¿Quién cerró el candado para que Amador se ahogara encadenado en el puerto de Ribeira?
Cruel ajuste de cuentas o extraño suicidio. Estas son las dos hipótesis que se barajan para solventar un suceso que ha conmocionado a todo O Barbanza.
A las siete de la mañana del martes, cuando la marea estaba baja, un transeúnte que caminaba junto a la dársena de Ribeira descubrió entre el casco de un pesquero y una escalera del muelle un cuerpo semisumergido. Lo que vio a continuación transformó la conmoción inicial en algo más oscuro: el cadáver estaba sujeto al peldaño por una cadena que cerraba un candado. Quien alertó de lo ocurrido despertó a una persona que pernoctaba en la embarcación —el pequeño pesquero Os tres de sempre, que sus armadores, ya jubilados, tienen en venta— y juntos llamaron a los servicios de emergencias.
El fallecido es Amador Mos Orellán, natural de Ribeira aunque vivía en la localidad de Xuño, en el municipio de O Porto do Son. Tenía 43 años. Llevaba consigo documentación personal y un teléfono móvil, dos elementos que los investigadores ya han empezado a analizar en busca de pistas sobre sus últimas horas.
Hasta el puerto se desplazaron efectivos de la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Policía Científica, además de los bomberos del parque de Ribeira. La Policía Nacional asumió la dirección del caso. La zona fue acordonada de inmediato.
Una lancha de la Cruz Roja trasladó a los bomberos junto al punto exacto donde estaba el cuerpo; con una cizalla cortaron la cadena y condujeron el cadáver hasta la rampa del puerto. Después se producía el levantamiento judicial para el traslado al Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga), donde se le practicará la autopsia que deberá aclarar la causa y las circunstancias de la muerte.
Mientras tanto, agentes de la Policía Nacional comenzaron las pesquisas incluso antes de que el cuerpo fuera sacado del agua, interrogando a personas de la zona.
«No es una muerte natural», confima la Policía
El delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco, descartó públicamente que se trate de un fallecimiento natural y señaló que los indicios apuntan hacia un suceso violento, si bien subrayó que habrá que esperar a los resultados de la investigación y de la autopsia para determinar exactamente qué ocurrió. «Vamos a dejar trabajar a la policía y, por lo tanto, en las próximas horas podremos darles más información al respecto», añadió.
La pregunta que centra toda la investigación es, en apariencia, sencilla: ¿quién cerró el candado? Si lo cerró el propio Amador, la hipótesis de un extraño suicidio gana peso. Si lo cerró otra persona, se estaría ante un homicidio muy cruel. Los investigadores trabajan con ambas posibilidades abiertas y manejan también la pista de un posible ajuste de cuentas, vinculada a la ubicación del hallazgo: justo detrás de la escalera se encuentran los departamentos de usuarios del puerto, cuyo pasillo interior lleva tiempo siendo denunciado como lugar habitual de pernocta de personas en situación de exclusión.
Cámaras inoperativas
La sede de Portos de Galicia está a apenas unos metros del punto donde fue hallado el cadáver. Sus cámaras de seguridad enfocan hacia esa zona... pero llevan años sin funcionar. Su testimonio electrónico, que podría haber resultado decisivo, no existe. Los investigadores deberán reconstruir la noche sin ese apoyo.
Según indicó El Correo, Amador era usuario de los Servizos Sociais de O Porto do Son, recibía desde hacía tiempo asistencia integral debido a su delicada situación de salud.
La autopsia del Imelga, el contenido del teléfono móvil y las pesquisas policiales en curso son, por ahora, los tres pilares sobre los que descansa la esperanza de resolver un caso muy truculento.
Cadáver encadenado aparece flotando en el puerto de Ribeira
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