficción y al running.

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Hay quien cree que es capaz de inventar cosas que todavía no existen, gente que desborda ideas para solucionar cualquier problema que se les plantee. Algunas de estas personas materializan sus ideas, o tratan de hacerlo, aunque la mayoría se quedan en las palabras o no llegan ni a expresarse.


Hay también quien dice que todo está inventado y que no es posible hacer nada realmente nuevo. Inventar cosas suele resultar muy atractivo tanto por la satisfacción personal de hacer algo que nadie hizo antes, y que otros lo utilicen, como por la posibilidad de ganar dinero con la explotación de la invención en primicia… pero ¿qué es inventar? ¿Es fácil inventar? ¿Es de verdad posible inventar, o al menos concebir, algo realmente nuevo? ¿Se puede proponer una metodología para inventar cosas de manera sistemática? Supongamos que existe tal metodología, ¿cómo se hace para averiguarla? El objetivo de las siguientes líneas consistirá en responder a estas preguntas.


Empecemos entonces por el principio. Independientemente de la definición técnica oficial, asumamos que inventar consiste en proponer un objeto y su uso de manera que la combinación de ambos no existía previamente. Expandamos el significado de “objeto” para incluir tanto objetos físicos de cualquier tamaño (partículas subatómicas, átomos, moléculas, objetos macroscópicos, o incluso astronómicos) como objetos virtuales (sólo perceptibles a través del uso de hardware) o incluso propiedades intangibles no virtuales (olores, colores, sonidos, sabores, etc). Esta definición es tan general, que no se me ocurre nada que no se ajuste a ella.


Vamos ahora a aplicar el método científico para tratar de deducir una metodología que nos permita inventar cosas. La aplicación del método científico para resolver un problema consiste en plantear una hipótesis, confrontarla con la realidad y verificar si es compatible con ella. En el caso de que no sea así hay que refinar la hipótesis hasta que el resultado sea satisfactorio.


Debemos entonces observar inventos reconocibles y proponer una hipótesis que nos permita llegar a ellos a partir de otras cosas conocidas antes de su existencia. Una vez que tengamos esa hipótesis habrá que ver si con ella en la mano somos capaces de explicar la invención de otros objetos diferentes a los que utilizamos para plantearla e incluso para proponer inventos nuevos. Si somos capaces de realizar este ejercicio no nos habremos limitado a inventar una cosa específica, sino que habremos desarrollado una receta que nos permitirá inventar muchas otras cosas que ahora mismo no existen.


Es tan tentador abandonar este texto en este punto para leer propuestas de potenciales lectores como continuarlo pero ante la posibilidad real de que pocos lectores motivados lleguen a estas líneas, y menos todavía se animen a expresarse, creo que es mejor continuar con el ejercicio, sin descartar que alguien más acepte el reto y logre un algoritmo de inventar cosas mejor que el que a mí se me pueda ocurrir.


Empecemos entonces con ejemplos de cosas conocidas por todo el mundo. Tengo sobre mi mesa un chupa-chup, un taco de post-it, un smartphone y un vaso (con agua). La hipótesis que planteo para explicar la invención de estos objetos es la de “unión”: une un palito con un caramelo y tendrás un chupa chup; une “pegamento” con papel y tendrás un post-it; y si unes un teléfono con una cámara de fotos y con un ordenador tendrás un smartphone.


A su vez, cada uno de los objetos que se unen para formar los demás se pueden explicar como la unión de otros más elementales hasta llegar a sustancias u objetos que de alguna manera se encuentran en la naturaleza. Entonces uniendo cosas conocidas que en principio no tienen nada que ver podemos inventar otras cosas nuevas. ¿Con esta hipótesis podemos explicar cualquier invento? Y lo que es más interesante: ¿Nos sirve para inventar cosas que todavía no existen?


Si así fuese podríamos escoger grupos de palabras aleatorias y materializando el concepto que surge de su unión tendríamos un nuevo invento. Probablemente ni el post-it ni el chupa-chup ni el smartphone surgieron de esa manera porque los objetos que se unieron para dar lugar a esos inventos no fueron escogidos de manera aleatoria pero eso no quiere decir que no se hubiera podido llegar igualmente a ellos de esta manera por lo que la realidad del origen de estos objetos no invalida la hipótesis de que el concepto de “unión” sirva para inventar cualquier cosa.


Vale la pena jugar con esa hipótesis para ver si con ella podemos generar algo nuevo. Hagamos cruces. Tenemos las palabras papel, pegamento, palo, caramelo, teléfono, cámara de fotos y ordenador. Si combinamos palo con cámara de fotos tenemos uno de los inventos que más ridículo me pareció la primera vez que supe de su existencia pero que, visto su éxito a nivel mundial quizá sea una genialidad en lugar de una ridiculez: el famoso palo de selfies.


¿Podemos hacer más cruces entre estas palabras para inventar cosas nuevas? Es seguro que sí y con el escarmiento del palo de selfies ya no me atrevo a descartar más cosas por ridículas que me parezcan. ¿Así fue como inventaron el vino azul ese del que ahora hablan tanto? ¿Salieron las palabras “vino” y “azul”, probaron a hacerlo y vieron que resultaba? Desde luego el concepto de “unión” funciona en la cocina porque cocinar es un arte basado en mezclar cosas (mis disculpas por anticipado si esta definición minimalista ofende a alguien).


La hipótesis de “unión” explica el post-it (pegamento + papel), el chupa-chup, la fregona y muchos otros inventos… ¡pero no todos! No olvidé el vaso con agua. Creo que la hipótesis de “unión” no explica claramente el invento del vaso. Siguiendo el método científico, deberíamos refinar la hipótesis. Aunque no creo que la invención del vaso esté descrita, parece claro que es la evolución de recipientes naturales (hojas de plantas, trozos de madera o de piedra) que en algún momento los humanos utilizaron para recoger agua. Introduzcamos entonces el término de “extrapolación” para describir el origen de los inventos copiados de alguna manera de la naturaleza o de cosas que ya existían anteriormente, a los que se hace mejoras o incluso rediseños completos para optimizar el uso que se le daba a los objetos originales.


Con la hipótesis de extrapolación también podríamos explicar la invención de muchas plataformas informáticas, sistemas operativos y redes sociales. Conceptos que ya existen en la realidad se trasladan o extrapolan a una plataforma virtual y tienen un alcance mucho mayor. ¿Qué es Facebook más que la extrapolación de una reunión de amigos compartiendo fotos? Con las hipótesis de unión y extrapolación podemos abarcar muchos más inventos pero para hacer nuestro modelo más robusto vamos a incluir también la hipótesis de “adaptación”, que incluiría la posibilidad de utilizar un mismo objeto para usos diferentes (necesitamos esto para cubrir totalmente la definición general que dimos para el término inventar).


Personalmente no se me ocurre algo que no encaje en una de estas tres hipótesis o en la combinación de ellas. La ropa con la que nos vestimos es una extrapolación de la piel de los animales, las ondas electromagnéticas existen de manera natural en la naturaleza y nosotros las adaptamos para enviar y recibir información, entre otros muchos usos, y unimos cosas continuamente para generar objetos nuevos. Los principios de unir, adaptar y extrapolar se utilizan continuamente en investigación y en ingeniería para dar lugar a nuevos materiales, modelos o dispositivos pero quizá si cualquier persona sin formación especializada los utiliza de manera consciente probablemente sea posible sacarles partido de manera masiva.


Por otro lado creo que la utilización práctica de los conceptos de unión, adaptación y extrapolación, además de interesantes, pueden ser muy divertidos. Desde luego puede pasarse un buen rato proponiendo nuevos usos para algo que ya existe, aunque sea modificándolo sustancialmente, extrapolando un objeto, rediseñándolo completamente para optimizar el uso que se le da y uniendo cosas que en principio no tienen nada que ver entre ellas para dar lugar a un invento original. ¿Quién juega?

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