Cuando se necesita a las masas desfavorecidas para adoctrinarlas ideológicamente

Gustavo Olmedo Portela

Nacido en Pontevedra en 1964. Trabajador sanitario en el SERGAS.  Portavoz del Colectivo de Celadores del Área Sanitaria Pontevedra/Salnes. Expresidente provincial de organizaciones juveniles de centroderecha, siendo el primer cargo orgánico como presidente local de Nuevas Generaciones de Pontevedra en los años 80. Ex candidato por el CDS.


Los individuos resentidos utilizan a los débiles y vulnerables para defender sus propias posiciones radicales. A menudo lo hacen insultando y faltando al respeto a aquellos que, en una situación socioeconómica distinta, no piensan como ellos. El objetivo es adoctrinar con su ideología radical a la parte más frágil de la sociedad para, en última instancia, lapidar las posiciones moderadas. Estas últimas —ya sean de izquierda o de derecha, con sus distintos matices— son las que han gobernado mayoritariamente en los países occidentales y democráticos; sistemas que, a pesar de haber convivido con injusticias y desigualdades, consiguieron las mejoras en la calidad de vida de las que actualmente disfrutamos los europeos, aun con los defectos propios del sistema y la compleja situación geopolítica actual.

 

Lo que está muy claro hoy en día es que las naciones con mayor desarrollo económico, cultural y menores desigualdades son las occidentales. Por el contrario, los sistemas políticos excesivamente ideologizados y carentes de libertades solo conllevan pobreza y el exilio de una parte importante de su población (curiosamente, nunca de sus dirigentes ni de sus partidarios). Estos últimos utilizan consignas consabidas como un viejo instrumento de propaganda, nada novedoso, donde el individuo radical bebe de su único caladero disponible, utilizando la justicia social como recurso para reafirmarse a sí mismo.

 

No hay por qué tener una postura política determinada, pero es evidente que los países con una democracia plena fomentan sociedades más participativas y plurales. China es un caso atípico: carece de libertades al ser una autocracia, pero posee una economía de mercado de corte occidental que podría, en un futuro cercano, dar el sorpasso a los Estados Unidos.

 

Las posiciones radicales siempre existirán, pero son minoritarias, ya que la mayoría de la población busca bienestar dentro de sistemas políticos estables. No es una cuestión de ideología, sino de supervivencia; los exilios masivos de ciudadanos que huyen de países sin libertades son un claro ejemplo. Una cifra lo dice todo: en el área metropolitana de Miami-Fort Lauderdale, en Florida, viven entre 900.000 y un millón de cubanos.

 

Modelos como la Corea del Norte de Kim Jong-un o la Nicaragua de Daniel Ortega muestran un populismo engañoso dirigido a estructuras sociales débiles donde el trabajo gregario es la norma. De este populismo también se nutre Donald Trump (demostrando que hay para todos los sectores) en una sociedad como la estadounidense, muy distinta a las anteriores. Trump utilizó al americano medio blanco, que percibe la inmigración como una amenaza, obteniendo el apoyo electoral necesario para llegar a la Casa Blanca, con todas las consecuencias que eso ha traído a nivel geopolítico.

 

A menudo, las personas con posiciones radicales o populistas alimentan lo contrario de lo que dicen perseguir. En lugar de justicia social, fomentan el odio y el resentimiento, incluso entre las clases populares que dicen defender. Las políticas sociales —donde sindicatos, ecologistas y ONG juegan un papel fundamental— son el mejor camino a seguir en la defensa de los desfavorecidos, siempre que se alejen de los radicalismos. Es vital que los ciudadanos no se sientan engañados ni utilizados por quienes buscan volcar sus frustraciones ideológicas en la población más vulnerable. Estas organizaciones deben defender los derechos de los necesitados de forma clara, pero sin los resentimientos ideológicos que, históricamente, siempre han acabado en conflictos sociales o guerras, como ocurrió en Europa durante el siglo XX.

 

Cualquier tipo de ideología debe ser una elección individual y nunca una imposición mediante el adoctrinamiento, venga de donde venga.

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