(GALERÍA) Día 1 después de un incendio forestal en Galicia: “Cuando toda esta ceniza llegue al mar…”

El más grande de los declarados en este octavo mes del año es el de Cures, que afectó a 2.200 hectáreas en la Serra do Barbanza y que precisó más de una semana para extinguirse. Galiciapress viaja, cámara en mano, al corazón del incendio en uno de los parajes afectados, el de las Piscinas Naturais do Río Pedras, en A Pobra do Caramiñal. Una de las joyas naturales de la comarca, que tardará mucho tiempo en recuperarse del daño medioambiental sufrido.


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Galicia vive un verano negro, cercada por el fuego y el humo. A un julio de espanto, se suma un agosto que en sus primeros 15 días cuenta las hectáreas arrasadas por miles. 8.100 para ser exactos, según las estimaciones.

 

El más grande de los declarados en este octavo mes del año es el de Cures, que afectó a 2.200 hectáreas en la Serra do Barbanza y que precisó más de una semana para extinguirse.

 

Galiciapress viaja, cámara en mano, al corazón del incendio en uno de los parajes afectados, el de las Piscinas Naturais do Río Pedras, en A Pobra do Caramiñal. Una de las joyas naturales de la comarca, que tardará mucho tiempo en recuperarse del daño medioambiental sufrido.

 

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Piscinas naturales en agosto de 2021 en la primera foto; en agosto de 2022, tras los incendios, en la segunda | Foto: Galiciapress

 

Hace un año las Piscinas Naturais del Río Pedras recibían, como cada día, a decenas, incluso cientos de turistas deseosos de darse un chapuzón en un paraje único en Galicia. Rebosantes de vida, desde algunas de las pozas se puede contemplar la belleza de la Ría de Arousa, rodeados de naturaleza, con los eucaliptos, pinos o carballos que cubren la ladera de la Serra do Barbanza. Hoy, esa ruta transitada por senderistas está negra, consecuencia del incendio de Cures que, si bien se declaró en Boiro, saltó a A Pobra do Caramiñal y Ribeira, afectando a diversos puntos de la montaña barbanzana, entre ellos, este lugar tan especial.

 

El incendio se declaró el 4 de agosto y, según las primeras pesquisas, todo fue consecuencia de un fuego en una chimenea. La sequía, las altas temperaturas y el estado de los montes provocaron que el fuego se extendiese sin control durante días, calcinando un terreno de unas 2.200 hectáreas. Es, por delante del de Laza -con 2.100 hectáreas arrasadas y extinguido este mismo miércoles- el incendio más grande registrado en Galicia en este mes de agosto. No fue hasta el 12 de agosto que la Xunta oficializó su extinción.

 

Tras un julio incendiario, agosto no se ha quedado corto, con 8.100 hectáreas afectadas en sus primeras dos semanas. El fuego ha obligado a desalojar casas, negocios y ha devorado tesoros de la naturaleza gallega, como el declarado en las Fragas do Eume el pasado 9 de agosto o el que afectó al Parque Natural do Invernadeiro en Vilariño de Conso, y joyas de nuestro patrimonio, como el templo de Santa Ana en Oimbra.

 

“NO PARECE EL MISMO SITIO”

El escenario que dejan los incendios un día después de su extinción es descorazonador. A donde mire uno, la estampa es catastrófica: la ceniza lo cubre todo, la negrura es absoluta, apenas unos pocos árboles resisten en pie, aunque quemados y desnudos al perder las hojas… “Es horroroso, qué terrible”, comentan los vecinos que se adentran por las rutas de senderismo que llevan hasta las piscinas naturales.

 

A los pocos metros del recorrido ya encontramos las primeras sorpresas, con dos focos bien diferenciados y recientes. Se trata de los fuegos declarados de forma consecutiva los días 7 y 8 de agosto, cuando en el resto de la Serra se daba por controlado el incendio. Son los más cercanos al núcleo de població de la Aldea Vella. 

 

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Terreno quemado entre los días 7 y 8 de agosto | Foto: Galiciapress

 

Se trata de parcelas de terreno en las que, por su situación, los incendios parecen haber sido intencionados, aunque debe ser la investigación de las autoridades gallegas las que determine los motivos de esos fuegos, declarados en ambos casos en torno a las 16 horas del domingo y el lunes. 

 

Caminando por el sendero hay que evitar tocar las rocas ennegrecidas por la quema y sorteando los troncos y ramas caídas. En algunos puntos, el camino hizo de cortafuegos, pero en su mayoría el incendio se llevó por delante la falda de la montaña. Justo ante la Ponte Romana el terreno calcinado parece detenerse. 

 

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Ponte Romana de las Piscinas Naturais | Foto: Galiciapress

 

No corrió la misma suerte los restos del convento franciscano de San Xoan da Misarela. Las ruinas de la edificación fueron pasto de las llamas, así como algunas pozas como ‘El pozo’ o ‘Las tuberías’. 

 

 

Avanzamos hasta ‘Las resbaladizas’, unas piscinas de difícil acceso y no tan conocidas, salvo por los vecinos de la zona. Todo el recorrido fue asediado el fuego durante días. Es difícil avanzar con firmeza, ya que el terreno y las piedras resbalan, por lo que hay que ser especialmente cauteloso.

 

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Piscinas naturales en agosto de 2021 en la primera foto; en agosto de 2022, tras los incendios, en la segunda | Foto: Galiciapress

 

Una vez en la poza, la postal no era como uno la recordaba. “No parece la misma”, “Parece más pequeña” o “Esto verde era lo más hermoso de A Pobra” son algunos comentarios inevitables que se escuchan al asomarse al territorio, hoy carbonizado.

 

 

LA GENTE DEL MAR MIRA A LA MONTAÑA 

El daño ecológico y medioambiental es incuantificable. A los árboles y la flora abrasada hay que sumar todos los animales que perecieron en el incendio, desde insectos hasta aves, pasando por caballos salvajes o ganado. Los animales supervivientes se quedan sin su ecosistema, lo que los obliga a desplazarse a otras zonas en busca de alimento o a entornos urbanos, con el riesgo que ello supone. 

 

Sin embargo, la preocupación va más allá, al medio – largo plazo. “O carallo será cando esto chegue á ría”, comenta un vecino, vinculado al sector del mar. Es cierto, las lluvias de las últimas horas ya están contribuyendo a esto. El agua con la ceniza llega hasta los manantiales y arroyos, y desciende hasta los ríos que alimentan la Ría de Arousa. Es el caso del Pedras, cuyas aguas van a parar directamente a la ría de la que viven miles de familias.

 

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Piscinas de 'As resbaladizas' | Foto: Galiciapress

 

Mariscadores, bateeiros, percebeiros y el sector conservero en general mira con preocupación al cielo, ya que las cenizas pueden provocar una muy mala campaña. Muchos recuerdan lo ocurrido en el verano de 2006 o en otoño de 2017, durante la última gran ola de incendios. Solo en la Ría de Vigo se vertieron más de 60.000 toneladas de ceniza, según algunas informaciones. 

 

La muerte de muchos ejemplares por la ceniza contribuye de forma decidida al empobrecimiento de la ría, esquilmada ya desde hace tiempo. Esto, en un contexto de inflación, de escasez de recursos -la ola de calor y las condiciones climáticas también afectan a la producción de marisco- y de demanda al alza de productos como el marisco en temporadas como Navidad, puede provocar desabastecimiento y encarecimiento del poco producto que pueda llegar a las lonjas. 

 

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Un joven carballo que sobrevivió a las llamas | Foto: Galiciapress

 

Los recursos hídricos de la contorna son una preocupación, como también lo son los corrimientos e inundaciones que pueden darse en el suelo quemado si llegan lluvias copiosas. Ya hay programadas reuniones entre los sectores del mar y Medio Rural para los próximos días con el objetivo de abordar el problema y buscar soluciones. 

 

El fuego también elimina muchos de los minerales naturales del suelo, lo que dificulta la regeneración del terreno. La clave para muchos es la reforestación, pero sobre todo la prevención para evitar que el verano que viene vuelva a ocurrir lo mismo. Es cierto que lo ocurrido en Galicia no es una situación aislada, ya que estamos viendo como los grandes incendios destruyen otros lugares de España, pero también otros países. Europa vive la peor ola de incendios desde que hay registros. El día 1 después de los incendios ha empezado, con muchas incógnitas todavía por despejar y el futuro, como nuestros montes, está muy negro. 

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