Semana Santa en Galicia: el tesoro escondido de nuestros pasos
Entre el dramatismo del barroco popular y la precisión de maestros como José Rivas, los pasos de las procesiones gallegas esconden una historia de fe, repoblación y arte de "quilates" que sobrevive en villas y parroquias.
La Semana Santa gallega encuentra sus principales polos de atracción en localidades como Viveiro y Ferrol, ambas declaradas de Interés Turístico Internacional. Aunque otras muestras de estas fechas están muy bien representadas en Santiago de Compostela, Mondoñedo, Cangas y Fisterra. Sin embargo, al acto procesional y al interés o atractivo turístico que pueden tener estos días no hay que olvidar que, detrás de las diferentes figuras que componen las procesiones, existe un valor artístico detrás de estos pasos. Dicho interés varía según la época en que fueron materializadas cada una de estas figuras. De esta forma, las piezas más antiguas, del siglo XVII y XVIII, destacan por su naturalismo y función devocional, la imaginería del siglo XX introdujo una renovación estética que hoy define la monumentalidad de los desfiles modernos.
El predominio del “Barroco Popular”
Según explica el sacerdote Antonio Rúa, licenciado en Historia del Arte y estudioso de las imágenes en la diócesis Mondoñedo-Ferrol, el estilo que predomina en los principales pasos de Galicia es el barroco popular. No se trata necesariamente de obras de grandes nombres de la escultura española de la época, sino de imágenes del siglo XVII "muy bien hechas" que han sido conservadas con celo en lugares como Mondoñedo.
Las características fundamentales de este estilo son los rasgos acusados con facciones marcadas. Se busca con ello transmitir emoción. Se usa una policromía intensa, vibrante que busca resaltar el realismo e incidir en el dramatismo que busca conmover a los fieles a través del sufrimiento representado por las esculturas.
Aunque Galicia no contó con una escuela de grandes escultores de pasos durante el Barroco, Rúa destaca la figura de José Rivas, un escultor de la transición del siglo XIX al XX. José Rivas es considerado "de lo mejor que hay" en la imaginería gallega que, además de ser un creador prolífico de tipos iconográficos, fue autor de grandes pasos en Viveiro y de un impresionante Cristo de tamaño natural en Cedeira.
Imaginería de taller
Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, la mayoría de los pasos gallegos eran considerados imágenes de taller, casi de "segunda categoría". Mientras que talleres punteros como el de Gambino y Ferreiro en Santiago se centraban en la retablística e imágenes de culto para altares, los pasos procesionales solían encargarse a escultores menos renombrados.
Aún así, la importancia de la imaginería gallega se divide en dos realidades. Para empezar tenemos las piezas históricas, muchas de altísima calidad, como el Cristo yacente tallado por Gregorio Fernández en Monforte de Lemos (siglo XVII), que no procesiona por estar en clausura, o un Cristo del mismo autor en Santiago.
La segunda realidad está en el auge del siglo XX. Aquí encontramos la relevancia de nombres propios llega con la transición al siglo XX. Además del mencionado José Rivas, el taller de Asorey (quien trabajó en las Rías Baixas y terminó sus días en Viveiro) aportó obras de "bastantes quilates" al patrimonio procesional.
Imágenes articuladas y piezas de fuera
Una de las particularidades más fascinantes de la Semana Santa gallega, especialmente impulsada por las órdenes franciscanas, es el uso de imágenes articuladas para teatralizar la Pasión.
Rúa destaca ejemplos notables de esta "maquillería" religiosa. El primero es el Nazareno de Ribadeo: Una pieza que da la bendición gracias a un resorte en las manos.
Además, tenemos a los Cristos del Desenclavo, imágenes con brazos móviles (en ocasiones tallas góticas o barrocas reformadas) que permiten representar el descendimiento de la cruz. Esta ceremonia, muy popular en aldeas como Santo Tomé de Lourenzá, incluía una representación teatral donde se retiraban los clavos y la corona de espinas ante el pueblo.
Aunque Galicia mantiene su tradición de barroco popular, las procesiones actuales han incorporado piezas de diversas procedencias. Muchas vienen del sur, sobre todo de Andalucía y Levante, desde donde han llegado muchas figuras para pasos como "El Huerto de los Olivos" o "Judas".
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