Coral, Valeria y Lucan son los tres primeros gallegos nacidos en 2026
La demografía en Galicia se caracteriza en la última década por un fuerte envejecimiento, una natalidad muy baja y un reciente cambio de tendencia gracias al auge de la inmigración y del retorno de gallegos del exterior.
Coral Conde Cid es la primera bebé nacida en Galicia este 2026 y es ourensana.
Según ha informado el Sergas, el nacimiento tuvo lugar en el Complexo Hospitalario Universitario de Ourense a las 00.00 horas. Coral pesó 2.900 kilos y es hija de Iria Andrea Cid y de Yago Conde.
La segunda gallega en nacer en Año Nuevo fue Valeria, que lo hizo en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo a las 00,38 horas. Es hija de Purificación y Julián, y llegó al mundo pesando 3,880 kilos.
Por último, el tercer nacimiento de Galicia fue el de Lucan Mikiel a las 00.49 horas, hijo de Gilsa Pereira. Su madre dio a luz en el Hospital Público de A Mariña y el bebé pesó 3.300 kilos.
Galicia es hoy una de las comunidades más envejecidas de España, solo por detrás de Asturias según los últimos datos del INE, con más de una cuarta parte de la población por encima de los 65 años. El índice de envejecimiento ha pasado de 168 mayores de 64 años por cada 100 menores de 16 en 2003 a más de 218 en 2023, y supera los 300 en provincias como Ourense.
En casi dos tercios de los concellos gallegos, las personas de edad avanzada ya representan más del 30% de la población, con municipios donde los mayores superan incluso la mitad del censo, sobre todo en el interior ourensano. Esta realidad se concentra especialmente en el medio rural, mientras las áreas urbanas de A Coruña, Vigo o Santiago resisten mejor la pérdida de habitantes.
Rural en retroceso, ciudades al alza
La pérdida estructural de población golpea sobre todo al rural gallego, donde la combinación de envejecimiento, baja natalidad y emigración juvenil está dejando parroquias y aldeas muy despobladas. En cambio, las grandes y medianas ciudades —con la excepción de Ourense— han ganado habitantes en los últimos años, concentrando cada vez más población y servicios.
Esta dualidad se traduce en una Galicia a varias velocidades: un interior envejecido y que pierde vecinos, frente a un eje atlántico que mantiene cierta dinamismo demográfico gracias al empleo, la universidad y la llegada de población de fuera. Los expertos apuntan que esta brecha territorial obliga a replantear la planificación de servicios públicos, transporte y atención social en la comunidad.
Natalidad en mínimos históricos
Uno de los motores de la evolución demográfica reciente es la caída de la natalidad, en línea con la tendencia general de España, que registra mínimos históricos de nacimientos y una fecundidad muy baja. En Galicia, las cifras del movimiento natural de población recogen desde hace años más defunciones que nacimientos, lo que genera un crecimiento vegetativo negativo.
La esperanza de vida, en cambio, se sitúa entre las más altas de Europa, en torno a los 83 años, lo que refuerza el peso de las personas mayores y alarga el tiempo de permanencia en edad de jubilación. Esta combinación de baja fecundidad y alta longevidad explica buena parte del desequilibrio generacional que condiciona las políticas de sanidad, pensiones y cuidados en Galicia.
La inmigración cambia el signo
En paralelo, la comunidad ha vivido un giro importante en los últimos años gracias a un fuerte saldo migratorio positivo, que ha permitido frenar el descenso demográfico e incluso recuperar población. Según datos oficiales, Galicia logró en 2024 un saldo migratorio favorable de más de 30.000 personas y suma alrededor de 83.300 residentes netos más en solo tres años, la mejor cifra de su historia reciente.
Este flujo procede tanto de migraciones exteriores, con decenas de miles de personas llegadas de otros países, como de movimientos internos desde otras comunidades autónomas, además del retorno de gallegos del exterior. Las autoridades autonómicas destacan estas cifras como “extraordinariamente positivas” y las vinculan a sus políticas de retorno y captación de población, mientras que desde sectores sociales y académicos se subraya que el reto es traducir este impulso en estabilidad laboral, vivienda asequible y servicios públicos suficientes para quienes llegan.
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