Ganó Pablo... Echenique

Manuel Fernando González Iglesias

Echeniquevistalegre


Cuando a un Secretario de Organización se le deja organizar el Congreso de su partido, sea éste de "la casta" o de "los indignados", este siniestro sujeto siempre acaba torciendo la mano a aquel que representa la oposición al poder que el secretario en cuestión ostenta. Y si resulta que ese político sabe que una pelea a dos sirve a sus intereses particulares, para recuperar el tiempo perdido en el anterior Vistalegre I, más claro... agua.


Así ha sido y así, por consiguiente, ha sucedido en el Vistalegre II en el que dos amigos decidieron jugarse su carrera política, y el tercero en discordia, digan lo que digan, se ha llevado el premio gordo, escenificado en un segundo lugar en los votos, pero también con estómagos agradecidos que ha logrado colocar dentro de comité de Gobierno, que ya veremos en el futuro a quien obedecen políticamente.


La jugada ha sido maestra y ha pasado casi desapercibida en un momento en que todo el ruido de la gloria es para el "gran líder" Pablo... Iglesias que, como hiciera Felipe González, basó su campaña en el "o me votáis a mí... o me voy". Y como ya pasara en el PSOE cuando los socialistas abandonaron el marxismo para quedarse con el felipismo, también la formación morada ha dejado la transversalidad, o sea la moderación, para entregarse al pablismo, más chavista que Maduro, pero menos mayoritaria que la formación del líder bolivariano.


Si ayer, en medio de tanto grito de unidad, hubiéramos escuchado con atención al caradura de Monedero, quizás hubiéramos entendido lo que va a pasar a partir de ahora. "Errejón ya no puede ser el número dos de Podemos, lo ha de ser el Secretario de organización", o sea, Pablo... Echenique. Sí señor, el verdadero alquimista de este congreso para indignados.


Pablo Echenique Robba, "El rosarino", no solo ha vuelto de entre los muertos políticos el día en que Iglesias le fue a buscar al destierro aragonés al que le había enviado con la ayuda de Errejón, sino que, de forma silenciosa y letal, ha logrado colocarse en una posición privilegiada, desde la cual puede, en caso de una nueva crisis, salvar Podemos, mientras los otros acaban por inmolarse tras la purga que, antes o después, va a producirse y en la que a él, precisamente, se le espera, como el brazo ejecutor.


¿Y Rajoy? Encantado con los resultados. Ha hecho un buen Congreso, moviendo pocas sillas, salvo la de Cospedal, a la que ha dejado sin competencias, y ahora espera a que Podemos se radicalice para que los socialistas hagan las primarias del miedo y, tras ello, el país entre en la vía del pacto. La única posible en un mundo en el que la ultraderecha vuelve para intentar imponer la ley de Trump: la del dinero y las armas. ¡Vaya fin de semana! Menos mal que todavía nos queda el Mediterráneo de Joan Manuel Serrat, sonando fuerte y solidario en la montaña mágica de Montjuic señalándole al mundo por donde ir si no quiere perder su propia dignidad.

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