Al Celta le faltó experiencia en noches europeas para remontar al Friburgo...pero ya llegarán
El conjunto celeste sacó al campo un equipo inexperimentado en grandes citas, pero que va en la dirección correcta.
"Que la gente crea, porque tiene con qué creer". La frase de Marcelo Gallardo a sus jugadores de River Plate tras caer ante el Gremio en semis de la Copa Libertadores fue el mantra más repetido durante una semana en Vigo, donde los incondicionales del Celta buscaban la misma gesta que el cuadro Millonario, capaz de remontar a los brasileños y alzarse con la Copa ante Boca Juniors en una final legendaria en 2018. Así, yodos los creyentes se reunieron en la tarde de ayer en Balaídos esperando ver una gran remontada de su equipo, uno de esos partidos que se imprime directamente en las páginas más doradas de la historia de un club. Nada más lejos de la realidad: el Celta no solo no estuvo cerca de remontar, sino que se volvió a mostrar como un equipo infinitamente inferior al Friburgo tanto en pegada como en control de los tempos del partido. Antes de la hora de juego, un latigazo memorable de Matanovic y dos picotazos de Suzuki enterraron cualquier esperanza de la parroquia celtiña.
El equipo de Giráldez, que ya protagonizó una gran eliminatoria en octavos dejando en la carrera a un candidato al título como el Olympique de Lyon (que había ganado la liguilla de la Europa League) o previamente siendo el primer español que le gana al PAOK en su casa en toda la historia, no pudo contra unos germanos más hechos a esta clase de noches europeas. Algo que no viene dado, que hay que ganarse temporada a temporada, y que el Celta solo está comenzando a labrar.
LA EXPERIENCIA MARCÓ LA DIFERENCIA
Ya advertimos en cuando se conoció el cruce que las distancias, al menos en lo programático, no son tan grandes entre Celta y Friburgo: dos equipos con una clara filosofía de cantera, con entrenadores jóvenes que apuestan por un fútbol dinámico y atractivo y con una plantilla capaz de aunar a futbolistas veteranos (Grifo/Aspas; Günter/Marcos Alonso) con jóvenes talentos (Manzambi y Fer López, por ejemplo).
No obstante, mientras que el Celta llegaba a unos cuartos de final en Europa por primera vez en nueve temporadas, las que tardó en volver a clasificarse a un torneo continental, en ese mismo periodo de tiempo el Friburgo ha estado presente en cuatro ediciones de la Europa League (seis en lo que va se siglo entre el nuevo formato y la antigua Copa de la UEFA), incluyendo la de este curso 25/26. Con pasos firmes pero seguros tras una primera experiencia en la 17/18 en la que se quedaron a las puertas de la liguilla, el Friburgo llegó en dos ocasiones a octavos de final, cayendo ante Juventus y West Ham, y este año rompieron su techo superando a Genk y Celta para alcanzar una semi en la que espera el Braga.

Günter, Ginter, Eggestein, Grifo, Höler, Atubolo, Makengo, Höfler, Philipp, Lienhart o Kübler son algunos de los futbolistas que estuvieron en aquellos octavos de final ante el West Ham en la 23/24 y también el año anterior contra la Juve en la 22/23. En estos años el Friburgo ha sabido mantener la espina dorsal del equipo, acumulando experiencia en partidos importantes y consiguiendo repetir éxitos en la tabla de la Bundesliga, y reforzarse con nuevos talentos para dar un salto de calidad que los ha catapultado a las semifinales.
EN EL CAMINO CORRECTO
El Celta, no obstante, no solo ha tardado casi una década en volver a Europa, sino que de la eliminatoria contra el Manchester United solo sobreviven en la plantilla un Iago Aspas de 38 años (39 el 1 de agosto) e Iván Villar, eterno suplente en la portería celtiña. La otra diferencia es que el Celta en los últimos años ha tenido que desprenderse de algunas de sus joyas, desde Gabri Veiga hasta Douvikas o Strand Larsen, pasando por el propio Fer López, para sobrevivir y crecer, mientras que el Friburgo nunca ha pasado esos apuros y solo ha vendido cuando la oferta resultaba irrechazable, nunca por necesidad.
La diferencia está en que gente como Javi Rodríguez, Javi Rueda, Radu, Hugo Álvarez, Carreira, Yoel Lago, El Abdellaoui o Fer López, pese a su indudable calidad, no habían debutado en Europa hasta esta temporada, mientras que otros como Mingueza o Ilaix contaban con participaciones esporádicas. Solo Vecino, Borja Iglesias y Marcos Alonso habían disputado hasta este año más de tres ediciones de un torneo de las dimensiones de la Europa League o superior.
A los jugadores del Celta le faltaron todas esas experiencias adquiridas con el paso de los años, con la regularidad y la constancia. Obrar un milagro como el que buscaban ayer puede darse, pero es más fácil cuando ya conoces el terreno y cuando ya lo has intentado en otras ocasiones, aprendiendo de los errores de los tropiezos de los que has sabido levantarte. En ese camino de abrir una senda a machetazos se está instalando Giráldez.
Si este año el Celta logra regresar a Europa, ya se habrá acostumbrado a la sensación de jugar dos veces por semana, a los esfuerzos de jueves y domingo, tomando buena nota de lo adquirido en este primer asalto en el Viejo Continente. El siguiente reto es ser los suficientemente sostenible como para no tener que vender a sus mejores jugadores cada verano y que en los mercados de fichajes los aficionados vivan más pendientes de las llegadas para reforzar al equipo que de las posibles salidas que pueden debilitar el proyecto.
La gestión de las dos últimas campañas es buena y la viabilidad de los olívicos no está ni mucho menos comprometida. La hoja de ruta establecida por Giráldez apunta al norte y sus pupilos la están siguiendo con paso decidido. El primero en derribar el muro siempre sangra, pero es necesario para crecer. Al Celta le faltan más noches europeas en su haber...pero van a llegar. Que el celtismo crea, porque tiene con qué creer.
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