Aspas lidera un triunfo histórico del Celta en Salónica y Balaídos decidirá el pase a octavos
El Celta de Vigo dio un paso de gigante hacia los octavos de final de la Europa League al imponerse 1-2 al PAOK en el Toumba Stadium, uno de los campos más temidos e inexpugnables de Europa en el último año, en un duelo marcado por la magia de Iago Aspas y por dos acciones de fuera de juego que mantienen abierta la eliminatoria de cara a la vuelta en Vigo.
El conjunto celeste firmó una primera parte casi perfecta en Salónica, donde llevaba más de un año sin ganar ningún visitante, y convirtió un escenario volcánico en un territorio con acento gallego. Los de Claudio Giráldez salieron con personalidad, se hicieron dueños de las mejores ocasiones y apenas concedieron llegadas a un PAOK desbordado por el ritmo vigués.
Aspas, que regresaba al once en Europa, abrió el marcador pasada la media hora tras una acción de enorme calidad de Miguel Román, que le habilitó con un taconazo dentro del área para que el capitán celeste colocase el balón lejos del alcance de Tsiftsis con el interior del pie, confirmando su condición de referente absoluto del celtismo europeo.
Swedberg amplía la renta antes del descanso
El gol no anestesió al Celta, que mantuvo la presión alta y siguió encontrando espacios en la zaga griega, muy superada en ese tramo por la circulación de los vigueses, especialmente por el costado derecho. En una nueva jugada elaborada, Aspas recibió en banda, puso un centro raso al corazón del área y Williot Swedberg, que ya había tenido dos ocasiones claras, empujó el balón para establecer el 0-2 y consolidar la superioridad gallega antes del descanso.
En ese primer acto, el Celta se mostró más vertical y eficaz, firmando seis remates por ninguno del PAOK, y se marchó a vestuarios con una ventaja que pudo ser todavía mayor, dejando la sensación de que el Toumba, invicto durante todo 2025, había perdido parte de su aura de fortaleza.
Del 0-3 anulado al 1-2 válido
Tras el descanso, el guion cambió y el PAOK dio un paso adelante, aprovechando cierto repliegue del Celta y las dificultades del césped, ya señaladas por el vestuario vigués en la previa, para colgar balones y buscar segundas jugadas. Jeremejeff avisó de cabeza y el equipo griego comenzó a encadenar llegadas a través de centros de Zivkovic y Taylor, mientras los gallegos intentaban amenazar a la contra con las carreras de Carreira, Hugo Álvarez y Fer López.
En una transición rápida, Hugo Álvarez obligó a intervenir a Tsiftsis y, tras un rechace que se encaminaba a gol, Ferrán Jutglà empujó el balón casi sobre la línea para firmar un 0-3 que parecía sentenciar la eliminatoria, pero el VAR señaló un fuera de juego milimétrico del delantero catalán y el tanto fue anulado, dejando dudas en la grada visitante.
Apenas unos instantes después, llegó la jugada que reenganchó al PAOK a la eliminatoria: un centro de Zivkovic al área terminó en una volea de Jeremejeff que sorprendió a Radu y se convirtió en el 1-2, también revisado por el VAR por posible fuera de juego y finalmente concedido, lo que alimentó la polémica entre la expedición celeste al considerar las dos decisiones contradictorias por márgenes de pocos centímetros.
En los últimos minutos, el conjunto griego rozó el empate con un disparo de Zivkovic al lateral de la red, mientras que el Celta desaprovechó alguna ocasión para recuperar los dos goles de renta y terminó defendiendo en bloque bajo hasta el pitido final.
La expedición viguesa ha evitado pronunciarse públicamente en términos duros sobre el arbitraje más allá de subrayar la importancia del resultado y la necesidad de cerrar la eliminatoria en casa, mientras desde Salónica se valora que el PAOK “siga vivo” tras haber estado cerca de encajar una goleada. De momento, la única certeza es que Balaídos, donde el Celta ya derrotó esta temporada al equipo griego por 3-1 en la fase de grupos, dictará sentencia dentro de una semana en una noche que puede marcar un nuevo hito europeo para el fútbol olívico.
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