Nacido en Pontevedra en 1964. Trabajador sanitario en el SERGAS. Portavoz del Colectivo de Celadores del Área Sanitaria Pontevedra/Salnes. Expresidente provincial de organizaciones juveniles de centroderecha, siendo el primer cargo orgánico como presidente local de Nuevas Generaciones de Pontevedra en los años 80. Ex candidato por el CDS.
Entiendo que, desde una posición netamente política y populista, el alcalde de Vigo, Abel Caballero, defienda el aeropuerto de Peinador, pero las cifras no le acompañan por su tamaño. Él lo sabe, es inteligente, pero, de cara a su parroquia, tiene que hacer todo lo contrario de lo que los datos desmienten una y otra vez en su enérgica defensa de un aeropuerto que hay que situar geográficamente, en términos de viabilidad, en Galicia, y no solo en la ciudad de Vigo.
La realidad de la demanda de los tres aeropuertos gallegos es la de una comunidad con unos flujos importantes de pasajeros y de turistas en aumento, pero a la vez estacionales en épocas de temporada alta, lo que conlleva potenciar una macroestructura, como es el aeropuerto de Santiago, que debe ser, por lógica y no por centralismo, la terminal principal de Galicia. Desde un punto de vista localista, se entiende la postura del alcalde olívico, pero, con cifras en la mano, su legítima defensa viguesa no beneficia en nada al conjunto de Galicia.
Se construyó una gran infraestructura en Santiago como aeropuerto central de la comunidad autónoma, con una inversión de 230 millones de euros. Las otras dos terminales, de Alvedro y Peinador, no deberían operar de forma estacional, condicionadas por un zigzag crónico en el volumen de pasajeros, ni en función de las ayudas de la administración pública, ya que ello supondría cuestionar la viabilidad de las dos instalaciones aeroportuarias, por mucho que las defiendan sus alcaldes con sus intereses partidistas y no con datos técnicos en la mano. Las dos instalaciones citadas deberían operar bajo una demanda de tráfico aéreo realista y sin competir con el aeropuerto central de la comunidad, en Santiago. La especialización de las terminales de A Coruña y de Vigo es la clave para entender la demanda actual aeroportuaria del conjunto de la región gallega, pequeña para tres terminales de pasajeros, a pesar del importante incremento de turistas en el caso de las Rías Baixas, que llegan a nuestra tierra a través de otras vías de comunicación, como las autovías, los cruceros turísticos o el AVE, apuesta en la que la administración del Estado está invirtiendo de forma considerable.
Tres ciudades, tres aeropuertos, tres universidades y tres localismos que en nada benefician al conjunto de Galicia, por no haberse planteado todo ello desde sus inicios con informes técnicos y serios. Los alcaldes son un obstáculo, al utilizar un dinero público que es de todos los gallegos para unos aeródromos en los que solo uno debe ser la terminal principal de pasajeros y los otros dos, especializados y complementarios entre sí, según dictaminan los expertos, los organismos competentes y Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), entidad que prevé invertir en el periodo 2027-2031 unos 200 millones de euros en las tres infraestructuras gallegas.
Sirva de ejemplo, aunque a la inversa, que la ciudad de Pontevedra terminó comprendiendo con el tiempo la descentralización administrativa provincial hacia la ciudad de Vigo para acercar la administración al administrado, ya que había una demanda, sin perjuicio para la capital provincial, aunque esto ya daría para otro artículo. Lo que no se puede es forzar la viabilidad de dos terminales a costa del aeropuerto de Lavacolla/Rosalía de Castro, después de la inversión millonaria que en su día se realizó en él con el fin de que fuera la terminal principal de Galicia, como siempre lo fue.
Según datos publicados, los tres aeropuertos gallegos cerrarían el año 2024 con casi seis millones de pasajeros, siendo el que más crece el aeropuerto de Lavacolla/Rosalía de Castro, según datos publicados por El Economista, mientras que el aeropuerto de Oporto (Sá Carneiro) superaría en el mismo año los 16 millones, más del doble que las tres terminales gallegas juntas. Hay que añadir que la citada ciudad es el núcleo industrial y económico del norte de Portugal, lo que deja muy claro que la actual política aeroportuaria solo está favoreciendo a la terminal lusa, que es la que tiene más tráfico aéreo del noroeste peninsular.
Y, paradójicamente, quizá esa sería la solución actual, algo que solo cambiará cuando acaben los localismos de los tres regidores, que no tienen nada que decir cuando se trata de hablar de la viabilidad de unas infraestructuras en las que AENA, los organismos competentes estatales y los técnicos tienen la última palabra, y deben explicar a la ciudadanía, de manera pedagógica, técnica y clara, que la actual división en tres terminales en lo que respecta al tráfico aéreo de pasajeros no es ni competitiva ni viable. En la especialización está la posible solución. Según esta última afirmación, en Galicia todo el mundo sería localista, menos, como es lógico, Abel Caballero.
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